<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237</id><updated>2012-01-13T21:05:23.942Z</updated><category term='Biomechanical Toy'/><category term='Relatos'/><category term='El Verdugo'/><category term='El Sueño del Trovador'/><category term='Terror en la Sombra'/><category term='Noticias'/><category term='El Príncipe en su Trono'/><category term='ilustraciones'/><category term='El Conde Torquemada'/><category term='La Ventana'/><category term='La Despedida'/><category term='La Mirada en el Espejo'/><category term='La Última Huella'/><category term='El Sauce Llorón'/><category term='El Visitante'/><category term='El Más Rápido'/><category term='Quizás Mañana'/><category term='Poesía'/><category term='La Caja'/><category term='Reflexiones'/><title type='text'>Entre Líneas</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>72</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-7089551659459123387</id><published>2009-01-14T14:53:00.002Z</published><updated>2009-01-14T14:56:26.668Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El Sauce Llorón'/><title type='text'>El Sauce Llorón</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Capítulo 1&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Era la luz del verano, el orgullo del bosque, el más hermoso sauce que jamás hubiese nadie contemplado. Ni hombres, ni hadas, ni elfos, enanos, duendes o animales, ninguna criatura había presenciado nunca una hermosura igual en un árbol joven como él. Y el sauce lo sabía. Se paseaba orgulloso entre los demás árboles, miraba por encima del hombro a los achaparrados matorrales, irguiéndose con orgullo con tal de lucir mejor sus esbeltas ramas cargadas de serenas y dulces hojas verdes; las agitaba con experta maestría, gustaba de mirarse en cuantas charcas, pozos o lagos encontraba, suspiraba, en fin, admirado de sí mismo. En verdad era un maravilloso sauce.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;No tenía mal corazón, era joven y presumido, sólo eso. Charlaba animadamente con todas las criaturas, acompañaba alegremente a los viajeros del bosque, evitaba discretamente a los hombres y se afanaba por crecer cada año aún más alto y robusto que el anterior. El viento amigo solía regalarle la brisa más suave. ¡Oh! ¡Con qué placer sacudía entonces él su exuberante melena de tierno verdor! Su voz susurraba un canturreo alegre que aquella brisa plácida se complacía en arrastrar hasta la espesura.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Sólo una cosa enturbiaba la feliz existencia de nuestro joven sauce: la llegada del otoño, y tras él el inevitable frío del invierno, cuyo rigor desnudaba sin piedad sus fastuosas ramas. Le dejaba sumido en una acomplejada desnudez que atormentaba su espíritu durante los largos meses de frío intenso.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Por supuesto, no era el único árbol desnudo, pero  a su juicio, perder la larga melena de verdes hojas era como un castigo cuyo objeto no alcanzaba a comprender. Se preguntaba por qué había de ser así, contemplaba la estela de hojas marchitas que dejaba tras de sí en sus cada vez más escasos paseos, hasta que al fin se resignaba a padecer en silencio tan espantoso suplicio. Se consolaba pensando que con la primavera regresaría el viento amigo, la alegría del bosque, y sus ramas volverían a brotar, pletóricas de vida.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;En ese ansiado momento ponía todo su corazón.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Durante las oscuras noches invernales soñaba que el sol arrastraba las hojas muertas, derretía el espeso manto de nieve helada, alejaba el frío, calentaba de nuevo la tierra y la vida cobraba su tributo al bosque dormido.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Las lágrimas que invariablemente vertía en soledad cada vez que arribaba el crudo invierno, le valieron el nombre de Sauce Llorón. Los demás árboles, hayas, robles, acebos, avellanos… todos le observaban sin comprender aquella actitud tan deprimente; le veían encogerse sobre sí mismo, avergonzado, inclinarse peligrosamente sobre la helada superficie de los lagos para contemplarse, como si no soportara estar tan desnudo como los demás… Susurraban entre sí, le criticaban, opinaban unos y otros sobre el presumido Sauce Llorón.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Un invierno de tantos otros el joven árbol, harto de tan denigrante situación, decidió acabar con su penuria. Estimaba, porque la brisa del verano se lo había susurrado al oído, que había otros lugares donde el invierno no se atrevía a entrar, tierras lejanas donde siempre era verano, donde los árboles no se veían obligados a tiritar de frío, desnudos. ¿Y qué pasaría si él se atreviera a viajar, a abandonar el viejo bosque para recorrer mundo en busca de un lugar mejor? ¿Acaso no merecía un árbol joven y hermoso como él encontrar el paraíso?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;No le costó mucho decidirse. Una noche tenebrosa, agitado por un viento del norte árido y cruel, se encontró caminando hacia el sur. A pesar de la violencia de la tempestad que se desató sobre el camino que seguía en medio de la más tenebrosa oscuridad, y a pesar de la lentitud con que se movía, pues estaba en plena hibernación y sus movimientos eran perezosos, cada paso que daba aumentaba su ansiedad por abandonar aquella tierra tan inhóspita. Susurró con determinación, apretadas sus largas ramas contra el tronco plateado; caminó y caminó a través de la ventisca, hasta que dejó el bosque muy atrás, desdibujadas las sombras oscuras de los otros árboles dormidos en una mancha borrosa.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;El amanecer le encontró en medio de un camino poco transitado, cubierto de nieve, agotado y solo. Al despertar observó apesadumbrado que había dejado atrás cuanto conocía. ¿Qué le esperaba si continuaba adelante? El sur… La promesa de una vida mejor, del cálido sol eterno...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Suspiró hondamente.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Entonces vio, no lejos de donde se encontraba, una vieja camioneta. Se asustó, pues temía a los hombres con la sensatez de quien se sabe madera para un buen fuego. Sin embargo, a pesar de su natural miedo, la hilera de esbeltos abetos bien distribuidos en la trasera del vehículo le llamó tanto la atención que no fue capaz de moverse. Todos ellos eran árboles jóvenes, repletas sus fuertes ramas de púas verdes, abetos hermosos recolectados sin duda por alguna razón. El sauce observó que no estaban cortados, sino que habían sido cuidadosamente colocados en grandes recipientes, en cuya tierra se hundían sus raíces. No eran pues, madera para el fuego…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;La curiosidad, junto a la certeza de que el dueño de la camioneta no andaba cerca, por el momento,  provocó en él un inusitado arranque de valentía. No sin precaución se aproximó hasta estar lo suficientemente cerca del grupo de abetos, que sin prestarle atención susurraban alegremente entre sí. El sauce pudo escuchar una conversación como la que sigue:&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Estarás de nuevo en casa de los elfos Aerendiä?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Oh, desde luego! No veo el momento de que me adornen con todas esas maravillosas lucecitas ¡Ah! Espumillones, estrellas, bolas doradas, rojas, ¡plateadas! ¿Existe mayor placer para un abeto como yo?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Te veías hermoso el año pasado, sin duda. Los Aerendiä son generosos en cuanto a los adornos, y por suerte para ti no tienen gato. Yo no tuve tanta suerte. Puede que el año que viene no vuelva al vivero, sino que probablemente me planten en el bosque. ¿No es terrible?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿En el bosque? –exclamó uno de ellos como si semejante posibilidad fuese peor que la muerte– ¡Oh! Válgame el cielo, ¡qué espanto! ¿Qué clase de criaturas harían algo así? ¡Somos abetos de invernadero! ¿Qué sabemos nosotros del bosque? ¡Todo nuestro afán es adornar en invierno!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;El sauce no comprendía de qué hablaban, pero sí se daba cuenta de que la charla tenía que ver con la belleza, los adornos… y si de belleza se trataba, ¿quién mejor que él para intervenir en la conversación?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Carraspeó, al principio con timidez, pero al ver que los abetos se encontraban demasiado ensimismados como para prestarle atención, tosió con energía. El grupo de árboles se volvió hacia él al unísono, tendidas las ramas hacia atrás como muestra de asombro ante la osadía de aquel atrevido sauce del bosque, tan audaz como para interrumpirles. Le miraron de arriba abajo, y al percatarse de su desnudez, no pudieron por menos que soltar un bufido a modo de burla.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Qué es… un árbol del bosque? –preguntó uno conteniendo a duras penas la risa al verle tan desnudo y helado de frío.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Sin duda, es un pobre árbol del bosque. ¡Desde luego no es un abeto! –se rió otro.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Soy un sauce! –exclamó el joven árbol muy enojado. Sentía vergüenza de sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Pues… No deberías entrometerte, ¡ésta es una charla de abetos! Vuelve al bosque y duerme, como deberías, ¿acaso no es eso lo que hacéis los árboles del bosque en invierno?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– No en mi caso. Yo viajo al sur –explicó el sauce con cierto orgullo por su arrojo. Era ciertamente audaz al viajar solo– Éste es mi último invierno.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿El sur? ¿Qué es eso? Nosotros no sabemos nada del sur.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– El sur es… –el sauce dudó. Él tampoco sabía muy bien qué era– ¡Es un lugar! Allí, siempre hace sol, el aire es tibio como una caricia, los árboles jamás están desnudos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Oh! Ya veo… Bueno, míranos a nosotros, nunca estamos desnudos aunque sea invierno, porque somos abetos. No necesitamos ir al sur. Es la ventaja de nacer en un invernadero… ¡o de ser abeto! –rectificó agitado– No sabría bien decir cuál de las dos es la razón…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Cállate! No tienes ni idea, si no estás desnudo es por ser un abeto, no por haber nacido en un invernadero.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Cómo has dicho? –inquirió el sauce al escuchar aquello. Un temblor recorrió la savia que corría por su tronco plateado.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Este petimetre es un abeto, como todos los que estamos en esta camioneta. ¡sólo por eso no se queda desnudo!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Entonces qué pasa conmigo?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Aquel abeto, algo más mayor y experimentado que el resto, le observó con detenimiento.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Qué clase de árbol has dicho que eres?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Un sauce.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Uhm… No sé nada de sauces, pero sí que si acostumbras quedarte desnudo cuando llega el invierno, ése es tu sino. Eres un árbol de hojas caducas, y eso no hay quien lo cambie.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Qué insinúas? ¿Estoy condenado a quedarme así cada invierno?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Hagas lo que hagas –sentenció el abeto muy serio.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Aunque vaya al sur? –lloriqueó el sauce.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Me temo que ir al sur no te evitará perder tus hojas. Ni el sol, ni el calor, nada impedirá que las pierdas por el camino y vuelvan a brotar en primavera. ¡Es la vida! Es más… un árbol como tú no sobreviviría en un clima así. ¡Morirías!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Pero eso… eso… –el sauce no pudo evitar verter algunas lágrimas, por algo le llamaban el Sauce Llorón. Jamás se le hubiese ocurrido algo así. Era una noticia horrible. No podía aceptarla, de ningún modo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Bueno, no te preocupes, ¡a lo mejor nosotros podríamos ayudarte! –soltó de pronto un abeto jovencísimo. El abeto más adulto le propinó un ramazo– ¿¡Qué!? –se quejó frotándose con sus puntiagudas púas– Sólo quería ayudar… ¡Fíjate! El pobre está sufriendo, no soporto ver sufrir a un amigo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Pero es un sauce, no es uno de los nuestros.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Es un árbol, ¿no?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Sí, y no. Además, viene del bosque, no me fío.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Y cómo pensabas ayudarle? –preguntó otro abeto con curiosidad.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Oh! Se me ocurre que, si tanto le importa estar guapo, quizás podría colarse entre nosotros para que le coloquen en alguna casa y adornen sus desnudas ramas…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Pero ¿no ves que es absurdo eso que dices? –exclamaron algunos abetos enojados– ¡Es diferente! ¡Salta a la vista! Si le descubren en la camioneta lo expulsarán, o peor, ¡lo cortarán, o lo arrojarán al fuego!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Le esconderemos entre nosotros! –improvisó el joven abeto con una amplia sonrisa– ¡No le verán! Y se sentirá tan bien con todas esas guirnaldas…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Si no le ven, amigo… –observó otro abeto– ¿Cómo van a colocarle en alguna casa?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Haremos ver que es otro abeto más, ¡nadie se dará cuenta!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Eh, amigos, dejadlo… –dijo el sauce entre sollozos desconsolados– No quiero causaros problemas…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Pero tú quieres lucir guapo! ¿No? –insistió el abeto abriendo mucho los ojos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Soy hermoso! –saltó el sauce muy ofendido– Sólo que ahora no podéis verme como realmente soy… Si me hubieseis conocido en primavera… Todo el bosque me admira, todos sin excepción me conocen por ser el sauce más bello que jamás haya existido…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– En tal caso no sé de qué te avergüenzas. Deberías estar orgulloso.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– En primavera así es, pero ahora… Miradme, vosotros mismos os habéis reído al verme.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Cierto. Uhm…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Subámoslo a la camioneta y veamos qué pasa –sugirió el joven abeto, que simpatizaba enormemente con la causa del desgraciado sauce–. No pierde nada, y quizás pueda pasar el invierno en alguna casa, calentito y cargado de flamantes guirnaldas. Además, el enano Mordekûa está medio ciego, no distingue un palo de escoba de un árbol. ¡Seguro que cogerá el sauce y lo entregará como si de una abeto se tratase!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Puede que así sea, el señor Mordekûa no ve tres en un burro, pero ninguna familia de enanos, elfos, hombres o duendes… aceptará un árbol desnudo para adornar su casa.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Quién sabe, pongámosle el cartel de gratis, quizás alguna familia humilde acepte quedárselo, y en cualquier caso pasará bien el invierno y no le faltarán los adornos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Uhm…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Los abetos empezaron a susurrar entre sí, dejando a un lado al perplejo sauce, quien veía cómo su viaje al sur se esfumaba por completo. No estaba muy conforme con la idea de pasar una temporada en casa de una familia de criaturas extrañas, ni siquiera en la de unos elfos, tan amantes de los árboles. Temía que, sin sus hojas, le confundiesen con un tronco muerto y acabaran por hacerle pedazos y arrojarle a la chimenea. Pero ¿de qué le servía ir al sur si no iba a recuperar sus hojas? ¿Y si se moría realmente?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Está bien –concluyó la deliberación–. Sube con nosotros y veamos qué tal se resuelve todo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Ya vuelve Mordekûa!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Rápidamente obligaron a subir al sauce a la parte trasera del viejo vehículo. La figura renqueante de un enano de escasa altura y espalda encorvada apareció en el recodo del camino, acompañado de un gran mastín blanco de estrepitoso jadeo. Los abetos, al verle llegar, le colocaron a su nuevo amigo el mencionado cartel de “gratis” entre las ramas y encubrieron su presencia colocándose delante de él. El mastín subió de un salto y se tumbó pesadamente entre los abetos, indiferente a la presencia del aturdido sauce, que no sabía en qué iba a parar todo aquello. Por su parte, Mordekûa subió a la camioneta y arrancó el motor. Estaba acostumbrado a trabajar sin pausa, por lo que no reparó en aquel esbelto sauce de ramas plateadas, que sin embargo destacaba entre los abetos como una linterna en la noche. Su deficiente vista le impedía en cualquier caso darse cuenta de muchas cosas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Capítulo 2&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El trayecto hasta el pueblo fue breve y agitado. La destartalada camioneta renqueaba, tosía bocanadas de humo que asfixiaban el frío aire matutino, saltaba en cada bache como si fuese a desmantelarse. Para el sauce aquél era un viaje extraño, no exento de peligro. Ya no iba al sur, según había planeado cuando saliera del bosque decidido a cambiar su destino, ahora se veía arrastrado por las circunstancias, por el azar… No sabía qué iba a ocurrir.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Desde su discreto rincón en la trasera del vehículo aún distinguía a lo lejos la sombra del bosque, todavía sumido en el sueño nocturno. ¿Le echarían de menos cuando descubrieran que se había ido? ¿Se darían cuenta siquiera de que ya no estaba?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– No tengas miedo –le susurró el joven abeto como si adivinara su malestar–. ¡Verás como tu vida va a cambiar! No volverás a padecer por tu aspecto.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Pero el sauce había oído decir, desde que sólo era un brote asomado entre la turba del bosque, que los cambios son impredecibles; los más ancianos robles aseguraban que ansiar el cambio puede acarrear funestas consecuencias para un árbol, pues los árboles son seres más bien conservadores, de pacífica existencia, nada propensos a la aventura, el arrojo o la valentía. Un árbol, según ellos, debía dejar pasar la vida a su alrededor, contemplarla desde su privilegiada posición, bien arraigado, perenne en su existencia; los cambios ocurren alrededor del árbol, éste no va a buscarlos.  ¿Qué podía acontecer entonces? El sauce reprimió la ansiedad que pugnaba por dominar sus sentidos. La savia corría revolucionada por su interior, sentía su hormigueo hasta la punta de sus ramas más pequeñas. Tenía miedo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;De pronto la camioneta se detuvo. Mordekûa paró el motor y se apeó torpemente. Estaban aparcados frente a un vivero descuidado, repleto de abetos hacinados unos contra otros, con las ramas bien atadas con cuerdas. Un cartel enorme lucía sobre ellos, anunciando la venta de árboles de Navidad a precio de saldo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Qué es este lugar?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Es tu billete a una existencia regalada! Con suerte te comprará alguna buena familia de elfos que te cargará de hermosísimos adornos todo el invierno.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Capítulo 3&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sara se acurrucó muy mustia en el asiento del agonizante coche de su padre. Escuchó, con los dientes apretados por el enfado, los pasos de él mientras se acercaba para abrir la puerta del conductor. Le miró de reojo, deseando que un rayo le fulminara. Le odiaba.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Vio cómo arrancaba con aquellas manazas egoístas incapaces de una caricia. Una lágrima corrió traicionera por su mejilla.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Vamos a por el puto árbol! –exclamó él entre dientes– ¡Celebraremos la llegada del invierno, por mis cojones! –¿por qué siempre hablaba así? Gritaba, sus palabras eran agrias, despóticas, vociferaba, soltaba tacos, improperios… Jamás una palabra amable, ni para ella ni para su madre– Si os creéis que me vais a amargar la vida vais listas…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Sara no quería celebrar nada. Sabía, por experiencia, que comprar el árbol sólo significaba tener que fingir ante aquél hombre amargado para que no enfureciera. Tendría que adornarlo como si le importara algo, colgar los espumillones junto a su madre, verla llorar furtivamente, temblorosa de temor por no cometer un error; tendría que ver sus sollozos contenidos… y fingir que no pasaba nada. ¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Sara, ¡sonríe, joder! –le propinó un leve manotazo en la coronilla– ¡Es el invierno! No vamos a dejar que tu madre nos lo arruine, ¿verdad? ¿Ya estás cambiando esa cara! ¡Quiero una sonrisa!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Romek arrancó el coche y salió hacia el vivero del pueblo, situado a dos kilómetros, en las afueras. Sara no podía sonreír. Hizo un amago esforzado, pero simplemente no podía. La marea de resentimiento que ahogaba su alma se lo impedía. Volvió el rostro hacia la ventanilla para que su padre no se diera cuenta. Rezó para que el tiempo que tardaran en comprar el dichoso árbol pasara lo antes posible, para poder volver a casa y esconderse… sin haber levantado el mal genio de su padre. ¿Cómo evitarlo? ¿Qué podía ella hacer para que no se enfureciera?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Tu madre es una amargada… –alargó la mano hacia la parte de atrás y buscó su tabaco, manoseando con dificultad en el bolsillo de su chaqueta de pana para cogerlo– Sólo sabe lloriquear, me tiene harto, ¡joder!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Dio un golpe en el volante que encogió el corazón de su hija de diez años. Luego sacó un pitillo de una cajita medio vacía y lo encendió, sin molestarse en bajar la ventanilla para no intoxicar a su hija. El humo pronto inundó el pequeño habitáculo. Sara se hundió aún más en su asiento, muda de espanto.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Más te vale no parecerte a ella, Sara, o acabarás mal. ¿Me oyes? –la observó de reojo, escupiendo humo al hablar– ¿A qué viene esa cara? No irás a llorar…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Sara no quería, pero las lágrimas brotaron repentinamente.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Joder… ¡No irás a llorar todo el camino! ¿Para eso voy a molestarme en comprar el puto árbol? ¿Para que entre las dos me amarguéis las vacaciones? ¡Ya estás cambiando la jeta o te dejo fuera de casa para que pases la noche con las ratas! ¡¡Sara!!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;La pequeña trató de sonreír. El miedo que sentía era superior a cualquier otra cosa. Una mueca torcida curvó sus labios.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Afortunadamente su padre pareció conformarse… por el momento.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;El resto del camino lo hicieron en incómodo silencio. Sara trataba de contener el incesante batir de los latidos de su corazón, segura de que su padre podía escucharlos perfectamente. Golpeaban en su pecho con poderosa fuerza, retumbaban en sus oídos, era como si su corazón quisiera salir de su cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;El vivero apareció entonces delante de ellos, con su habitual letrero anunciando los bajos precios de los abetos. Era un lugar muy abandonado, debido sobre todo a la ceguera de su dueño, el señor Mordekûa. A este achaque de la edad había que añadir que cada año se veía obligado a vender sus árboles más y más baratos, para poder competir con las atractivas ofertas de los grandes comerciantes del lejano Norte. Todo ello redundaba en una cada vez más precaria situación económica, que a su vez obligaba al enano Mordekûa a prescindir de ayuda alguna, ayuda que necesitaba imperiosamente.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Por eso la entrada estaba embarrada, los árboles habían sido amontonados al descuido, unos sobre otros, algunos se estaban secando y no había apenas clientes. El negocio de Mordekûa decaía invierno tras invierno. De seguir las cosas así pronto tendría que cerrar.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Romek detuvo el coche a la entrada y salió dando un portazo. Arrojó el pitillo a medias en el barro y lo pisoteó con saña con la punta de su bota.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Baja ya , Sara! Tú escogerás el árbol…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Sara se apeó del vehículo despacio. Si no obedecía a su padre, si no fingía un poco de entusiasmo, se llevaría una reprimenda, o peor, su padre lo pagaría con su madre cuando estuvieran de vuelta en casa.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡¡Mordekûa!! ¡Eh! ¡Viejo enano del demonio! Sordo además de cegato… Joder…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Ya voy, ya voy… –el anciano salió de su oficina cojeando, con su larga barba gris arrastrando por el suelo. Entrecerró los ojos para ver quién le llamaba, pero no veía más que confusas formas borrosas. Se encogió de hombros, acostumbrado a que la vista le jugara aquellas malas pasadas– ¿Quién eres?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Joder Mordekûa, ya no ves una mierda ¿no? ¡Soy Romek! –empujó a Sara hacia él– ¡Enséñale a mi hija los abetos para que pueda comprar uno y largarme a casa a cenar!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Oh! ¿Ésta es tu hija? ¡Cuánto ha crecido! –repuso  Mordekûa acariciando con una sonrisa la rubia cabecita de la atemorizada niña– Ven, vamos a escoger uno. El que tú quieras.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;La cogió de la mano y la acompañó hacia el patio, donde un sinfín de abetos aguardaba impaciente a ser trasladado aquel invierno. Sin embargo, se había corrido la voz entre los árboles de que era el señor Romek quien iba a comprar. De inmediato el terror se había desatado entre ellos, pues el año anterior, en un arranque de rabia, aquel hombre desalmado había arrojado al fuego al infeliz abeto que había comprado allí mismo. ¡Ninguno quería ser el elegido por un hombre tan horrible!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Daos prisa! –aulló Romek de mal talante.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Al aproximarse Mordekûa al patio, con la pequeña Sara de la mano, hubo un estremecimiento generalizado. El aire pareció aquietarse, incluso el viento del norte dejó de soplar, atento a los acontecimientos. Sara miró los árboles con lástima. Recordaba muy bien el triste fin del abeto del año anterior, y no deseaba que se repitiera la historia… pero no podía negarse a escoger uno.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Vamos Sara… –susurró el amable Mordekûa a su lado– ¿Cuál te gusta? Te haré una rebaja sobre la rebaja, para que sonrías…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– No hace falta, señor Mordekûa…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Oh, bueno, ya veremos, tú ve escogiendo alguno, yo voy a buscar la carretilla.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;La niña miró los abetos sin saber cuál elegir. Estaba seguro de que al señalar uno, estaría sentenciando su destino. Y eran tan hermosos… Miró sus verdes ramas, cargadas de púas esponjosas, aspiró el olor que desprendían… No quería hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Sara! No lo cojas demasiado grande, que no nos cabrá en el coche! ¡Y date prisa, no quiero tener que ir yo a escogerlo! ¿Me oyes?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;La niña dudó. Paseó la vista entre los asustados abetos, sin percibir el terror que desataba en ellos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– A mí no… A mí no… –rezaban la mayoría tratando de pasar inadvertidos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Pero Sara tenía que escoger.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Entonces, entre el verdor apiñado en torno al patio, vio un árbol diferente. Su tronco plateado brillaba en la mañana, sus ramas colgaban desnudas, pero era hermoso a sus ojos, diferente… y parecía estar muerto, a juzgar por su falta de hojas. Sus raíces estaban al aire, yacía medio tumbado entre un grupo de abetos jóvenes. Era el sauce, que aún no comprendía el por qué del temor de sus nuevos amigos. Para él aquella niña no parecía una amenaza. Era el único que no tenía miedo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Puede que a papá no le guste, pero si le da por echarlo al fuego no importará tanto, porque está seco.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;El señor Mordekûa apareció empujando su carretilla. Su enorme mastín blanco le acompañaba, la larga lengua colgando bajo los belfos babeantes.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Ya has elegido uno, Sara?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Sí, ése de ahí…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Cuál?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Sara se acercó al sauce y puso su mano sobre el tronco gris plata, segura de su elección. Mordekûa, con su vista miope, ni siquiera se percató de que aquél no era un abeto. Lo cierto era que no hubiese sido capaz de distinguir un árbol de una farola. Así, muy satisfecho de sí mismo por haber vendido algo, se acercó al sauce y empezó a cargarlo en la carretilla.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Lo siento… –susurró el joven abeto de quien había partido la idea de llevar al sauce al vivero. Estaba horrorizado por cuanto estaba sucediendo– Oh, lo siento…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;El sauce sintió algo de vértigo en aquel instante, aunque no entendía por qué lo sentía, ni el significado de las palabras del abeto, ni su expresión de espanto. Se dejó cargar, satisfecho en parte porque aquel invierno iba a experimentar cosas nuevas. Imaginó cómo sería estar adornado con guirnaldas y espumillones, lejos del frío, de la oscuridad... La imagen de sí mismo bien adornado, luciendo todo su esplendor sin estar desnudo, borró de su ánimo el temor inconsciente que amenazaba con amedrentar su primer viaje a una casa, aunque fuese humana.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Desde la carretilla echó un tímido vistazo alrededor. Los abetos contenían el aliento, mudos de horror. Aquí y allá sólo vio caras de pesar, gestos de lástima, ojos de demudada consternación. Algunos incluso apartaron la vista.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Oh, qué hemos hecho…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Mordekûa anudó una férrea soga alrededor del sauce, apretando bien sus frágiles ramas en torno al tronco a fin de facilitar su transporte. Luego lo llevó hacia la entrada, donde Romek aguardaba fumándose otro pitillo. Sara caminaba detrás de Mordekûa, temerosa de la reacción de su padre cuando viese el árbol que había escogido.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Pero, ¿qué es eso? –inquirió en efecto en cuanto puso sus ojos sobre el sauce– ¿Qué carajo es ese pedazo de madera muerta? ¡Sara…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Quiero ese árbol, papá, por favor –se atrevió a rogar Sara.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Ocurre algo con el abeto, señor Romek? –Mordekûa dejó el sauce en la carretilla, a la espera de lo que decidiera hacer el padre de la pequeña– Si no le gusta siempre puede coger otro, tengo muchos todavía...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Abeto? ¡Eso no es un puto abeto! ¿Pretendes tomarme el pelo, hijo de…?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Bueno, bueno, no hace falta exaltarse…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Papá, compra éste por favor… –suplicó Sara avergonzada por el comportamiento grosero y despectivo de su padre. En un arranque de coraje se acercó hasta él y le abrazó.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Y ¿por qué carajo quieres este palo pelado? ¡No pagaré por un árbol muerto! –arrojó el pitillo sobre la nieve y lo pisó iracundo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Yo lo adornaré, te gustará, ya verás…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Pelado? ¿Qué ocurre, no tiene buen aspecto? Sara, niña, dime ¿es que está en mal estado? No veo bien…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Ocurre que no es un abeto, es un árbol muerto, ¡viejo! –gruñó Romek. Apartó a Sara de su lado de un violento empujón– Debería buscar ayuda, viejo topo…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;–Oh, vaya, ¡cuánto lo siento… –susurró temeroso Mordekûa. Conocía bien a Romek, su temperamento avinagrado– Puede coger otro, el que quiera…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Has intentado engañar a mi hija? Mordekûa, no quieras tomarme el pelo… –siseó amenazante. El mastín de Mordekûa soltó un bufido, alerta ante la actitud agresiva del hombre.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– No, no… ya le digo, llévese el que quiera, se lo dejo a mitad de precio…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Eres un enano estafador! ¿Por qué no te retiras ya, pedazo de inútil? ¿Te crees que los hombres somos tan estúpidos? ¿Por qué no somos elfos del bosque? –dijo con retintín despectivo– Te lo advierto, un día de estos vendré y pegaré fuego a tu asqueroso vivero…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Pero señor, no hay motivo para…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡¡Cállate!!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Papá…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡¡Sara!! Sube al coche o te la vas a cargar…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Calma, calma… –rogó Mordekûa en tono conciliador– Verá, señor Romek, para compensarle, se lo dejo gratis. Lléveselo, o escoja cualquier otro abeto, se lo regalo… y que tenga felices fiestas, ¿le parece?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Mordekûa le observó entrecerrados los ojos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Es lo justo…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Arrancó el sorprendido sauce de la carretilla y lo cargó en la parte de atrás del coche sin miramientos. Después de todo, tanto le daba llevarse aquella rama sin hojas que una escoba. Sara y Mirabel lo adornarían, y eso las mantendría entretenidas durante un buen rato. Era todo lo que necesitaba, que le dejaran en paz.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Sube al coche, ¡Sara! No volveré a repetirlo…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;La pequeña se coló dentro sin protestar, satisfecha en parte de haber logrado llevarse a casa un árbol muerto, en vez de un pobre abeto vivo. Recordaba con gran dolor el triste fin del último abeto que había adornado su casa el año anterior. Ramiro subió al coche y arrancó bruscamente.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Cuando lleguemos a casa me explicarás a qué ha venido todo esto, Sara… ve pensando qué decir porque hoy ya no tengo paciencia contigo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Sara calló. No se atrevía ni a parpadear.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;En la parte de atrás del coche, tendido entre papeles, latas y algunas cajas llenas de humedad, el sauce no daba crédito a lo que estaba viviendo. Empezaba a comprender las últimas palabras del joven abeto cuando afirmaba que lo sentía… ¿A qué clase de familia había ido a parar? ¡Aquel hombre era un ser odioso! El joven sauce temblaba, sacudido por la certeza de que había cometido un error. Había abandonado su adorado plan de viajar al sur, la tierra del sol, del eterno verano, engañado por las palabras de un abeto inexperto al que no conocía… Había dejado atrás su hogar… Estaba cada vez más convencido de que iba a lamentar el error.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Capítulo 4&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su primera noche en la casa de aquella familia de humanos fue la más larga de su corta vida. Aquél no era un verdadero hogar, no se celebraba nada, no había felicidad. El Invierno desde luego, no era bienvenido allí, y si lo había sido tenía que haber durado un suspiro, a juzgar por la enorme desdicha que acongojaba a la esposa de Romek, Mirabel, y su pequeña hija, Sara.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;El sauce, que jamás había oído de crueldad tan grande, fue colocado de mala manera en un gran tiesto con tierra, enterradas sus raíces en él, y arrastrado hasta una ventana, para que le diera la escasa luz que entraba por ella. Por supuesto le quitaron la cuerda que sujetaba dolorosamente sus delicadas ramas. Después todo fue de mal en peor. En vez de canciones había amargos silencios, en vez de risa, llanto, en vez de alegría, reproche, rencor, rabia, dolor…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Mirabel rondaba por la casa como un fantasma; casi todo el tiempo temerosa de que regresara su marido, pendiente de cada gesto suyo, de si estaba enfadado, cuidadosa en extremo para no cometer algún error que soliviantara su mal genio y sus reproches, insegura de dar un traspiés que lo estropeara todo, como ocurría siempre... porque su vida era una suma de faltas, de equivocaciones; porque para Romek todo estaba mal hecho, o había decidido hacerlo en el momento más inoportuno, o no hacía las cosas... No había forma de acertar con él.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Ante los asustados ojos del sauce se desarrollaban cada día escenas tristes que dañaban su espíritu. Ansiaba abandonar aquella casa, alejarse y emprender de nuevo su viaje hacia el sur... aunque si era cierto lo que había oído, podía morir por ese sueño…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;En cualquier caso tenía las raíces aprisionadas en aquel tiesto… y estaba Sara. La dulce y soñadora Sara.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Por alguna razón se sentía inclinado a quedarse. Por ella. Cada noche la pequeña se sentaba bajo sus ramas, aún desnudas, rodeaba sus flacas rodillas con los brazos y enterraba el rostro en el hueco que quedaba. Como si esperara algo nuevo… Parecía aguardar un milagro.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿A qué esperas para largarte?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Aquella vocecilla sacudió su tronco una madrugada, cuando la casa dormía en silencio tras una amarga discusión entre Romek y Mirabel, durante la cena. Él, borracho y malencarado, había vilipendiado a su mujer rebajándola hasta hundir su autoestima bajo la suela de sus botas. El motivo: no le había gustado el modo en que ella había estado preparando la cena toda la tarde con gran esmero…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;El sauce se desperezó, atento, por si volvía a oír la voz.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Déjale! –aquella era otra voz distinta a la que había escuchado en primer lugar– ¿No ves que no se atreve ni a respirar? Romek le tiene abotargado, y no me extraña… De todos modos los sauces nunca han sido muy valientes, que se sepa.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Quién habla? –susurró el sauce escudriñando alrededor, entre las sombras.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Aquí, ¡árbol tonto! En tus ramas más altas…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Entonces el sauce percibió, sentados en una de sus ramas, a dos duendecillos traviesos de ojos pícaros.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– No irás a quedarte aquí, ¿verdad? –dijo uno. Eran tan pequeños como una alubia, por eso no los había notado.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Qué otra cosa puedo hacer? Mirad mis raíces, están demasiado prietas en este tiesto… Apenas puedo moverlas…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Ni siquiera lo has intentado, eres un cobarde, y aún te diré otra cosa, si te quedas, acabarás en la chimenea, ¿verdad Rimbudëth? –preguntó el más avispado de los dos, cuya larga barba rizada lucía roja como el sol cobrizo del atardecer.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Cierto, Kobalim! Como el pobre abeto del año pasado… Y ése sí era un árbol decidido, ¡casi lo consiguió!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– No soy cobarde, ¡pero no puedo moverme! –el sauce agitó inútilmente sus raíces bajo la tierra. Estaba tan apelmazada que apenas las sentía.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Si quieres irte, nosotros podríamos ayudarte –propuso Rimbudëth con energía– Socavaremos la tierra alrededor de tus raíces para que puedas salir de tu encierro y regresar al bosque, de donde por cierto, ¡jamás debiste salir!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Sí, ¿por qué has dejado el bosque? ¿No sabes que los hombres son peligrosos? ¿Y cómo un sauce como tú ha acabado haciendo el papel de abeto?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Bueno, fue una confusión… –el sauce estaba avergonzado– Un amigo me aconsejó hacerme pasar por abeto…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– No comprendo –dijo Kobalim– Qué tontería…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– No comprendo –dijo Rimbudëth– Qué estupidez tan estúpida…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– En realidad yo me dirigía al sur, donde siempre luce el sol, donde la primavera es eterna y los árboles nunca están desnudos… me lo dijo el viento de verano, ¿sabéis? –explicó el sauce– Había emprendido la marcha cuando me topé con un grupo de abetos, y entonces uno de ellos me dijo que si pasaba el invierno en casa de los elfos, luciría mucho más hermoso de lo que jamás haya soñado…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Más hermoso, dices?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Más hermoso… –los duendecillos no comprendían nada. Para ellos la apariencia carecía de importancia, lo cual resultaba evidente, a juzgar por su aspecto descuidado– ¿Así que se trata de estar más guapo?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Se trata de que no soporto estar desnudo todo el invierno.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Los duendecillos estallaron en sonoras carcajadas. Se reían tanto, y tan alto, que el sauce empezó a temer que despertaran a Romek.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Schhhhhhh… ¡Despertaréis a toda la casa! ¿Qué os hace tanta gracia?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Qué cosa tan tonta! –exclamó Rimbudëth– ¿Qué más da estar desnudo? ¡Es natural en un árbol como tú! En invierno debes hibernar, las hojas se te caen, como a todos los demás… ¡y en primavera vuelven a brotar! Ésa es una sensación que los presuntuosos árboles del sur jamás experimentarán, ¿no te das cuenta de que eres un privilegiado?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Privilegiado? Vosotros no sabéis lo que es para mí perder mi hermosa mata de hojas, una por una, ver cómo se desprenden y marchitan, cómo mis largas y bellas ramas se quedan desnudas, privadas de su belleza… ¿Por qué he de sufrir así? En el bosque todos me admiran, soy el más hermoso sauce que jamás haya crecido en ninguna parte… ¡salvo en invierno!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Eres un presumido… ya veo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Y además no has conseguido tu objetivo, a lo que veo. Tus ramas siguen tan desnudas como antes, y encima estás atrapado.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Espero a que me adornen. Cuando cuelguen de mis ramas guirnaldas, espumillones, bolas nacaradas, oro, rojo bermellón, estrellas…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Pero… –le interrumpió Kobalim– ¿¿¿No te das cuenta de que eso no sucederá en esta casa??? Con los elfos, sí, tal vez… incluso en el hogar de un enano, pero aquí…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Romek no lo permitirá! ¡Nunca lo hace! ¡Compra el árbol para celebrar la llegada del invierno, pero luego nunca la celebra, y siempre acaba quemando el árbol! Ese hombre, es un monstruo, y su corazón es una nuez petrificada… ¡Si te quedas –concluyó Rimbudëth con determinación–, te cortará en pedacitos, y alimentará el fuego con ellos!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Oh, oh… –el sauce se echó a llorar, amedrentado por las palabras de los duendes, quienes sin embargo no deseaban hacerle mal alguno, sino todo lo contrario. Pues los duendes aman los árboles por encima de todo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– No se hable más, cavaremos en el tiesto, y mañana podrás huir.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Y regresar al bosque, que es tu hogar –afirmó Kobalim muy serio–. Porque en el sur, amigo mío, te secarás como una cerilla, y no dejarán de caerse tus hojas. Enfermarás y morirás. Eres un sauce –continuó suavizando el tono–, y tu sitio está aquí, en tu bosque. Ese viento del sur es un pomposo embaucador, no debes escucharle.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Un abeto me dijo lo mismo… –sollozó el sauce– Que soy un árbol de hoja caduca, y que mi destino es estar desnudo cada invierno…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Pues era un sabio abeto!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Entonces jamás dejaré de estar desnudo en invierno?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Schhhh… –saltó Kobalim de repente– Alguien viene… Escondámonos, Rimbudëth, no vayan a descubrirnos…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Los dos duendes desaparecieron como por arte de magia, dejando al compungido sauce a solas en aquella tenebrosa sala oscura.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;En efecto, unos pasos quedos sonaron en el pasillo. Al poco, la figura frágil de la pequeña Sara apareció en el umbral de la entrada. Parecía triste y abandonada. Suspiró entrecortadamente, como si la pena que sentía en el corazón ahogase sus pulmones. La niña entró, ignorante de la atenta mirada del sauce, que no perdía detalle de sus movimientos. Tal y como solía hacer a veces, se sentó bajo sus largas ramas colgantes, cuya distribución hacía que semejaran un paraguas protector. Allí se sentía protegida. Sara suspiró de nuevo, esta vez más profundamente, y al hacerlo, el sauce suspiró a su vez, aún lloroso por su destino.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Quién hay? –Sara levantó la rubia cabeza, con los ojos muy abiertos. Sorprendentemente había escuchado el suspiro del sauce, quien al percatarse de tan peculiar acontecimiento, contuvo el aliento algo aturdido– ¿Quién ha suspirado… –susurró en voz tan baja que apenas pudo oírla– No tengas miedo...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Sara se puso a cuatro patas y empezó a rebuscar en torno al tronco plateado. No sabía que era el árbol quien había suspirado, e ignoraba que le hacía cosquillas al apoyarse en él. El sauce luchaba con todas sus fuerzas por no echarse a reír.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Vaya… –se rindió al fin la pequeña. Se la veía muy desanimada, porque estaba segura de haber sentido suspirar a alguien muy cerca.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Entonces un aire resuelto iluminó su rostro. Sara extrajo de debajo de su camisón una pequeña pala de jardinero, miró a un lado y a otro de la sala, escuchó atentamente por si su padre se levantaba, y sólo entonces, cuando estuvo segura de estar sola, empezó a cavar en torno a las raíces del sauce.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Qué hace… –susurró Kobalim desde su escondrijo en un recoveco de la pared, bajo la ventana.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Está cavando, ¿no lo ves? –repuso Rimbudëth propinándole un codazo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Sí… pero ¿por qué? A lo mejor quiere llevarse el sauce…?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Por qué no hablas más alto? Te va a oír… –gruñó Rimbudëth– Schhhhhhh…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Sara le oyó, desde luego. Y de inmediato detuvo su afanosa tarea. Había liberado la mayor parte de las raíces del árbol, quien sentía ya que la savia circulaba con mayor libertad por todo su tronco. Podía incluso moverse, cosa que le llenaba de una alegría inconmensurable. Ignoraba el motivo que impulsaba a aquella adorable niña a liberarle de la tierra, pero tampoco le importaba demasiado. Lo único importante era que pronto sería libre para escapar de la casa, de Romek… de su destino: el fuego.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Ya está bien… –susurró Sara, eso sí, sin levantar en exceso la voz, para no interrumpir el ligero sueño de su padre– ¡Os he oído! Primero habéis suspirado, y ahora estáis hablando… ¿Dónde estáis? Salid, para que pueda veros…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Los duendecillos desde luego no obedecieron. Tenían como norma sagrada no presentarse jamás ante los hombres, fueren cuales fuesen las circunstancias. El sauce en cambio, no tenía ninguna norma al respecto. Durante su breve estancia en la casa había desarrollado un inusitado afecto por la chiquilla, estaba convencido de que ella intentaba liberarle. Por eso estaba agradecido.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Yo he suspirado, pero prometo que no he abierto la boca… –soltó al fin, agitando levemente sus ramas más bajas para sacudirse la tierra que ella le había echado encima al cavar.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Qué…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Sara se cayó de culo. Miró hacia arriba, sin acabar de comprender que había sido el árbol quien había hablado. El sauce, alborotado, sacudió de nuevo las ramas y se inclinó hacia ella muy suavemente. Sólo en ese instante, cuando le tuvo tan cerca que rozaba su tronco con la nariz, Sara vio sus ojos, notó su aliento con olor a resina, y en consecuencia, dedujo que era un árbol parlanchín. Jamás había visto nada parecido, por eso no supo reaccionar, actitud de cualquier modo muy natural entre los hombres.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– No debes tenerme miedo, no voy a hacerte daño…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Sara tragó saliva, algo asustada. Al principio le observó con desconfianza, pero al poco se dio cuenta de que la expresión de aquel árbol era absolutamente benévola, y al fin resolvió que aun cuando estuviese soñando, merecía la pena arriesgarse. Se dejó llevar por la magia del momento, encantada de que algo extraordinario sucediese en su tormentosa vida. Extendió una mano para rozar la lisa corteza plateada del sauce.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡No dejes que lo haga! –Rimbudëth salió de su escondite y saltó sobre una de las ramas del árbol, escandalizado de que una niña fuese a hablar con él.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Qué haces? ¡Rimbudëth! ¡Te vas a descubrir!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Kobalim salió impetuosamente detrás de su amigo, con tan mala fortuna que tropezó con él y ambos rodaron hasta caer a los pies de Sara. Ésta enmudeció de asombro, eran tan diminutos que apenas lograba verlos en la oscuridad reinante, pero estaba segura de que sus ojos no la engañaban. Allí, en el suelo, había dos graciosos duendecillos de larga barba y piel verde, del tamaño de una alubia.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Duendecillos! –exclamó con los ojos muy abiertos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡No! No somos duendecillos, vamos Kobalim…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Esperad, no os vayáis, no os haré daño, lo prometo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Tú puede que no, pero tu endemoniado padre nos machacará en cuanto se despierte a causa del alboroto que estás armando, ¡niña!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Déjala tranquila, Rimbudëth –intervino el sauce con tono protector–. No está armando ningún alboroto, sólo intentaba liberarme, ¿no es cierto, Sara?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Sabes mi nombre? –la expresión de la niña se iluminó de felicidad.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Desde luego que lo sé… He tenido mucho tiempo para ver todo lo que ocurre en esta casa –el sauce la miró muy serio.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– No es un buen hogar… ¿Verdad?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Oye –carraspeó Kobalim–, siento interrumpiros, pero… ¿ahora que estás libre, puedes sacar tus raíces de ese tiesto y marcharte? –sugirió levantando las manos con una expresión un tanto sarcástica– …antes de que el energúmeno se levante y te haga trocitos?… Aún es de noche, incluso tú podrás llegar al bosque antes de que nadie se de cuenta…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Pero él preguntará por el árbol –dijo Sara, segura de lo que ocurriría si su padre bajaba por la mañana y veía el tiesto vacío.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Le echará la culpa a ella –la apoyó el sauce.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Y para qué entonces, le has soltado las raíces –quiso saber Rimbudëth–, si no pensabas dejarle marchar?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– No lo sé… No lo tenía planeado. Quería llevarle lejos, para que mi padre no lo eche al fuego, como hizo con el abeto del año pasado…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– De eso ya nos encargamos nosotros, tú vete a la cama, será lo mejor. ¡Y olvida que nos has visto!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Cómo voy a olvidarme de dos duendes y un árbol que habla?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Nunca has visto a los duendes? –inquirió el sauce asombrado.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Tampoco he oído a un árbol hablar…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Claro que no ha visto un duende! –rugió malhumorado Rimbudëth– ¿Eres tan tonto que no sabes que los hombres no son capaces de vernos?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Pero ella nos ha visto…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Porque aún es una niña! –explicó Rimbudëth con aire impaciente– Los niños conservan su inocencia, la fantasía, la imaginación, y están más predispuestos a ver… ¿comprendes? Por eso debemos ser especialmente cuidadosos con ellos, porque si no…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Oh, oh… Creo que le hemos despertado… –Kobalim saltó detrás de Rimbudëth, temblando de miedo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Una tos sonó en el piso de arriba. Al instante los dos duendecillos se escabulleron detrás del sauce, y éste enmudeció, petrificado por el terror.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Escóndete Sara… –siseó Kobalim desde donde estaba.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;La pequeña no lograba moverse. Miraba hacia arriba, atenta al menor movimiento de su padre. Pronto le oyó levantarse, carraspear y gruñir. Sus pasos resonaron sobre las viejas tablas del segundo piso. Se disponía a bajar, sin duda.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Escóndete!!! –Kobalim le arrojó una piedrecilla, pero era tan pequeña que ella no la notó cuando le dio en la espalda.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Sara, escóndete detrás de la cortina… –el sauce la empujó levemente con una de sus ramas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Cuando Romek asomó al pie de la escalera, ella ya había desaparecido tras el pesado cortinaje que cubría la única ventana de la sala. Hubo un silencio sepulcral. La luna entraba a raudales a través de los cristales inmaculados de aquella ventana, no en vano Mirabel se esforzaba en mantenerlo todo perfectamente limpio. Romeo extendió la mano y encendió la luz.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Quién anda ahí… –murmuró más para sí que en voz alta. Llevaba una porra en la mano– Te he oído… Como te coja vas a ver lo que es bueno…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Sara se encogió sobre sí misma, temerosa de que la encontrara oculta tras la cortina. Si su padre se molestaba en buscar un poco, no tardaría en descubrirla.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– No te muevas, Sara… –Kobalim se había sentado en su hombro derecho y susurraba en su oído.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Haz lo que te digamos, no te encontrará –Rimbudëth apareció en su hombro izquierdo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Los dos duendes, uno a cada lado, se proponían intervenir para que Romek no encontrara a su hija.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Cierra los ojos y no los abras pase lo que pase…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Sara obedeció. Cerró tan fuerte los ojos que parecían dos delgadas líneas bajo sus cejas rubias. Estaba aterrorizada, y por alguna razón pensaba que si los duendes existían, quizás también tenían poder para hacerla invisible. A no ser que estuviese soñando, en cuyo caso su padre le propinaría una buena paliza. Al pensar en ello se echó a temblar.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;El sauce mientras tanto observaba a Romek sin pestañear. Rogaba para que no se diese cuenta de que tenía las raíces al aire. También para que no encontrase a Sara. Sabía muy bien lo que ocurriría si aquel monstruo daba con la niña.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Romek gruñó por lo bajo, convencido de haber oído ruido allí. Con precaución en sus movimientos empezó a rebuscar por la sala. Miró tras el sofá, debajo de la mesa del comedor, entre las sillas, en los rincones, dentro de los armarios… Hasta que reparó en el rincón donde el sauce aguardaba muy erguido, aún plantado en su tiesto. La luna derramaba sobre él una luz fantasmal, arrancando destellos plateados de su esbelto tronco. Su estampa era hermosa con aquella luz nocturna; las ramas destacaban espléndidas, su figura era armoniosa… y él no se daba cuenta de su belleza, incluso estando desnudo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– No serás tan bonito cuando te arroje al fuego dentro de dos noches… –amenazó Romek mirándolo lleno de rabia.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;El sauce tragó saliva, seguro de que cumpliría su amenaza. Ahora crecía en él la necesidad de huir de allí. Añoraba la tranquilidad del bosque, ansiaba poder hibernar hasta la primavera, volver a ver a sus amigos, los robles, los avellanos, acebos, hayas… ¿Por qué su vanidad le había llevado tan lejos? Se prometió a sí mismo no volver a ser tan necio si lograba salir de aquél apuro.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;El hombre había llegado hasta la ventana. Se detuvo un instante, dubitativo. Entonces reparó en la tierra caída en el suelo, y en seguida se percató de que el tiesto del sauce estaba medio vacío.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Qué demonios…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Se agachó para mirar por debajo de las ramas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Putas comadrejas…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Soltó la porra y empezó a recoger la tierra para volver a echarla en el tiesto. El sauce notaba como sus raíces volvían a quedar prisioneras bajo la tierra que aquel hombre sin corazón aplastaba con fuerza.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– No te moverás de aquí hasta mañana, árbol-cerilla…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Terminó de arreglar lo que su hija había deshecho, convencido de que algún animal se había colado en la casa para escarbar en el tiesto.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Como te coja por aquí irás a la cazuela…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Se irguió para seguir buscando. Entonces, de forma inesperada, abrió la cortina tras la que se ocultaba Sara. Ésta mantenía cerrados los ojos; sudaba por el terror que dominaba su espíritu. Encerrada en sí misma, podía sentir con claridad el frío que emanaba del corazón de su padre. Llegaba hasta ella como un vapor gélido, malsano… que agarrotaba su espíritu. No obstante se mantuvo firme, los ojos bien cerrados.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Maldita sea… No habrá sido ese puto mastín… –no había visto a Sara. Se le acababa de ocurrir que quizás el perro del señor Mordekûa se había colado en la casa para escarbar, cosa que le gustaba mucho hacer. No era la primera vez que el animal se escapaba del vivero y se lo encontraba hurgando entre la basura o removiendo la tierra del jardín– Como agarre a ese asqueroso chucho me lo cargo… Mordekûa, Mordekûa… te la estás jugando.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Dejó la cortina. Allí no había nada. Lleno de rabia giró sobre sí mismo y descargó un brutal golpe sobre la repisa de la chimenea, rompiendo y arrojando al suelo cuanto había sobre ella. Su ira era tan grande que necesitaba exteriorizarla como fuese. Como no había encontrado al intruso, arrampló con adornos y figuras. A continuación arrojó la porra contra el sauce, con tal fuerza que le partió una de sus ramas más altas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Mañana te haré pedazos –le señaló furioso–. Y te haré una visita, Mordekûa…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Romek abandonó la sala sin decir nada más.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Capítulo 5&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En el vivero había un gran revuelo. Desde que Romek se llevara al pobre sauce a su casa, los abetos no habían parado de discutir entre ellos, incapaces de soportar la idea de haber arrojado a un pobre árbol, que además no era un abeto, a las garras de semejante individuo. Era tal la agitación que les dominaba, que incluso Mordekûa se daba cuenta de que algo anormal les sucedía a sus árboles. Su gran perro ladraba por las noches, bufaba y se revolvía, trataba de liberarse de las cadenas que le sujetaban para impedir que se escurriera a husmear en las casas del pueblo, en especial la de Romek. El animal sabía que los abetos tramaban algo, y trataba de avisar a su dueño. Pero las cadenas que lo sujetaban eran demasiado fuertes, ni siquiera un perro poderoso como él podía romperlas. Mordekûa empezaba a estar harto de tanto barullo. Su perro, que se llamaba Black a pesar de tener un manto de pelo blanco como la nieve, no le dejaba dormir, y en el patio flotaba un algo indefinido que enturbiaba su ánimo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Algo que provenía de los abetos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;A veces le parecía oír susurros, incluso estaba seguro de que eran los árboles quienes murmuraban entre sí, como si estuvieran confabulándose, como si rumiaran alguna estratagema. Se le antojaban una banda de conspiradores y empezaba a tenerles miedo. Durante el día, cuando se ocupaba de ellos, creía que le observaban, y a tal punto había llegado su certeza de que así era, que dejó de realizar sus tareas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Los abetos, satisfechos de que ya no se acercara por el patio, se dedicaron a continuar con su discusión: la suerte del sauce.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡La culpa es tuya! –exclamó un abeto– ¡Tú le subiste a la camioneta con la absurda idea de que pasara el invierno en una casa! ¡¡Mira en qué ha parado tu arrogancia, tu inventiva, tu genialidad!!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Yo no quería que eso ocurriera! –protestó el joven abeto, que se sentía terriblemente culpable– Mi idea era buena, mi intención más aún… Si hubiesen sido los elfos…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Eso ya no importa! –chilló otro– El sauce probablemente ya estará muerto, y si no lo está, pronto será pasto de las llamas… Nada podemos hacer por él…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿No tendríamos que acudir en su ayuda?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Vas a arriesgarte a abandonar la seguridad de este vivero para ir a buscar a un árbol salvaje y vanidoso a la casa del psicópata?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Es verdad, la culpa en cierto modo es suya también. Era un presumido.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Pero podríamos ayudarle… –protestó el abeto con su acento juvenil– Si él ha sido capaz de abandonar el bosque para ir al sur, nosotros bien podemos salir del vivero, salvarle, y regresar antes de que Mordekûa se de cuenta… Si no vamos todos, ni siquiera se dará cuenta de que faltamos algunos…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Otra idea descabellada! ¿No te basta con haber causado la muerte de un árbol que quieres causar la de todos nosotros? ¿No te das cuenta de que el psicópata quemará el vivero si nos descubre? ¡Arderemos todos!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Así discutieron durante horas, sin llegar a ponerse de acuerdo. Y así también, entre nervios y desvelos, transcurrieron los días con sus noches.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Llegó una mañana en que Romek apareció hecho un basilisco, furioso porque creía que Black, el perro de Mordekûa, había hurgado en su casa la noche anterior, escarbando en la tierra de su árbol de invierno, rabioso porque el señor Mordekûa había dejado suelto al perro a pesar de sus advertencias. Llegó para encararse con Mordekûa y hacerle pagar por su desfachatez, su descuido… su negligencia con el animal.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡¡¡Mordekûa!!! –rugió con voz de trueno que sobrecogió a cada abeto del patio. Black asomó su enorme cabeza por la puerta de su caseta y empezó a ladrar. Su instinto le prevenía acerca de las intenciones de aquel hombre– ¡¡¡Mordekûa!!! ¡¡¡Sal, viejo enano del demonio!!! ¡¡¡Te advertí que ataras al perro, viejo topo!!!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;El pobre anciano se encontraba en ese instante desayunando en su hogar tras una noche de vigilia. Ni Black ni los árboles le habían dejado pegar ojo, por lo que bostezaba de sueño con una taza de café humeante en la mano.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡¡¡Mordekûa!!! ¡¡¡Viejo topo!!! ¡¡¡Sal para que pueda verte!!! –oyó que gritaba aquel hombre, fuera, en el patio. Lentamente se asomó a la ventana, sorprendido de que estuviese allí… tan enfurecido a causa de su mastín. Sin duda había pasado la noche en su caseta, pues no le había dejado dormir con sus ladridos. Entrecerró los ojos para ver mejor, pero Romek era sólo una mancha borrosa– ¡¡¡Sal ya, condenado viejo!!!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Black tiraba de su cadena, ladraba, babeaba, gruñía enseñando su mejor sonrisa, pero ni sus enormes colmillos ni la evidencia de que estaba atado influían en la actitud de Romek, cuyo único afán era descargar su furia sobre alguien… Mordekûa era un enano indefenso, la víctima perfecta para desplegar todo su odio, tuviera o no razón.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Miró al perro de reojo. Una vocecilla en su mente le decía que Black estaba bien atado, que probablemente no era el intruso de la noche anterior, que cometía un error culpándole a él… Pero hizo caso omiso, poco le importaba tener o no la razón. Apretó su porra con fuerza, hasta que los nudillos de los dedos de su mano derecha blanquearon por la falta de circulación.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;En ese momento apareció el temeroso Mordekûa en la puerta de la oficina. Se abrigaba con una bata vieja, estaba desaliñado y se movía con torpeza debido a su avanzada edad y a la miopía que padecía. Black, alertado por el peligro que amenazaba a su dueño, trató de saltar para protegerle, pero la cadena no se lo permitió; una sacudida tiró de él hacia atrás cuando se tensó en toda su longitud. Romek se sonrió al escuchar el gañido lastimero con que el animal se quejó por el tirón en su cuello.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Qué ocurre señor? Es muy temprano para…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿No te dije que ataras al perro? –le cortó acercándose con la peligrosa porra en su mano– ¿No te dije que si volvía a verlo en mi propiedad me las pagarías?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Pero si Black está atado, señor… –argumentó Mordekûa seguro de lo que decía– Viriadek, el elfo del lago lo ató por mí, y estoy seguro de que no se ha podido escapar, porque lleva toda la noche ladrando...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡¡¡Cállate!!! ¡¡¡Ese condenado perro ha estado hurgando en mi casa esta madrugada!!! –Black ladraba furioso, gruñía tironeaba de la férrea cadena, incapaz de hacer nada por Mordekûa– ¡¡¡Cállate!!!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Romek se volvió hacia él y le golpeó con la porra en el morro. Fue tan brutal el ataque que el pobre perro cayó al suelo sangrando. El dolor sacudió su cerebro, atravesó su cráneo y aturdió sus sentidos por unos instantes. Black trató de levantarse, pero un mareo extremo le hizo perder el equilibrio. No se sostenía sobre sus cuatro patas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Pero ¿por qué ha hecho eso? –se quejó Mordekûa temeroso de la reacción de aquel energúmeno desalmado– Black no ha hecho nada esta vez… No tiene derecho a…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿No? Yo creo que sí… ya lo vas a ver…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Capítulo 6&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Mamá, ayúdame a sacar el árbol de casa –rogó Sara en cuanto vio que su padre subía a la camioneta para coger la carretera hacia el vivero del señor Mordekûa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿A dónde ha ido tu padre? –preguntó Mirabel recelosa por la repentina marcha de su marido. Se acababa de levantar, alarmada por el ruido que había hecho antes de irse.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Creo que al vivero del señor Mordekûa.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Cree que Black ha estado aquí por la noche, pero no es cierto… –explicó la pequeña, segura de lo que decía.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Black? ¿Y cómo sabes tú eso, cariño? –Mirabel se arrodilló junto a su hija, sujetándola por los brazos con delicadeza.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Porque lo vi todo, sé que Black no ha sido.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Y qué se supone que ha hecho el perro de Mordekûa?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Escarbar en el tiesto del árbol… –Sara decía la verdad, aunque no toda. No pensaba revelarle a su madre su experiencia con los duendes, que lo escuchaban todo desde un lugar seguro, y mucho menos pensaba decirle que el árbol podía hablar. ¡Su madre jamás la creería! Señaló hacia el tiesto– Papá encontró la tierra fuera del tiesto, porque anoche yo quise sacar el árbol de casa, pero me escondí y ahora él cree que ha sido Black.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Mirabel guardó silencio durante mucho rato. Tanto, que Sara empezó a sentirse terriblemente culpable. Era consciente de que probablemente había provocado un grave problema al señor Mordekûa.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Por qué has hecho eso? ¿No conoces a tu padre? –Mirabel estaba muy agitada. Le temblaba todo el cuerpo, sufría por el señor Mordekûa, sufría por lo que vendría después, cuando su esposo regresara a casa…– ¿No sabes de lo que es capaz…?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Papá iba a quemar el árbol y yo no quería que lo hiciera…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Pero cielo… Ahora papá lo pagará con nosotras… ¿Qué importancia tiene que queme un árbol que además está muerto?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Oh, ¡no está muerto! ¡Sólo está dormido! Lo que ocurre es que no es un abeto, se le caen las hojas en invierno y parece muerto, pero no es así…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Oh cariño…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Maribel abrazó a su hija. Estaba harta de tener miedo, estaba harta de sufrir el desprecio, los insultos, de vivir aquella pesadilla. Eran la Fiestas del Invierno, pero no en aquella casa. ¿Hasta cuándo podría aguantarlo?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Me ayudarás a sacar el árbol de casa, mamá?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Los duendes cruzaron los dedos, atentos a la respuesta de Mirabel.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Vamos Kobalim, súbete a las ramas –siseó Rimbudëth muy suave.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;El sauce escuchaba todo con igual concentración, poco seguro de que aquella mujer se mostrara dispuesta a ayudarle. Dejó que los duendes se encaramaran a una de sus ramas, contento de que no le abandonaran en momentos tan críticos. En realidad temía por su futuro.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Di mamá, ¿me ayudarás a sacarlo de aquí? Papá lo quemará en cuanto vuelva… –rogó Sara sin dejar de estudiar la expresión de su madre.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Haremos algo mejor.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Algo en el interior de Mirabel se había liberado. Se levantó muy decidida y con la entusiasmada ayuda de Sara cogió el árbol para sacarlo a la calle. La pequeña intuía que algo grande estaba a punto de ocurrir en su vida. Miraba ahora a su madre con renovado amor. Confiaba en ella más que nunca, porque desprendía una fuerza misteriosa que jamás antes había visto. El eterno temor se estaba transformando en otra cosa...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Diremos al señor Mordekûa que pase a recogerlo, ¿de acuerdo? De momento vamos a llevarlo al jardín de Giriath para que tu padre no lo vea si regresa.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Gracias mamá –sonrió Sara muy contenta.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Rimbudëth y Kobalim no cabían en sí de gozo. Se alegraban de haberse encaramado en lo más alto del sauce ahora que lo sacaban de la casa. El árbol por su parte se dejó llevar, entusiasmado por el insospechado curso de los acontecimientos. Aún le dolía en el punto donde Romek le había partido una rama, pero ya no le daba tanta importancia.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Mirabel y Sara salieron al exterior, caminaron por un sendero de gravilla cubierto por la nieve y al llegar junto al jardín de Giriath, un enano amable y comprensivo, depositaron el sauce con mucho cuidado sobre el césped, procurando que no se viera desde la casa. Mirabel sabía que Giriath no diría nada. Su discreción le daría tiempo para lo que pensaba hacer.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Ven, cariño –cogió con ternura la mano de Sara–. Vamos a terminar de una vez por todas con todo esto.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Qué vas a hacer, mamá?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Lo que tenía que haber hecho desde el principio.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;En el vivero de Mordekûa las cosas se estaban complicando mucho. El anciano no sabía qué hacer ante los insultos e improperios de Romek, que no dejaba de amenazarle con la porra. Arrinconado contra la puerta de su humilde casa, observaba horrorizado cómo aquél desalmado, harto de gritar, pasaba a la acción.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Ahora verás, viejo…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Se fue hasta su coche, abrió el maletero y sacó un bidón de gasolina.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Te advertí que tuvieras cuidado, nadie podrá culparme por lo que voy a hacer. La culpa es sólo tuya…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Un brillo enfermizo refulgía en su mirada siniestra.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– No, por favor, se lo ruego, Romek, el vivero es todo lo que tengo…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Mordekûa no veía bien qué llevaba el hombre en las manos, pero olía perfectamente la gasolina. Dedujo sin esfuerzo que pretendía prender fuego al vivero.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Haberlo pensado antes… –soltó una risotada espantosa. Parecía un demonio, como si una poderosa fuerza oscura hubiese devorado su alma y dominase cada uno de sus actos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– No…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Mordekûa cayó de rodillas, cubriéndose el rostro con las manos. Black no cesaba de ladrar, saltaba furibundo e impotente a causa de la cadena que le sujetaba con fuerza, sin poder defender el vivero. Romek pasó por delante de él sin mirarle, entró en el patio donde Mordekûa guardaba los abetos y se preparó para rociarlos con la gasolina.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Qué va a hacer? –susurró uno horrorizado.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Nos va a achicharrar…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– No es posible, ¿dónde está ese condenado chucho cuando le necesitamos?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Está atado, estúpido abeto…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Oh no,no… No quiero morir… ¿Qué hace? ¿Por qué…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Romek se detuvo frente a la primera hilera de abetos, sin percibir el murmullo de sus voces temerosas, ni el frágil temblor de sus ramas. No podía oírles porque era un hombre adulto, y menos aún porque su alma era un pozo negro de maldad. En su mente y en su corazón, sólo ardía un clamor, el de la venganza.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡¡Romek!!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;La voz de Mirabel le detuvo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Qué haces tú aquí? –rugió volviéndose hacia ella– Vuelve a casa… Ya hablaremos tú y yo...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Deja ese bidón, Romek.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡¡Que vayas a casa maldita mujer!!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Dejó el bidón en el suelo y dio unos pasos hacia ella, seguro de que un solo gesto suyo la acobardaría. Sin embargo su mujer parecía distinta. No se movió de donde estaba, como si ya no le temiera. Eso le desconcertó.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Por favor, señora… –suplicó Mordekûa al ver que se enfrentaba a él–, tenga cuidado, está como loco…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Hazle caso, Mirabel. No te conviene hacerme enfadar más de la cuenta. Vuelve a casa y te perdonaré.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Perdonarme? No… Eso se acabó, Romek. ¿Qué tienes tú que perdonar? Deja ese bidón y márchate o pediré ayuda.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– No te atreverás, no tienes valor para hacer nada… –Sara se tapó los oídos. Ella aún temía  a su padre– Vuelve a casa… ¡¡¡Ahora!!!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Volveré a casa, pero no contigo, Romek.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Qué? –un silencio denso y crítico envolvió la escena. El hombre sopesó la nueva actitud de su esposa. Calculaba si hablaba en serio o no– No importa, cuando acabe arreglaré este asunto contigo…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Dio media vuelta, cogió el bidón y se internó de nuevo en el patio, dispuesto a prender fuego a los abetos. Mirabel, al ver lo que se proponía hacer, se tapó la boca con la mano.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Mamá! Mira…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Sara señalaba hacia el patio. En su menudo rostro infantil se había dibujado una expresión de asombro e incredulidad, temor, íntima satisfacción… Mirabel, que ya se disponía a buscar ayuda, vio su expresión y se detuvo. Al mirar hacia el patio, lo que vio la dejó helada.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡¡Socorroooo!!!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Oh, Dios mío… –susurró Mordekûa– ¿Qué ocurre?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Son los árboles…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Mirabel estaba en lo cierto, pero no lograba explicar lo que estaba presenciando. Ante ellos los abetos en masa habían rodeado a su marido y, en medio de una agitada marea de ramas que se movían sin ton ni son, habían logrado enredarle, atraparle y reducirle. El bidón de gasolina cayó de sus manos, un rumor extraño se elevó entre los árboles que le rodeaban… Sólo Sara comprendía lo que decían.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Acabemos con él! –gritaba uno de los airados abetos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¡Sujetadle! ¡Acabad con él!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Romek desapareció en medio de la furiosa marabunta de abetos, cuya tumultuosa revuelta parecía incontenible.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Mamá, ¿qué va a pasar?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– No lo sé Sara, no sé qué está pasando…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Los árboles están vivos, mamá.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Ninguna de las dos se atrevió a moverse. La situación sobrepasaba su entereza. Mordekûa, que intuía que algo sobrenatural estaba sucediendo, tampoco hizo ni dijo nada. Incluso Black había enmudecido, a pesar de que él sabía de sobra de lo que eran capaces los árboles.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Al cabo de un rato los abetos fueron aquietándose, el atroz murmullo de sus voces se fue apagando, y al fin la calma regresó al vivero. Black se sentó, las orejas muy derechas, atento al patio. Nada se movía en él.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Romek? –Mirabel no sabía qué hacer– ¿Romek?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– ¿Dónde está papá?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– No lo sé cariño, no le veo…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Señora, tenga cuidado –advirtió Mordekûa al ver que se acercaba al patio.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Pero ella intuía que no corría peligro alguno. Pasó por delante del expectante Black y se acercó a los abetos, que la observaban en silencio. No se sentían culpables por lo que habían hecho, en absoluto. Para ellos era una cuestión de supervivencia.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Mirabel buscó a su marido entre los árboles. Se internó en medio de ellos, anduvo entre los tiestos, apartando las grandes ramas, pronunciando su nombre en voz alta… Un fuerte olor a resina flotaba en el ambiente; la quietud era absoluta. Desde el cielo cayeron algunos copos de nieve. Romek no estaba. Había desaparecido.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Capítulo 6&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El bosque ya no le parecía al joven sauce tan umbrío y triste como antes. Liberadas sus raíces, se alegraba de haber regresado, se enorgullecía de haber descubierto lo importante que era para él pertenecer a aquel maravilloso lugar. En todas las estaciones del año, incluido el invierno. Ya no le importaba estar desnudo o no, había aprendido la lección, se aceptaba a sí mismo en todas sus facetas, y lo mejor de todo era que incluso habiendo perdido una rama, había aprendido a mirar alrededor, a valorar cuanto le rodeaba, y a quienes conformaban su mundo. Jamás olvidaría a la pequeña Sara, pero su lugar estaba en aquel bosque, al que pertenecía por entero.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Echó una última mirada atrás, hacia el ancho sendero de nieve por el que había regresado al hogar. Se preguntó qué habría sido de Sara y su madre… Algo le decía que ahora eran tan libres como él. Sintió una punzada de alegría en su interior, y suspiró.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Vamos, árbol tonto… –susurró cariñosamente Kobalim– ¿No vas a entrar?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Ya has estado demasiado tiempo ausente –añadió Rimbudëth, sentado junto a Kobalim en una de sus ramas–, creo que te habrán echado de menos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;– Sí, tenéis razón.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;El joven sauce se internó en el bosque. Aspiró con fuerza el aire frío de la tarde, dejó que la nieve empapara sus raíces al pisar sobre el manto de hojas sepultado en el suelo… Vio al viejo avellano, aún dormido, los acebos, resplandecientes con sus preciosas bolas rojas repartidas entre las puntiagudas hojas verde brillante, los altos robles, los matorrales… Se sintió en casa.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Sabía dónde debía pasar el invierno. Con aire decidido, no se dio cuenta de lo hermoso que estaba al cruzar el bosque en dirección al río; su figura resplandecía con destellos de plata, sus ramas semejaban lazos brillantes, y cuando se asentó a la orilla de la mansa corriente de agua, hundió sus raíces en la fértil tierra negra y se inclinó para dormir hasta la primavera, no le importó nada de todo eso. Una felicidad maravillosa recorría su tronco de arriba abajo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Los duendecillos estallaron en sonoras carcajadas, contentos de haber recuperado al sauce. El bosque volvía a estar completo ahora que había regresado para ser lo que debía…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 16px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;© Maite R. Ochotorena&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-7089551659459123387?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/7089551659459123387/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=7089551659459123387' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/7089551659459123387'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/7089551659459123387'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2009/01/el-sauce-llorn.html' title='El Sauce Llorón'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-3065071116529444884</id><published>2009-01-14T14:40:00.002Z</published><updated>2009-01-14T14:58:31.844Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El Sueño del Trovador'/><title type='text'>El Sueño del Trovador</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Capítulo 1&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Amanece sobre la ciudad dormida, apacible el sol que se derrama, planea sobre el horizonte encendido de albores encarnados. Se extienden las sombras por los abigarrados tejados, alargadas entre la bruma como una pátina infinita. A través de la ventana abierta se cuela la luz ya amanecida, irrumpe en la estancia del poeta, rasga el cortinaje velado de gasa blanca, tantea entre sus cosas como el amante curioso, rebusca resplandeciente hasta encontrarle a él, el poeta, como dormido.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su rostro descansa sereno, plácido es el sueño que guarda en su hermoso gesto… o sólo parece que duerme, porque su pecho está inmóvil, la piel se ha vuelto fría. Tiene el corazón helado. El cuerpo del joven murmura la advertencia en la quietud de esa mañana: que la esperanza le ha abandonado. El poeta está muerto por dentro, llora lágrimas de amor en secreto.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Capítulo 2&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El tren de cercanías irrumpió en la abarrotada estación. Llegó como una punta de acero temprana, gastado de óxido viejo y decorado con imaginativas pintadas. Era un tren cotidiano. Transportaba la rutina del trabajo, los sueños de futuro, los problemas hogareños, corazones que se ocultan anónimos tras un libro abierto, tímidas sonrisas o el ceño fruncido del eterno ausente. La voz en lo alto anunció estridente su llegada, chasqueó la megafonía. Las notas lejanas de una guitarra bohemia acompañaron aquellas apáticas frases manidas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El tren chirrió sobre la vía y se detuvo. Una marea de impacientes viajeros se preparó en el andén, mochilas, maletas, periódicos… un revuelo agitado entre quienes tomaban el mismo transporte cada día. Dieron las nueve en punto. En el bullicio de quienes subían y bajaban, entre empujones y disculpas, abrigado con una chaqueta de pana algo raída de experiencias compartidas, se esforzaba un joven por ocupar su asiento. Escogió aquél junto a la ventanilla, donde daba el sol de la mañana, entre la anciana malhumorada y el ejecutivo impaciente, su rincón de siempre. Por algún acuerdo tácito entre el ayer y el mañana, ese rincón le pertenecía, siempre estaba vacío, él era siempre quien lo ocupaba. Más tarde se preguntaría si el destino se lo había reservado para que ese día pudiera encontrar el amor… Más tarde se preguntaría una y otra vez si era premeditado que sólo desde allí pudiese descubrir a la que le robaría el sentido…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se sentó con su bolsa muy usada y sacó un libro de hojas apelmazadas, sobadas de tanto leer adelante y atrás, de repasar aquellas líneas encerradas de pasión que tanto le embriagaban. Era un libro de poemas, él era un poeta, trovador de versos secretos que garabateaba frenético en hojas sueltas, en el hueco de un margen, allí donde la tinta reclamaba su espacio.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Notó que el tren arrancaba, la agitación repentina del primer empujón de la máquina que tiraba de él por la vía; luego llegó el regular traqueteo mientras dejaba atrás la estación y se alejaba. Aquel rítmico vaivén regresó la normalidad a aquel vagón abarrotado, cada uno se encerró de nuevo en su particular universo y el trovador quiso perderse entre las amadas páginas del libro que sostenía en las manos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero ¿fue casualidad, o el azar? Antes de bajar la mirada y dejarla vagar sobre el abigarrado texto que sostenía entre las manos, vio de soslayo esos ojos hermosos que después le robarían el sueño…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Levantó la vista del todo, sorprendido como si le hubiesen alcanzado con un dardo envenenado. Allí estaba ella, ausente, apoyado el menudo rostro en la mano delicada, con el suspiro contenido en los labios sonrosados, las mejillas encantadoramente arreboladas… Miraba a ninguna parte, perdida en algún pensamiento atesorado que él no podía descifrar en la distancia; el sol se derramaba sobre su figura inmóvil, arrancaba destellos en secreto de esos ojos soñadores. No pudo apartar la mirada, cautivo de un ángel tan bello, más hermoso aún en su ensoñación, que teñía de romanticismo el cuadro perfecto del que formaba parte sin saberlo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mientras el tren devoraba las vías velozmente, el paisaje a través de las ventanillas se perdía como una cinta pasajera del mundo, un brochazo breve de las verdes montañas por las que pasaban, los pueblos hundidos en sus vaguadas entre la bruma; los árboles apenas eran sombras desdibujadas que enseguida se perdían en la distancia.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El revisor apareció cruzando entre vagones. Pidió billetes maquinalmente y los viajeros obedecieron del mismo modo. A su paso se posó el silencio, rasgado por el revuelo de manos que rebuscaban en los bolsillos, abrían la cartera, una tos incómoda al fondo y el peculiar ¡clac! al picar cada billete. El joven le observó cuando se paró junto a la desconocida, ansioso por que alzara el semblante y así poder contemplarlo mejor. Contó uno, dos, tres, cuatro segundos, pero ella estaba ensimismada. Tuvo el revisor que carraspear para llamar su atención. Al fin su tos exigente la sacó del lejano mundo en que se hallaba. Extasiado la vio sonreír, sonrisa divina, ingenua de tímida disculpa; sacó su billete del bolsillo de su abrigo negro y se lo tendió al revisor malhumorado. Pudo ver con claridad el rostro fino, la piel blanca destacada por el sonrojo que coloreaba sus mejillas, la menuda nariz recta, las cejas bien delineadas sombreando aquellos ojos grandes, brillantes, sonrientes… Una punzada de dolor le partió el corazón en dos, herido de muerte se rindió al amor… Fue cautivo de su visión.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El revisor continuó su recorrido, ajeno al mágico hechizo que acortaba la distancia entre el asiento del fondo, donde se sentaba la joven, y el del otro extremo del vagón, donde el poeta trovador callaba hechizado, mudo el gesto, arrebolado de admiración. Quizás sensible a su atención desmedida, ella se volvió en su dirección, buscando el origen de la vaga inquietud que de pronto agitaba su perfecta abstracción. Sus ojos se cruzaron en ese instante mágico, se quedaron prendados de una íntima comprensión. ¿Qué caprichoso juego enlazó sus almas en aquella muda contemplación? El trovador sonrió, mil versos acudieron del corazón a su mente, y de ésta a sus labios, sin llegar a pronunciarlos, cuando ella se sonrojó y apartó el rostro, consciente por primera vez de él.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Vuelve a mirar… –rogó él con la ansiedad grave en la voz ahogada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Como si obedeciera a sus deseos la muchacha abandonó su escondido alborozo y de nuevo le dedicó una mirada, tímida, curiosa. Se preguntaba en la distancia por qué él la miraba, si era ella realmente el objeto de su atención, incrédula de serlo, ansiosa no obstante por desear parecerlo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El tren se detuvo en alguno de los pueblos de su recorrido. Una docena de viajeros abandonó sus asientos, cogieron sus bolsas, se abrigaron con abrigos y bufandas –pues fuera hacía una fría mañana de soleado invierno–, abandonaron el vagón y sus pasos se perdieron en la estación cuando poco a poco desaparecieron.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Apenas quedaron cinco personas en aquel vagón de pronto silencioso. La distancia sin embargo entre los dos cómplices del casual encuentro pareció crecer como si el vacío abierto que mediaba libre de viajeros fuese el foso insalvable del desconcierto.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El tren arrancó despacio. El cuarentón ejecutivo que ocupaba el asiento frente al joven miró el reloj y se levantó; cogió su chaqueta, pidió perdón al pasar, se alejó para desaparecer tras la puerta hacia su próximo destino, a cinco minutos de constante traqueteo. Cuando la interrupción acabó, el joven había apartado por un momento la mirada de la muchacha. Al volver a buscarla descubrió que ella le sonreía desde el otro lado. Apenas pudo respirar, le robó la sensatez, el corazón y el alma. Si la dejaba marchar se oscurecería su mundo como cuando nos alcanza una noche sin estrellas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al fin, tras dos paradas más a las que ninguno de los dos prestó atención, el tren alcanzó el destino que al parecer era para ambos el mismo. Se levantó él, despacio, sobrecogido. Se levantó ella, temblorosa e incierta en sus movimientos; consciente de la corta distancia que les separaba, de que él caminaba ya en su dirección, hacia la puerta.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Hola Teresa! –una voz conocida le arrebató el momento intenso y el peligro. Se volvió para encontrarse cara a cara con una compañera de estudios. Era María, no solía hablar mucho con ella, no congeniaban, las dos los sabían. Sin embargo allí estaba, apartándola de aquel extraño que ya se acercaba a ellas. Ansiaba mirarle, saber si aún la observaba– No te había visto, y eso que estaba sentada bien cerca…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Yo tampoco te había visto –logró decir Teresa con forzada ronquera. De reojo vio que él estaba ya a su lado, a punto de pasar entre las dos para alcanzar la puerta. El tren iba a detenerse– …estaba distraída.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Hola…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al parecer él conocía a María. Teresa creyó desfallecer. Sus ojos volvieron a cruzarse intensamente. Deseó estar a solas con él, perderse para siempre en aquella mirada grave.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Ah! Hola, tampoco a ti te había visto! –María le sonrió– Oye Abel, tengo aquí el libro que me dejaste el otro día…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;María le arrebató de su lado. Le cogió con premeditada intención del brazo y lo arrastró fuera, sin esperar a Teresa. A su espalda un lastimero chirrido anunció la partida del transporte. Un centenar de jóvenes ocupaba el mismo andén en que se encontraban los tres. Lentamente se encaminaron hacia el pueblo, donde cursaban sus estudios superiores. María caminó con Abel por delante. Teresa no se atrevió a adelantarles, ni a colocarse a su altura. Era evidente que María pretendía separarles, y era tal el temor que sentía a la marea de emociones que embargaba su corazón, que no tuvo valor para hacer otra cosa que padecer de amor el tiempo que duró aquel anónimo paseo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Capítulo 3&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Abel abrió los ojos, arrebatado al sueño inquieto por aquel sol tempranero. Había sido el suyo el duermevela del enamorado, del trovador que guarda en secreto el dulce clamor del amor encontrado. Encontrado y perdido al mismo tiempo. Yacía boca arriba sobre las sábanas arrugadas, el cuerpo inerte, desvencijado y abrumado. Aún ardía en su pecho la llama encendida en el tren de cercanías. No había vuelto a ver a Teresa. La había buscado, sin éxito, y desde entonces padecía en silencio, seguro de que ella también le había amado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se giró de medio lado. Miró por la ventana, sin apartar el rostro de la almohada. La brisa helada del mes de enero entraba a ráfagas, sin barreras que contuviesen su aliento invernal.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Dónde estás? –susurró Abel con el amargo sabor del desamor en el paladar– ¿Dónde te encontraré, Teresa…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Podía olvidar tan pronto? ¿Renunciar al flechazo fulgurante que le había arrasado el alma? Abel era poeta, se sentía trovador, era su manera de ver el mundo, de afrontar los acontecimientos, buenos o malos. Por eso el impulso natural de su carácter le ayudó a abandonar el lecho de penuria en el que se acostaba. Se acercó sin calzarse a la ventana y se asomó al invierno soleado. Un mechón de cabello negro cubrió su frente, no se molestó en apartarlo. De nuevo el corazón latía en su pecho, como si al despertar hubiese recobrado el empuje necesario para seguir palpitando. Sabía que tenía que vestirse, aunque era domingo. No tenía prisa, no iba a ninguna parte, nadie le esperaba… pero tenía que recorrer la ciudad, buscar a Teresa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La calle a aquella hora festiva se adornaba de una calma clara de árboles desnudos que elevaban sus ramas hacia el cielo azul. Las tiendas se hallaban cerradas, los comercios descansaban, tan sólo algunas panaderías abrían sus puertas desde bien temprano; cestos repletos de pan recién hecho se amontonaban en sus puertas, el aroma que desprendían era intenso, como el de la brisa que acompañaba a Abel en su paseo. Caminaba abrigado en su chaqueta de pana, envuelto el cuello con una larga bufanda gris en la que hundía el rostro helado, embutidas las manos en un par de guantes de lana. A la espalda llevaba su guitarra, instrumento amigo que jamás le abandonaba. No es que quisiera hacer nada con ella, pero llevaba días rumiando versos apremiantes que muy pronto iban a brotar sin remedio. Si no soltaba aquella carga de sentimientos, pronto estallarían en su pecho, y no soportaría el embate poderoso de haberlos retenido demasiado tiempo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Alcanzó una plaza abierta, rodeada de bancos vacíos, porque era muy temprano. Las palomas saltaban deambulantes, erraban, levantaban el vuelo, se posaban de nuevo. Abel cruzó entre ellas y dirigió sus pasos hacia el paseo de Real, lugar emblemático de la ciudad, un parque arbolado donde quizás también Teresa fuese de vez en cuando.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Y por qué no? Bien podría ser…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se adelantó por un camino de tierra, bordeado a ambos lados de altos setos y parterres ajardinados. Desde aquel promontorio natural, sobre el mirador amurallado, se podía contemplar la ciudad aún silenciosa, y al fondo el mar brumoso, sumidas las olas en una plácida marea de manso abatimiento.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Abel se asomó, apoyado en la piedra de la muralla. El paisaje se dibujó en sus ojos como el sueño de su amor se había asentado en el corazón, con poderoso arraigo. Cogió la guitarra y se sentó en silencio.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Dame tu mano Teresa… –comenzó a recitar. Hizo vibrar las cuerdas, al principio dudoso– Dame tu mano para que pueda sacarte de las sombras, déjame traerte hacia la luz, donde mi pensamiento pueda tenerte al fin, donde ya no me ciegues de impaciencia…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su voz fue cobrando fuerza a medida que cantaba aquellos versos de amor. En la quietud de la mañana ni los pájaros del parque se atrevieron a interrumpirle. Eran hermosas sus palabras, brotaron del alma, dejaron discurrir la marea de sentimientos contenidos desde que conociera a Teresa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– …dame tu mano amor, dame una sonrisa, una mirada eterna… donde pueda mi corazón hallar el remanso que tanto anhela…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ensimismado en sus canciones las horas le abordaron sin descanso. Pasó la mañana, pasó el mediodía y llegó la tarde corta. Cuando por fin extinguió la última nota en su guitarra, la noche envolvía ya el parque con la negra sombra nocturna. Sin estrellas en el cielo, o eso le parecía, porque Teresa no había llegado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Capítulo 4&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Teresa dejó el teatro acongojado el ánimo por la representación que había contemplado. La obra era una historia de amor desgraciado, y en cada escena le había parecido verse a sí misma, enamorada de un desconocido al que creía haber soñado. Era tal la duda que atenazaba su juicio que ya casi se había convencido de que Abel no era sino producto de su imaginación, pues la mañana en que creyó verle en el tren había estado especialmente ausente, soñadora… y no le había vuelto a ver. No le había buscado, porque temía que al hacerlo convertiría en realidad sus anhelos, pero había estado atenta a un nuevo encuentro. El azar les había traicionado, o acaso era verdad que se lo había inventado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Abel…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pronunciar su nombre le traía cierto consuelo. Se fue calle abajo, lejos del bullicio de los espectadores comentando la obra, de las risas, del domingo antes del lunes y la amarga semana que vendría después. Sus pasos pronto resonaron huecos en las calles. Era tarde, hacía frío y la noche se cerraba oscura, sin estrellas en el firmamento.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Abstraída por completo caminó sin rumbo, arrebujada en su abrigo corto y negro. Su aliento se hacía volutas de vaho ligero y cuando exhalaba algún suspiro lastimero se perdía tras ella como un veneno.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fue así como sin darse cuenta se encontró a la entrada del paseo del Real. Se detuvo de pronto y tuvo miedo. Nada se movía alrededor, los árboles se dibujaban sombríamente contra el negro cielo desierto.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Qué hago aquí…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Teresa dudó.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un impulso desconocido la llevó entonces a cruzar la entrada. Caminó por el sendero de tierra y se internó en el paseo, hacia el mirador. Pensaba mientras el temor la dominaba, que desde aquel alto promontorio amurallado tendría una visión más amplia de la ciudad, y quizás la inspiración, o el corazón, le dictaran dónde encontrar a Abel… o le ayudaran a convencerse de que lo había imaginado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero había alguien en la muralla. Estaba de espaldas, con una guitarra muda en las manos. Miraba hacia la ciudad y más allá, absolutamente distanciado. Tanto que no la oyó llegar, ni siquiera cuando la tuvo prácticamente a su lado. Teresa no veía su rostro, sintió miedo. Se colocó a su lado. Estaban muy cerca el uno del otro.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Teresa… –suspiró entonces el desconocido, tan cerca que estremeció su corazón de esperanza.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Abel se volvió hacia ella. Acababa de ser consciente de su presencia. Al pronunciar su nombre había notado que la tenía allí, a su lado. Sus ojos se encontraron de nuevo, y fue como si el tiempo no les hubiera distanciado; como si una cruel broma del destino les hubiese mantenido apartados, lejos el uno del otro, cuando tendrían que haberse encontrado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Teresa…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Abel tendió su mano hacia ella, tomó su rostro, se acercó y la besó. Se abrazaron, ella se perdió en su pecho, él arrebató tierno su cuerpo entre los brazos, rodeada la cintura, entregados en aquel beso tan buscado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Capítulo 5&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mas aquel parecía un encuentro perecedero, como si una jugarreta del destino hubiese zarandeado las cartas del azar divirtiéndose con los amantes en aquel parque dormido…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;…De madrugada Teresa se despertó. Aún conservaba el sabor de los besos de Abel en sus labios, el calor de su cuerpo contra el suyo, el ardiente amor compartido… Desorientada, cayó en la cuenta de que estaba en su cuarto. No recordaba cómo había regresado a casa, cuándo se habían despedido.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Junto a ella encontró el libro de poemas que la semana antes había comprado, un hermoso libro, abierto entre las sábanas… Recordó haberse dormido así la noche antes de ver a Abel la primera vez… ¿Había sido entonces un sueño? ¿Se había dormido y de su imaginación había nacido todo aquel amor… ¿Aquel dolor que comenzaba a clavarse en su pecho…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se derrumbó sobre la cama, lágrimas amargas barrieron su rostro. Ahora estaba segura, recordaba bien lo ocurrido, haberse acostado, haber leído… hasta haber caído rendida. Todo había sido un sueño. Abel no existía, salvo en su corazón herido, tan real como la angustia que ante la realidad la devoraba por dentro. Lloró en silencio, incapaz de volver a conciliar el sueño. Pasó las horas desvelada, llena de rabia por el engaño. Tendida en su cama ahogó el lamento, ansiosa por recuperar lo que por un breve tiempo había sido suyo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al fin el amanecer irrumpió sobre la ciudad dormida, El sol se derramó y planeó sobre el horizonte encendido de albores encarnados. Se extendieron las sombras por los abigarrados tejados, alargadas entre la bruma como una pátina infinita. A través de la ventana abierta se coló la luz ya amanecida, irrumpió en la estancia y encontró a Teresa, ya dormida. Rasgó a hurtadillas el cortinaje velado de gasa blanca, tanteó entre sus cosas como el amante curioso, rebuscó resplandeciente hasta acercarse a ella, sumida en un profundo sueño reparador, el de la amante desengañada por una quimera fantaseada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su rostro descansaba sereno, plácido era el sueño que guardaba ahora en su hermoso gesto… o sólo parecía que durmiera, porque su pecho estaba casi inmóvil, tenía el corazón helado. El cuerpo de la joven murmuraba la advertencia en la quietud de esa mañana: que la esperanza le había abandonado, porque su amor por Abel había sido un sueño robado de las páginas de un libro tantas veces explorado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;© Maite R. Ochotorena&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-3065071116529444884?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/3065071116529444884/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=3065071116529444884' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/3065071116529444884'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/3065071116529444884'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2009/01/el-sueo-del-trovador.html' title='El Sueño del Trovador'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-1150856021308332439</id><published>2009-01-14T09:50:00.002Z</published><updated>2009-01-14T14:59:10.128Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La Última Huella'/><title type='text'>La Última Huella</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La vida parece derretirse en mi pecho, deslavazada y dispersa, sin que la magia que anida en el mundo pueda borrar las huellas que la pena ha dejado en mi corazón. Qué soledad, ahora que no queda nadie más, como si los sonidos cayeran gota a gota alrededor, como si cada segundo la cadencia de mi corazón fuese más despacio... Hasta los árboles del bosque más antiguo semejan sombras confusas que murmurasen entre sí.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me hallo al borde del lago donde mi compañero ha perdido el alma, hundidos mis pies en el lodo resbaladizo, con el agua oscura lamiéndome los dedos suavemente. Una brisa leve, apenas un soplo cálido, incapaz de revolver mis cabellos, negros como el lodo en que me hundo, recorre el claro anclado en el valle, en lo más profundo de la montaña. Desde aquí, en el sombrío lecho de intenso verdor, no se ve la cima, sólo esa muralla susurrante de verde esmeralda y troncos de plata que lo cubre todo alrededor, grandes árboles que trepan por las laderas para besar el cielo con sus ramas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cierro los ojos, repitiendo su nombre sin cesar, como si al pronunciarlo en voz alta fuese a hacerle regresar...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Soy la última. No queda nadie más, sólo yo. El resto se ha ido, poco a poco, del mismo modo que la corriente de un río fluye imparable hacia el mar. Cuando yo desaparezca, el mundo permanecerá, y nadie recordará que una vez estuvimos aquí. No hay huellas, no queda nada... Lo han quemado todo, llegan del otro lado del mar y arrasan a fuego y acero cuanto de bueno y hermoso hay en este mundo. Sus cuerpos brillan bajo el sol, encerrados bajo corazas impenetrables, sus ojos son como el hielo, impasibles y duros, no hay alma tras ellos. Hablan una lengua extraña y han venido a aniquilarnos, a quitárnoslo todo... Como si alguna vez la Tierra les hubiese pertenecido. ¿Cómo sabrán que sufrí, llorando, antes de desaparecer? ¿Cómo sabrán que una vez amé, que tuve sueños, esperanza...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La superficie del lago brilla con esa pátina de reflejos ondulantes flotando bajo el cielo gris. Ahí yace él. Ahí yacen todos. Todos menos yo, la última de mi raza.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mis pies morenos aún conservan los delicados trazos que él dibujó sobre mi piel, desde los tobillos hasta la cadera, una espiral ascendente de símbolos que representan su amor por mí. Como cuando me abrazaba entre susurros... Sus caricias se demoraban en cada dibujo, recorriendo mi piel.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cierro los ojos y rezo a la Madre Tierra. Elevo las manos hacia el firmamento, que guarda los espíritus de mis hermanos, y trazo señales en el aire para que encuentre su camino. ¿Quién me enseñará el mío cuando tenga que partir? ¿Me esperará él para guiarme?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La brisa se vuelve viento, enreda mi pelo y descubre mi rostro sereno; las hojas se agitan en las ramas más altas de los árboles, susurran como un coro infinito; el sol asoma un instante por encima de las nubes; un águila planea muy alto, describe círculos que yo sigo con mis dedos... Y entonces le imagino a mi lado. Sonríe. Sus ojos oscuros me añoran, como yo a él. Tiende su mano hacia mí... ¿Qué otro camino me queda por recorrer?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sigo las huellas de mi destino. Detrás de mí se pierde el rastro de mi historia.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;© Maite R. Ochotorena&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-1150856021308332439?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/1150856021308332439/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=1150856021308332439' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/1150856021308332439'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/1150856021308332439'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2009/01/la-ltima-huella.html' title='La Última Huella'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-5736938618992381385</id><published>2009-01-13T17:42:00.006Z</published><updated>2009-01-13T17:50:45.159Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ilustraciones'/><title type='text'>Dos ilustraciones para mis sobrinitas</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/SWzUC8axgtI/AAAAAAAAAMI/T4ZCBr9H5Ig/s1600-h/Nerea+1.jpg" style="text-decoration: none;"&gt;&lt;img style="text-decoration: underline;cursor: pointer; width: 200px; height: 150px; " src="http://3.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/SWzUC8axgtI/AAAAAAAAAMI/T4ZCBr9H5Ig/s200/Nerea+1.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5290836809296741074" /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;div&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/SWzUCg5VgBI/AAAAAAAAAMA/c1rUIrPYF00/s1600-h/Haizea+1.jpg"&gt;&lt;img style="cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 150px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/SWzUCg5VgBI/AAAAAAAAAMA/c1rUIrPYF00/s200/Haizea+1.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5290836801908736018" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-5736938618992381385?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/5736938618992381385/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=5736938618992381385' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/5736938618992381385'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/5736938618992381385'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2009/01/dos-ilustraciones-para-mis-sobrinitas.html' title='Dos ilustraciones para mis sobrinitas'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/SWzUC8axgtI/AAAAAAAAAMI/T4ZCBr9H5Ig/s72-c/Nerea+1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-1462774872791999953</id><published>2009-01-13T17:07:00.008Z</published><updated>2009-01-14T11:19:35.175Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ilustraciones'/><title type='text'>Calendario 2009 para Grupo Finsi</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/SWzSQ58aF8I/AAAAAAAAALo/-iublAaGnF0/s1600-h/Calendario%E2%80%93finsi_portada02.png" style="text-decoration: none;"&gt;&lt;img style="text-decoration: underline;cursor: pointer; 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width: 194px; height: 200px; " src="http://3.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/SWzRCEUY-9I/AAAAAAAAAK4/R1_jJ2T6zmw/s200/Calendario%E2%80%93finsi_junio.png" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5290833495702698962" /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/SWzRAsTLytI/AAAAAAAAAKw/Xg4o8LH-gwA/s1600-h/Calendario%E2%80%93finsi_julio.png" style="text-decoration: none;"&gt;&lt;img style="text-decoration: underline;cursor: pointer; width: 194px; height: 200px; " src="http://4.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/SWzRAsTLytI/AAAAAAAAAKw/Xg4o8LH-gwA/s200/Calendario%E2%80%93finsi_julio.png" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5290833472075320018" /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/SWzP_D4OT2I/AAAAAAAAAKo/0tR853oyIa4/s1600-h/Calendario%E2%80%93finsi_agosto.png" style="text-decoration: none;"&gt;&lt;img style="text-decoration: underline;cursor: pointer; width: 194px; height: 200px; " src="http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/SWzP_D4OT2I/AAAAAAAAAKo/0tR853oyIa4/s200/Calendario%E2%80%93finsi_agosto.png" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5290832344533323618" /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/SWzP-z4ZxbI/AAAAAAAAAKg/Lw6-D3ekork/s1600-h/Calendario%E2%80%93finsi_septiembre.png" style="text-decoration: none;"&gt;&lt;img style="text-decoration: underline;cursor: pointer; width: 194px; height: 200px; " src="http://3.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/SWzP-z4ZxbI/AAAAAAAAAKg/Lw6-D3ekork/s200/Calendario%E2%80%93finsi_septiembre.png" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5290832340239107506" /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/SWzP-5yvdnI/AAAAAAAAAKY/EHeNIwoiM-E/s1600-h/Calendario%E2%80%93finsi_octubre.png" style="text-decoration: none;"&gt;&lt;img style="text-decoration: underline;cursor: pointer; width: 194px; height: 200px; " src="http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/SWzP-5yvdnI/AAAAAAAAAKY/EHeNIwoiM-E/s200/Calendario%E2%80%93finsi_octubre.png" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5290832341825975922" /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/SWzP-gTIkoI/AAAAAAAAAKQ/yfOrdJCyy9k/s1600-h/Calendario%E2%80%93finsi_noviembre.png" style="text-decoration: none;"&gt;&lt;img style="text-decoration: underline;cursor: pointer; width: 194px; height: 200px; " src="http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/SWzP-gTIkoI/AAAAAAAAAKQ/yfOrdJCyy9k/s200/Calendario%E2%80%93finsi_noviembre.png" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5290832334982517378" /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/SWzP-FibN2I/AAAAAAAAAKI/UVPYAJ0cUqA/s1600-h/Calendario%E2%80%93finsi_diciembre.png"&gt;&lt;img style="cursor:pointer; cursor:hand;width: 194px; height: 200px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/SWzP-FibN2I/AAAAAAAAAKI/UVPYAJ0cUqA/s200/Calendario%E2%80%93finsi_diciembre.png" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5290832327798896482" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-1462774872791999953?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/1462774872791999953/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=1462774872791999953' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/1462774872791999953'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/1462774872791999953'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2009/01/calendario-grupo-finsi.html' title='Calendario 2009 para Grupo Finsi'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/SWzSQ58aF8I/AAAAAAAAALo/-iublAaGnF0/s72-c/Calendario%E2%80%93finsi_portada02.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-5081377528893732525</id><published>2009-01-13T15:33:00.001Z</published><updated>2009-01-13T15:34:34.663Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Reflexiones'/><title type='text'>Él Sueña Mientras Otros Duermen</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tiene la carita manchada de ganas de vivir, las manos repletas de trazos de esperanza, el pelo revuelto de sueños sin cumplir, la mirada perdida en la ensoñación renovada cada vez que respira... cada vez que su corazón late reivindicando su derecho a existir.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Vuelve su carita al cielo, él sólo ve cuentos sin contar, historias sin desvelar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tiende las manos para dar, aún tiene ganas de compartir lo que aún no tiene, o lo que tendrá.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aspira con fuerza, aunque su lecho de pobreza duele, las noches gastadas de hambre hieren, las mañanas peladas de risas permanecen... Él aún se atreve a soñar. Toma aire cada día para poder empezar al siguiente con la terquedad de la esperanza.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No es el único, menudo en este mundo, anónimo entre los que pasan a su lado sin mirar, perdido en un intento desesperado por asomar por encima del abismo en el que nació. Pero la luz de su inocencia brilla en la oscuridad y su mirada llena el alma de sonrisas al que se atreva a devolvérsela.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-5081377528893732525?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/5081377528893732525/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=5081377528893732525' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/5081377528893732525'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/5081377528893732525'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2009/01/l-suea-mientras-otros-duermen.html' title='Él Sueña Mientras Otros Duermen'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-8118451977509416788</id><published>2009-01-13T15:13:00.006Z</published><updated>2009-01-14T14:59:41.261Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El Visitante'/><title type='text'>El Visitante</title><content type='html'>“Abre la puerta, llaman. Atiende…&lt;br /&gt;Pero vigila, porque al otro lado&lt;br /&gt;pueden estar tus miedos.&lt;br /&gt;Aguardan en la sombra para traspasar la línea,&lt;br /&gt;y no sabes para qué han venido.&lt;br /&gt;Abre… Abre la puerta. La duda te reclama.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El tiempo se detuvo al apagarse la luz del vestíbulo; se detuvo como se detienen las agujas del reloj cuando éste ya no tiene cuerda, como si algo se hubiese llevado el trazo invisible que marca el discurrir lento e inexorable de las horas, tan repentina como contundentemente.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Como el tiempo, el silencio quedó atrapado entre las paredes, el vivo retrato de un grito mudo de espanto. Allí no quedó hueco para el eco de unos pasos, o para una tos en otra parte, ni para el tintineo de unas llaves al abrir la puerta más arriba o más abajo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al cabo de unos minutos, en aquella hora enajenada de una noche cualquiera, rompió esa frágil barrera del tiempo y del silencio el rumor del agua al caer en el tejado. Arrancó en las nubes despanzurradas del cielo nocturno y descendió traqueteando en forma de lluvia, envuelta en una cadena de pequeños latigazos, con un fondo zumbante de inquietante constancia, el viento. La vibración de los cristales en el salón confirmó con su diluido reflejo intermitente la inminente llegada de la tormenta.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un susurro helado recorrió el pasillo muerto y se perdió por la escalera, un susurro preñado de desgracia, un murmullo de advertencias secretas cuyo eco se perdió deprisa mientras fuera, junto a la puerta de entrada, algo se avecinaba, sin pausa. El tiempo contuvo el aliento en la oscuridad, al ritmo cadencioso del miedo. Eran las once de la noche.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La aldaba sacudió la puerta con una serie de mazazos sin eco.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Yo vivía allí. No esperaba visitas. Estaba acostumbrada a mi serena existencia, una regalada soledad que me brindaba independencia y libertad. No esperaba ni deseaba visitas… Y sin embargo alguien insistía con rítmica impaciencia.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tuve que abandonar mi apetecible rincón entre libros a medio leer, un lugar atrincherado al calor de una lámpara agradable, entre cojines cálidos y una manta arrebujada, para recorrer el largo pasillo hasta el recibidor, donde otro insistente golpe sobresaltó mis pasos. Contuve una oleada de temor, pero reprimí el deseo injustificado de volver a mi reducto de descanso para ignorar aquella visita inoportuna e impertinente… Sorprendentemente, junto al incipiente miedo se hizo hueco la curiosidad.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Quise pasar inadvertida en el recibidor, pararme sin ruido delante de la puerta. Contuve la respiración al   ponerme de puntillas y atisbar a través de la mirilla para ver quién estaba al otro lado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un hombre. Una sombra alta y encorvada, una figura harapienta de negras vestiduras, largo cabello desgreñado que colgaba sobre aquellas ropas arrugadas en mechones deshilachados. La lluvia le caía por los hombros empapando su mugre como si se llevara con largos dedos negros una capa de barniz ajado que luego se dispersaba sobre el suelo mojado, mezclándose con su sombra ominosa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un visitante siniestro.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“No abras”, me advirtió mi conciencia.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El miedo se hizo fuerte, engulló mi curiosidad y encubrió mi escaso coraje, se coló por debajo de la puerta y se cogió de mi mano con gélida determinación. Allí, de pie en la oscuridad, había una sombría figura de aspecto espeluznante.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“No abras, no se te ocurra abrir… Deja que se vaya, ya se cansará…”.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No iba a abrir, pero aquel hombre alargó un brazo quebradizo y agitó la aldaba con unos dedos ahusados. Los golpes sacudieron la puerta en el marco. No podía ver su semblante, sólo un sombrero negro. Su figura entera se desdibujaba en la penumbra, como una aparición. De pronto levantó la cabeza y clavó sus ojos en mí… como si adivinara que estaba al otro lado de la puerta, clavada al suelo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Quién es… –musité asustada. “Vete, ya se marchará”– Váyase, no son horas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Eran las once de la noche, aquellas no eran horas de ir pidiendo por las casas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– No tengo nada que darle –insistí. Mi voz sonaba hueca–, además, éstas no son horas de venir… –mi voz sonó esta vez distante, como si no fuera yo quien hablaba, como si fuera la espectadora anónima de un sueño–. Márchese...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Me habría oído? El visitante mantuvo el rostro velado bajo el gastado sombrero viejo torpemente ladeado sobre su cabeza; su ala ancha y negra amontonaba las sombras difusas sobre una piel macilenta y avejentada. Dos ojos luminosos me observaron desde unas cuencas hundidas profundamente y arqueadas por unas cejas prominentes de entrecano pelo hirsuto; me observaron sin parpadear, negros, oscuros como la noche más execrable; una expresión huera de ominosa intensidad aleteaba en aquellas dos ascuas brillantes que taladraban mi intimidad.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me aparté de la puerta, sobrecogida por un terror visceral. Su imagen, en pie ante el umbral de mi casa, como el bastardo de un silencio pavoroso o el heraldo del mal, aún perduraba en mi memoria.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Transcurrió un minuto o dos en completo silencio. La aldaba estaba quieta, colgaba inerte mientras la lluvia caía sobre mi casa, sobre mis miedos. “Se habrá ido…”. Al poco me sentí menos vulnerable, convencida de que la puerta me proporcionaba seguridad, de que el visitante no podía traspasarla. Me acerqué de nuevo a la mirilla y observé.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El ambiente estaba helado, mi pulso acelerado, el terror, anclado en el pecho, ese cosquilleo inconfundible en la nuca, cuando te sientes observado… Le vi quitarse el sombrero, y descubrir una cabeza calva... y en su frente arrugada había una espantosa oquedad que deformaba el cráneo de forma inenarrable.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Cómo podía un ser de este mundo tener un agujero tan espantoso en la cabeza? La piel se hundía desde sus bordes redondeados hacia dentro, como si una pelota de golf le hubiese golpeado incrustándose en su frente, y ésta se hubiese amoldado a la forma de la pelota, que ya no estaba. Sólo había un horroroso agujero.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Grité espantada y me aparté, presa de la histeria. Reía y lloraba, rezando para que se fuera, rezando y suplicando para que aquel ser extraño abandonara mi puerta...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entonces se oyó el motor de un coche que se aproximaba y se detenía ante mi casa. Atacada por una risa estúpida recordé que mi madre iba a venir tarde, para cenar conmigo y hacerme compañía. Pero ¿cómo iba ella a pasar junto a aquel monstruo sombrío sin que le ocurriera nada? Quise chillar para advertirla.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Buenas noches, buen hombre... –oí que decía. Era la voz de mi madre. Sus pasos se habían ido acercando hasta detenerse junto a la entrada– Por Dios, ¿cómo está aquí así, a la intemperie?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– No tengo qué comer, señora... Si pudiera usted darme algo...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Espere, enseguida le traigo algo caliente. Por Dios, pobre hombre...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La llave giró en la cerradura. Nunca olvidaré la sensación de vergüenza cuando al abrirse la puerta y entrar mi madre, descubrí que la figura espantosa que había confundido con la de un ser del otro mundo era la de un pobre mendigo lisiado. Unas lágrimas de agradecimiento rodaban por sus mejillas demacradas al comprender que por aquella noche iba a poder comer algo. Me miró sin resentimiento, los ojos oscuros anegados de tristeza.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;© Maite R. Ochotorena&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-8118451977509416788?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/8118451977509416788/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=8118451977509416788' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8118451977509416788'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8118451977509416788'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2009/01/el-visitante.html' title='El Visitante'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-6689539537662415794</id><published>2008-06-03T09:45:00.001+01:00</published><updated>2008-06-03T09:45:57.621+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>La Mentira</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lánguida se estremece la lengua cuando miente. Es el anfiteatro del invento, la versión postergada de una vida imaginada, el cuento sin cuentos del retoño enardecido y el ego que oscurece el alma. Lánguida se descuelga en nuestra mente, la mentira se crece, se retuerce…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lánguida y perezosa, descarnada en su desnuda postura, zalamera y persistente. Se mece en el devaneo y hiere. Más profundo que una daga, más ardiente que el más candente hierro al rojo, marca con dientes de sable la mentira, deja una huella eterna de su lengua viperina.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lánguida y candente, perenne en el intento, avanza y retrocede. Amante hechicera se divierte en el ingenio, tiende la trampa del veneno de palabras, hiel de tono siniestro, susurro de sombras y rincones secretos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lánguida se estremece la lengua cuando miente…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-6689539537662415794?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/6689539537662415794/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=6689539537662415794' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/6689539537662415794'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/6689539537662415794'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/06/la-mentira.html' title='La Mentira'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-5574462431846432606</id><published>2008-05-06T08:50:00.001+01:00</published><updated>2009-01-14T15:00:18.811Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La Ventana'/><title type='text'>La Ventana</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El paisaje se abrió ante ella como una extensión amarga de su angustia, trazado de secas montañas y de dudas; un cielo carmesí preñado de pasional recelo, nubes vacuas de tormentoso hechizo, caminos sin destino, un río de agua dulce vestido de esperanza… pero tendidos los puentes sin que nadie los cruzara a aquella hora temprana. Parpadeó indecisa. Algunas lágrimas arrebatadas a su alma escaparon en desilusionada carrera… Fueron a perderse en la distancia de aquel abismo artificial levantado sobre el asfalto ceniciento, en una ciudad cualquiera, una mañana cualquiera. Ella era una mujer anónima, abandonada en sueños, sola en aquel cínico mar de vidas entretejidas en una broma sin sentido, sola en aquella habitación con vistas al cuadro de su vida. Qué gris se le antojaba aquella visión breve enmarcada entre gasas; era una lejana versión de una pesadilla en la que acababa de despertar. Cerró de nuevo los ojos, húmedos de plegarias, y murmuró en voz baja para despertar, al abrirlos, en otra parte. La brisa vertió sobre ella su aliento, sin decir nada; el sol asomó desde los altos edificios que la rodeaban, extendiendo sus largos dedos sobre los tejados dormidos, sin mirarla. Envuelta de algodón miró de nuevo, sólo para descubrir que aquella vista fantasmal se velaba de luces y sombras; la bruma levantada desgajaba racimos blancos y etéreos en la distancia; un rumor leve y ajeno murmuraba en el fondo, bajo esa neblina vaporosa. Era el mundo, aquella ciudad, una vista enmarcada que devolvía una versión distinta al que miraba; una broma dibujada tras la ventana, constante, cambiante, distante… Miró hacia abajo, qué alta estaba sobre aquel asfalto gris…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;© Maite R. Ochotorena&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-5574462431846432606?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/5574462431846432606/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=5574462431846432606' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/5574462431846432606'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/5574462431846432606'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/05/la-ventana.html' title='La Ventana'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-3484506312239742076</id><published>2008-04-28T16:25:00.000+01:00</published><updated>2008-04-28T16:26:22.433+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>El Ángel Nocturno</title><content type='html'>Camina y no camina,&lt;br /&gt;se desplaza como en sueños,&lt;br /&gt;es un ángel nocturno,&lt;br /&gt;una sombra difusa,&lt;br /&gt;hermoso heraldo&lt;br /&gt;de promesas y susurros.&lt;br /&gt;Vuela sin tocar el suelo,&lt;br /&gt;apenas roza las hojas del sendero,&lt;br /&gt;apenas esboza su rastro un leve suspiro,&lt;br /&gt;apenas se le oye&lt;br /&gt;mientras cruza el bosque entero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Camina y no camina,&lt;br /&gt;encendidos los ojos bellos,&lt;br /&gt;pálido el rostro sereno,&lt;br /&gt;largas las manos finas,&lt;br /&gt;largos los cabellos.&lt;br /&gt;Es un ángel hermoso,&lt;br /&gt;una visión difusa&lt;br /&gt;confundida entre las sombras,&lt;br /&gt;un pálpito extraño,&lt;br /&gt;un aleteo fresco…&lt;br /&gt;Cruza el bosque sinuoso&lt;br /&gt;el ángel luminoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Camina y no camina,&lt;br /&gt;camina sin rozar el suelo,&lt;br /&gt;vuela mecido por el viento;&lt;br /&gt;pasa dejando tras de sí&lt;br /&gt;un hálito fresco,&lt;br /&gt;un recuerdo imperecedero.&lt;br /&gt;Es el ángel nocturno,&lt;br /&gt;hermoso como un lucero,&lt;br /&gt;señor del ensueño,&lt;br /&gt;hechicero del pensamiento.&lt;br /&gt;Camina y no camina,&lt;br /&gt;se deja llevar…&lt;br /&gt;bosque adentro.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-3484506312239742076?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/3484506312239742076/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=3484506312239742076' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/3484506312239742076'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/3484506312239742076'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/04/el-ngel-nocturno.html' title='El Ángel Nocturno'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-9104747543233573343</id><published>2008-04-28T10:55:00.000+01:00</published><updated>2008-04-28T10:56:12.495+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Reflexiones'/><title type='text'>Tarde de Espejos</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El tiempo se ha detenido. Le gusta demorarse en el impás eterno de la espera, allí donde mi voz o mi pensamiento no encuentran hueco para el debate, ni mi existencia puede pintar nuevos trazos, ni mis anhelos encontrar sosiego, ni mi espíritu su imagen en este espejo. Se ha quedado inerte, sin aire, sin horas, sin segundos, sin ruido, sin un antes ni un después, reflejado en mis ojos, desafiante desde esa imagen sin líneas, aquietada en la superficie líquida en que me miro: el espejo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es tarde, o es temprano, o ya nada importa, o es que me miro y no me encuentro, o es que busco a tientas y no lo veo. ¿Es ese paréntesis que observo un vacío en el que me pierdo? Si extiendo la mano y rozo con los dedos ese suave perfil inverso, de imitada textura fría, de huera visión sin sentido, distante y perfecta, anónima e inhumana como la versión inanimada de mi presencia… Se mueve, pero no habla, no tiene voluntad, es una imitación burda de mi realidad atrapada en ese espacio sin pasado, sin presente ni futuro. Resulta indiferente, llora cuando yo lloro, ríe cuando yo río, mueve los labios cuando yo hablo, pero no habla, sólo es un reflejo que no acompaña, una doble y perfecta broma de un mundo sin destino.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El tiempo se ha detenido. Es tarde… por la tarde. Aquí y allí, en mi espacio y en ese otro invertido, las horas no encuentran su destino, se ahogan de segundos contenidos, de lapsos soportados, de esperas sin dueño. Me miro en ese espejo, o en cualquier otro, sólo veo una anónima presencia sin vida propia, una extraña pantomima enmarcada en un cuadro, como una foto eterna impasible y eterna, dibujada a golpe de espera… Si me marcho, si me aparto… será una escena vacía, un cuadro sin vida, muerto y hueco. No guarda recuerdos, no retiene sentimientos, ni los añora, ni los provoca. Es un curioso escenario en el que de vez en cuando me entretengo como espectadora sin entrada, actriz y directora, coreógrafa y guionista que ha olvidado su reparto. De vez en cuando regreso. En ese espacio nada cambia, sólo yo intervengo. Sin vuelta atrás ni adelante.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El tiempo se detiene en los espejos, devuelve los rasgos imperfectos de nuestras huellas, tal y como las hemos dejado; no tiene las respuestas, tampoco las preguntas; las horas se detienen mientras miro mi otro yo sin voluntad propia, marioneta pasajera que me observa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-9104747543233573343?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/9104747543233573343/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=9104747543233573343' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/9104747543233573343'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/9104747543233573343'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/04/tarde-de-espejos.html' title='Tarde de Espejos'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-8196766051134211764</id><published>2008-04-22T10:20:00.006+01:00</published><updated>2008-04-22T10:26:52.185+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ilustraciones'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Biomechanical Toy'/><title type='text'>Biomechanical Toy</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp2.blogger.com/_n41fj7afjic/SA2ugykI88I/AAAAAAAAAE4/uySkrkdCJ3I/s1600-h/biom0015.jpg"&gt;&lt;img style="cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_n41fj7afjic/SA2ugykI88I/AAAAAAAAAE4/uySkrkdCJ3I/s320/biom0015.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5191997823780451266" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp3.blogger.com/_n41fj7afjic/SA2uhCkI89I/AAAAAAAAAFA/wOmXHDDFIzQ/s1600-h/Biomechanical_Toy.png"&gt;&lt;img style="cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_n41fj7afjic/SA2uhCkI89I/AAAAAAAAAFA/wOmXHDDFIzQ/s320/Biomechanical_Toy.png" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5191997828075418578" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp3.blogger.com/_n41fj7afjic/SA2uhCkI8-I/AAAAAAAAAFI/7_vW7_OFumY/s1600-h/biomtoy_2.png"&gt;&lt;img style="cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_n41fj7afjic/SA2uhCkI8-I/AAAAAAAAAFI/7_vW7_OFumY/s320/biomtoy_2.png" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5191997828075418594" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_n41fj7afjic/SA2uhSkI8_I/AAAAAAAAAFQ/Uwf-WEmRO9w/s1600-h/biotoy.png"&gt;&lt;img style="cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_n41fj7afjic/SA2uhSkI8_I/AAAAAAAAAFQ/Uwf-WEmRO9w/s320/biotoy.png" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5191997832370385906" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Éstas son algunas imágenes más del juego de recreativa en el que colaboré. Espero poner aquí, muy pronto, algunos de los bocetos originales del juego.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-8196766051134211764?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/8196766051134211764/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=8196766051134211764' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8196766051134211764'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8196766051134211764'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/04/biomechanical-toy.html' title='Biomechanical Toy'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_n41fj7afjic/SA2ugykI88I/AAAAAAAAAE4/uySkrkdCJ3I/s72-c/biom0015.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-3616074162311771479</id><published>2008-04-18T21:21:00.004+01:00</published><updated>2008-04-18T21:26:56.627+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Noticias'/><title type='text'>Arranca Bubok!</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp3.blogger.com/_n41fj7afjic/SAkD_yERKnI/AAAAAAAAAEw/yS2VwGNgKHg/s1600-h/Los+Inocentes.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_n41fj7afjic/SAkD_yERKnI/AAAAAAAAAEw/yS2VwGNgKHg/s320/Los+Inocentes.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5190684439827524210" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por fin se ha puesto en marcha la página web &lt;a href="http://www.bubok.es/"&gt;Bubok&lt;/a&gt;, un portal especializado que abre las puertas a cuantos soñamos con darnos a conocer como escritores. Os invito a visitar esta página, en la que por cierto, yo ya he publicado mi novela Los Inocentes:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.bubok.es/libros/351/Los-Inocentes"&gt;Los Inocentes&lt;/a&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-3616074162311771479?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/3616074162311771479/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=3616074162311771479' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/3616074162311771479'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/3616074162311771479'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/04/arranca-bubok.html' title='Arranca Bubok!'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_n41fj7afjic/SAkD_yERKnI/AAAAAAAAAEw/yS2VwGNgKHg/s72-c/Los+Inocentes.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-5403466751942612239</id><published>2008-04-14T12:00:00.001+01:00</published><updated>2008-04-14T12:00:51.498+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Reflexiones'/><title type='text'>La Agenda del Día</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La agenda del día comienza al despertar la mente del letargo nocturno, cuando las ideas toman forma y los objetos se definen alrededor, alejándose la bruma perezosa y el abotargado aturdimiento de los sentidos. En ese instante privilegiado en que uno toma conciencia de la realidad y de sí mismo, parece necesario centrarse en echar mano de la cara positiva, para afrontar el mundo y la vida con todas las armas de que uno dispone, de la mejor forma posible: siendo honesto, honrado, leal, capaz y generoso. Ardua tarea, cuyo éxito final se me antoja, muchas veces, ilusorio.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al instante acuden en tropel toda una algarabía de excusas, recuerdos molestos, inquietudes y miedos, todos los recursos negativos que emponzoñan la página en blanco de mi agenda perfecta e inmaculada. Cada mañana afronto la misma batalla. Optimismo contra pesimismo, esperanza contra derrota y apatía, un sinfín de detalles que complican una ecuación en apariencia tan sencilla, la de salir a la calle y hacer de ese nuevo día un buen día. Hacer de cada día un presente mejor, del que atesorar una memoria imperecedera y grata que pinte el futuro como una sucesión de maravillosos días y el pasado como el recuerdo maravilloso de una sucesión de tesoros en el equilibrio justo que compensa el éxito y el fracaso de mi existencia.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No siempre me acuerdo de la agenda. A veces me levanto y salgo al mundo sin más, sin escudo, desprovista de proyectos o ilusiones, con la mirada perdida, desviada, agobiada por los fracasos del pasado y temerosa de los fracasos del futuro. En esos días me encomiendo al azar para que nada entorpezca mi camino. Pero la suerte no suele ser el mejor confidente, ni es leal, ni promete. Por eso ahora intento, antes de cruzar el umbral de mi casa y poner un pie en el presente… procuro, cada vez más, salir preparada, con los ojos bien abiertos y el espíritu dispuesto, con mi agenda de inquietudes y sueños bien llena de sonrisas, de entusiasmo, de esperanza y algo de comprensión, por si fracaso. Y si tropiezo, procuro tener un hueco previsto lleno de aliento y afecto.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Porque mi agenda es un diario que se sucede sin descanso y en el que no siempre escribo, porque se me olvida, porque dejo que el mundo me aturda. Es un diario que pese a mis silencios pasa las páginas, en blanco o no, hasta que llegue el final de mis días. Quiero que llegado el momento, al abrirla y repasar sus páginas, no haya muchas en blanco. Por eso cada vez más procuro llenar mi vida siendo consciente de que lo hago, para no perderme en el anodino discurrir del tiempo que tanto nos consume. Quiero llenar mi agenda y disfrutarla, de experiencias, de buenos momentos, de tesoros y de sueños.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-5403466751942612239?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/5403466751942612239/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=5403466751942612239' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/5403466751942612239'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/5403466751942612239'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/04/la-agenda-del-da.html' title='La Agenda del Día'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-474842002526130292</id><published>2008-04-10T12:21:00.001+01:00</published><updated>2009-01-14T15:01:11.379Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Quizás Mañana'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Quizás Mañana</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Son las siete y cincuenta y nueve, lo marca el reloj y me lo dice la memoria, que recela de mi desvelo y parece querer empujar la aguja para que den las ocho. Yo espero. Me entretengo, suspiro, miro el espejo, me veo, un triste reflejo hecho de esperanza, de ilusión, de sueños y ansiedades…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Puede que sea hoy.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mi reloj de pulsera marca ya las ocho en punto, la hora del embrujo, cuando abro la puerta, salgo al pasillo, bajo las escaleras… y me cruzo contigo. Es un instante eterno, mansamente arremolinado en mi cerebro; el momento preciso en que nuestros cuerpos se rozan al pasar; cuando tú me miras sin conocerme, sonríes sin quererlo; cuando el perfume de tu pelo me embriaga los sentidos; cuando de reojo espías mi figura preguntándote dónde me habías visto…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Puede que sea hoy.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Puede, pero el instante pasa. Tú te alejas pasillo adelante, yo continúo, percibiendo el aire tras de ti, vacío de ti, lleno de tu paso a mi lado. Y me arrepiento. Porque no te he saludado, porque no te he parado, quisiera haberlo hecho, pero no he podido.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Puede que sea mañana. A las ocho. Lo marcará el reloj, me advertirá la memoria… puede que mañana al fin me cruce contigo para no perderte… para que te quedes conmigo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Puede.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;© Maite R. Ochotorena&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 16px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-474842002526130292?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/474842002526130292/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=474842002526130292' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/474842002526130292'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/474842002526130292'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/04/quizs-maana.html' title='Quizás Mañana'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-2330975685418399856</id><published>2008-04-08T09:02:00.000+01:00</published><updated>2008-04-08T09:03:23.725+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Reflexiones'/><title type='text'>No Tengo Palabras</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No tengo palabras. Se me enciende el alma de escuchar tanto silencio, de ver tanta ceguera, de sentir tanta insensibilidad, cuando el mundo se llena de colores, de gritos, de llanto, de risa, de placeres y penas… cuando la vida se tiñe constantemente de arcoiris, de luto o de blanco puro, de mil matices espléndidos, de tantas voces al unísono, agudas o graves, con algo o sin nada que decir.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No puedo expresarme cuando fuera de mí hay tanto… tanto que me aturde la palabra, hiere mis sentidos, me ciega el paladar, retiene mi mano, …que vacila. Es la vida una pletórica sucesión de angustia y esperanza, de marchita existencia y floreciente futuro, un sinfín de lienzos espléndidos acordonados con ese delicado hilo… tan frágil, tan fuerte, tan efímero como un suspiro. El hilo de la vida, la vida que contemplo, que aspiro, que expiro, que me rodea, que te engalana, nos tienta y confunde, nos sonríe…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No tengo palabras. Se me enciende el alma de ver tanta ceguera, tanto sordo, tanto insensible… caminando por la vida sin pisar en ella, pasando por la vida sin detenerse a contemplarla, como fugaces rayos de sol pero sin su prístina belleza, vacuos corazones sin latidos, aplastados de temores, prejuicios, odio o desconfianza, ahogados de fría espera, como si esta maravilla que nos rodea fuese un velo descorrido en un escenario vacío, como si los hilos de sus almas se hubiesen roto quebrados por la muerte.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No tengo palabras pero quisiera anudar esos hilos, pintar sus vidas de mil colores, tender frente a sus pasos la esperanza y la alegría, borrar de sus ojos ese tapiz ciego que anula sus sentidos, para así mostrarles un mundo nuevo en el que quedarse, lleno de voces, de variopintas expresiones, donde la vista se empalague, donde escuchar sosiegue, donde sentir les llene…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-2330975685418399856?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/2330975685418399856/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=2330975685418399856' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/2330975685418399856'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/2330975685418399856'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/04/no-tengo-palabras.html' title='No Tengo Palabras'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-9172184125048114457</id><published>2008-04-07T09:25:00.000+01:00</published><updated>2008-04-07T09:26:15.075+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>El Campanario</title><content type='html'>Ha reventado de aullidos la torre,&lt;br /&gt;aullidos de hierro forjado.&lt;br /&gt;Truena el martillo histérico,&lt;br /&gt;truena el martillo hiriente,&lt;br /&gt;indemne a través de los siglos…&lt;br /&gt;Del martillo es la voz que hiere el aire,&lt;br /&gt;que extiende el reclamo&lt;br /&gt;desde el alto campanario…&lt;br /&gt;que extiende su mando&lt;br /&gt;en el amanecer temprano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es la voz aguda,&lt;br /&gt;es la voz perenne,&lt;br /&gt;el eco fantástico&lt;br /&gt;que tañe sobre el mundo;&lt;br /&gt;el eco impasible&lt;br /&gt;que doblega el ánimo.&lt;br /&gt;Esa voz golpea,&lt;br /&gt;se vierte de sombras,&lt;br /&gt;se agita en su cárcel,&lt;br /&gt;y bate…&lt;br /&gt;bate palmas de hierro&lt;br /&gt;al ritmo del que las tañe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Revienta a los cuatro vientos,&lt;br /&gt;es el clamor inquieto,&lt;br /&gt;ora airoso,&lt;br /&gt;ora fúnebre…&lt;br /&gt;ora alegre,&lt;br /&gt;ora del pesar heraldo…&lt;br /&gt;Revienta en todas direcciones,&lt;br /&gt;desde lo alto de la torre…&lt;br /&gt;hasta el vasto escenario&lt;br /&gt;que de sus ecos se recorre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del recuerdo de la tierra&lt;br /&gt;tendida bajo su mando,&lt;br /&gt;se desprende el rubor del mundo&lt;br /&gt;que nunca olvidó&lt;br /&gt;el triunfo de su orgullo;&lt;br /&gt;cuando se alza su voz&lt;br /&gt;retumban los campos,&lt;br /&gt;retumba el cielo,&lt;br /&gt;se viste el mundo…&lt;br /&gt;al son de su mandato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;©2008 Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-9172184125048114457?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/9172184125048114457/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=9172184125048114457' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/9172184125048114457'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/9172184125048114457'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/04/el-campanario.html' title='El Campanario'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-2533095054169374536</id><published>2008-04-06T13:08:00.001+01:00</published><updated>2008-04-06T13:09:53.427+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>El Rubor del Mundo</title><content type='html'>Cuando amanece el cielo se tiñe…&lt;br /&gt;de fulgores sonrojados;&lt;br /&gt;despliega el tímido albor&lt;br /&gt;mil velos sutiles de colorido manto.&lt;br /&gt;Cuando amanece despliega el llanto,&lt;br /&gt;de la tierra dormida,&lt;br /&gt;la voz del quebranto,&lt;br /&gt;susurros que ventean,&lt;br /&gt;que de su encanto se viste…&lt;br /&gt;y engalana, como si quisiera  gastarse…&lt;br /&gt;de suspiros regalados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, al mediodía,&lt;br /&gt;del cerco abrasador se aparta el sol,&lt;br /&gt;deslumbrado por el rubor,&lt;br /&gt;el rubor que el viento sureño&lt;br /&gt;le arrancó en sueños;&lt;br /&gt;el rubor tentado…&lt;br /&gt;de la tarde que llega sin prisa,&lt;br /&gt;vestida de engaños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Deja paso la luz del mediodía&lt;br /&gt;al plácido candor tardío,&lt;br /&gt;cuando los pastos verdes&lt;br /&gt;se rinden al viento vespertino,&lt;br /&gt;bailando la danza acunada&lt;br /&gt;de remansos y de flores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando anochece el cielo&lt;br /&gt;despliega su encanto…&lt;br /&gt;De las montañas lejanas,&lt;br /&gt;del lejano sueño pintado,&lt;br /&gt;se vierten sigilos y sombras,&lt;br /&gt;sus secretos enterrados…&lt;br /&gt;Es el rumor nocturno,&lt;br /&gt;el arrullo del mundo,&lt;br /&gt;que se esconde sonrojado,&lt;br /&gt;teñido del rubor anochecido…&lt;br /&gt;tendido y ya dormido.&lt;br /&gt;Es el clamor rendido&lt;br /&gt;de amaneceres y atardeceres,&lt;br /&gt;del juego sorprendido&lt;br /&gt;bajo el que todos dormimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;©2008 Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-2533095054169374536?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/2533095054169374536/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=2533095054169374536' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/2533095054169374536'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/2533095054169374536'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/04/el-rubor-del-mundo.html' title='El Rubor del Mundo'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-3616077011678031785</id><published>2008-03-26T15:52:00.002Z</published><updated>2008-03-26T15:55:21.617Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Cita con la Muerte</title><content type='html'>Tiene una cita temprana con la muerte,&lt;br /&gt;ha llegado imprevista, sacude inclemente.&lt;br /&gt;No esperaba sentirla de cerca,&lt;br /&gt;no esperaba vivirla,&lt;br /&gt;esperaba esquivarla como se esquiva el viento,&lt;br /&gt;un soplo ajeno que pasa de largo...&lt;br /&gt;Tiene una cita con la muerte,&lt;br /&gt;es su injusto gesto una mueca macabra,&lt;br /&gt;una máscara pálida que cubre ese rostro,&lt;br /&gt;el rostro amado de un hermano,&lt;br /&gt;el rostro añorado ya nunca encontrado.&lt;br /&gt;Acuna en sus brazos la cáscara inerte,&lt;br /&gt;el cuerpo sin vida del que una vez fue amigo,&lt;br /&gt;los restos sangrantes del que será llorado.&lt;br /&gt;Acuna en sus brazos el llanto angustiado,&lt;br /&gt;el mudo cúmulo de recuerdos atesorados.&lt;br /&gt;Acuna en sus brazos la duda hiriente,&lt;br /&gt;la muda pregunta que aturde su mente…&lt;br /&gt;mientras se pregunta el por qué de su muerte,&lt;br /&gt;el sentido que impulsa la mano asesina&lt;br /&gt;cuyo rápida cólera le ha robado al que quiere…&lt;br /&gt;Es ésta una cita imprevista,&lt;br /&gt;una cita injusta con la muerte,&lt;br /&gt;sacude inclemente, sacude inclemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© 2008 Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-3616077011678031785?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/3616077011678031785/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=3616077011678031785' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/3616077011678031785'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/3616077011678031785'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/03/cita-con-la-muerte.html' title='Cita con la Muerte'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-5631510076625285616</id><published>2008-03-14T08:59:00.001Z</published><updated>2008-03-14T09:00:47.948Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Reflexiones'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>La Voz del Miedo</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El tic-tac del reloj, el trémulo discurrir del tiempo entre las sombras del miedo. El frenesí ahogado que acogota el resuello; la vista nublada que enturbia la mente… se lleva el coraje, entierra el valor, destierra la voz de mando cuando bate el tambor en el pecho.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El tic-tac del reloj, ese constante latido que rasga el silencio, el vértigo ante uno mismo, como si, al asomarnos sobre el abismo, el miedo tomara forma; como si el reflejo de nuestra angustia fuese el grito que nos acalora… perpetuo en el tiempo, prolongado y desmedido.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El tic-tac del miedo, la voz que aplasta el pensamiento, la voz que aúlla en el intelecto, la voz desprendida que agita el alma de horrores inciertos… es la voz de nuestros miedos. La voz que nos domina… cuando no lo queremos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;© 2008. Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-5631510076625285616?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/5631510076625285616/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=5631510076625285616' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/5631510076625285616'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/5631510076625285616'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/03/la-voz-del-miedo.html' title='La Voz del Miedo'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-6035906459164925280</id><published>2008-03-04T15:40:00.004Z</published><updated>2008-03-04T15:54:05.842Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ilustraciones'/><title type='text'>Revö, el Elefante Rosa</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp1.blogger.com/_n41fj7afjic/R81wApmsB7I/AAAAAAAAAEg/quqQg-pjnkw/s1600-h/Elefante.png"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_n41fj7afjic/R81wApmsB7I/AAAAAAAAAEg/quqQg-pjnkw/s320/Elefante.png" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5173914703389001650" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Revö, el elefante rosa, se quedó sentado sobre la colina, asombrado por el apacible ambiente que aquietaba la breve tarde. Entre tanto, sentada a horcajadas sobre su coronilla, Denisse soñaba con los ojos cerrados, feliz de estar con  él. Revö era su mejor amigo, un grandullón tímido y encantador...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-6035906459164925280?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/6035906459164925280/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=6035906459164925280' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/6035906459164925280'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/6035906459164925280'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/03/rev-el-elefante-rosa.html' title='Revö, el Elefante Rosa'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_n41fj7afjic/R81wApmsB7I/AAAAAAAAAEg/quqQg-pjnkw/s72-c/Elefante.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-8687529981184974572</id><published>2008-03-03T15:27:00.002Z</published><updated>2008-03-03T15:30:36.777Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ilustraciones'/><title type='text'>La Chica al Viento</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_n41fj7afjic/R8wZBddlJBI/AAAAAAAAAEY/gIhyedYpuBw/s1600-h/Chica-al-Viento.png"&gt;&lt;img style="text-align: justify;float: left; margin-top: 0px; margin-right: 10px; margin-bottom: 10px; margin-left: 0px; cursor: pointer; " src="http://bp0.blogger.com/_n41fj7afjic/R8wZBddlJBI/AAAAAAAAAEY/gIhyedYpuBw/s320/Chica-al-Viento.png" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5173537584821117970" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta ilustración la he hecho con el photoshop, primero abocetando a papel. He escaneado el boceto a lápiz y después me he dedicado a darle color y a terminarlo. "La chica al viento", se llama.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-8687529981184974572?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/8687529981184974572/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=8687529981184974572' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8687529981184974572'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8687529981184974572'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/03/la-chica-al-viento.html' title='La Chica al Viento'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_n41fj7afjic/R8wZBddlJBI/AAAAAAAAAEY/gIhyedYpuBw/s72-c/Chica-al-Viento.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-8016038560670342306</id><published>2008-02-29T15:39:00.002Z</published><updated>2008-02-29T15:45:49.716Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ilustraciones'/><title type='text'>Evasión</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp3.blogger.com/_n41fj7afjic/R8gokNdlJAI/AAAAAAAAAEQ/U2sp6jKY_zk/s1600-h/Chica-en-la-Hoja.png"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_n41fj7afjic/R8gokNdlJAI/AAAAAAAAAEQ/U2sp6jKY_zk/s320/Chica-en-la-Hoja.png" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5172428774589146114" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Bueno, éste es otro dibujillo más para la colección.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-8016038560670342306?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/8016038560670342306/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=8016038560670342306' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8016038560670342306'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8016038560670342306'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/02/evasin.html' title='Evasión'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_n41fj7afjic/R8gokNdlJAI/AAAAAAAAAEQ/U2sp6jKY_zk/s72-c/Chica-en-la-Hoja.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-3371543453457768657</id><published>2008-02-29T11:27:00.005Z</published><updated>2008-02-29T11:34:18.941Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ilustraciones'/><title type='text'>Lluvia en la Parada</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_n41fj7afjic/R8ftFtdlI_I/AAAAAAAAAEI/sIeXLH0ql9g/s1600-h/lluvia-en-la-parada.gif"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_n41fj7afjic/R8ftFtdlI_I/AAAAAAAAAEI/sIeXLH0ql9g/s320/lluvia-en-la-parada.gif" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5172363379417097202" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No seáis malos, ésta es una ilustración que acabo de hacer con la tableta, la primera que hago de esta forma, y aunque no estoy demasiado orgullosa, bueno, es la primera, espero, de muchas otras que vendrán después. Intento dedicar más tiempo a las ilustraciones y compaginarlo con la escritura, y aunque me cuesta centrarme y dividir el tiempo, insistiré.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Poco a poco iré incluyendo los dibujos que vaya terminando. Espero que os guste!!&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-3371543453457768657?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/3371543453457768657/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=3371543453457768657' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/3371543453457768657'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/3371543453457768657'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/02/lluvia-en-la-parada.html' title='Lluvia en la Parada'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_n41fj7afjic/R8ftFtdlI_I/AAAAAAAAAEI/sIeXLH0ql9g/s72-c/lluvia-en-la-parada.gif' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-6724720529206682075</id><published>2008-02-21T15:46:00.002Z</published><updated>2008-02-21T15:47:00.225Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Reflexiones'/><title type='text'>La Letra Disfrazada</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una letra arrancada de cuajo del papel, rasgada la palabra en jirones de desarraigo, soledad e incomprensión. Una letra impregnada de odio, alejada e intoxicada, es la voz amenazante, es el susurro en la sombra.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una letra, un garabato, la firma latente del anónimo perseguidor, el que denosta el tiempo y el pensamiento libre. Una letra arrancada a gritos, el clamor indescriptible del inmaduro.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una letra incapaz, una letra atravesada de mentiras, de obtusa ceguera, disfrazada y zalamera. Se esconde tras el esplendor del erudito orador, pero es el sonsonete del tirano que bebe del necesitado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-6724720529206682075?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/6724720529206682075/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=6724720529206682075' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/6724720529206682075'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/6724720529206682075'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/02/la-letra-disfrazada.html' title='La Letra Disfrazada'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-5039640035193905687</id><published>2008-02-20T15:32:00.004Z</published><updated>2008-02-20T15:52:03.182Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Noticias'/><title type='text'>Duermevela</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp2.blogger.com/_n41fj7afjic/R7xJQkGyvVI/AAAAAAAAAD4/CkD3dcmpRm4/s1600-h/duermevela.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_n41fj7afjic/R7xJQkGyvVI/AAAAAAAAAD4/CkD3dcmpRm4/s320/duermevela.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5169087021233388882" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;He publicado un primer volumen con mis mejores poemas y textos poéticos, espero que el primero de otros muchos. Su título, "Duermevela", se refiere a ese estado de ensoñación en el que suelen acudir los mejores versos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resumen&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Duermevela es un paseo por el sentir más espontáneo, de caricias en la palabra y el pensamiento, de memorias y ensueños mecidos entre velas y misterios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Descargar o comprar impreso &lt;a href="http://www.lulu.com/content/2079154"&gt;Duermevela&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-5039640035193905687?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/5039640035193905687/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=5039640035193905687' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/5039640035193905687'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/5039640035193905687'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/02/duermevela.html' title='Duermevela'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_n41fj7afjic/R7xJQkGyvVI/AAAAAAAAAD4/CkD3dcmpRm4/s72-c/duermevela.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-7834423653736350224</id><published>2008-02-20T15:29:00.002Z</published><updated>2008-02-21T15:48:07.760Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>El Desierto</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El aire calmo en la frontera de arena; el aire reseco, el polvo prístino que enturbia, patina sobre el duro muro de las edades; se abre el paisaje castigado, sediento, abierto el desierto de dunas ondulantes.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La ráfaga se arrastra, ventea; lame las curvas heridas de castigadas huellas, se expande  de huera mirada cuando en el cielo se mira; la ráfaga es ráfaga y es aire calmado, es la voz de la tormenta, el murmullo del ocaso; en el desierto es el alma cambiante que dibuja el paisaje, la mano sin dueño, voluntarioso heraldo de eternas dunas sin ayer… sin mañana.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-7834423653736350224?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/7834423653736350224/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=7834423653736350224' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/7834423653736350224'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/7834423653736350224'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/02/el-desierto.html' title='El Desierto'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-8480494068747393078</id><published>2008-02-14T10:43:00.001Z</published><updated>2008-02-14T10:43:55.557Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Tu Voz en el Arroyo</title><content type='html'>Viste el arroyo tu voz&lt;br /&gt;entre las rocas,&lt;br /&gt;se viste de cristales dorados&lt;br /&gt;al clamor de tus caricias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viste de amor&lt;br /&gt;la seda que fluye,&lt;br /&gt;recorre de anhelos&lt;br /&gt;que enturbian su cauce.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Visten las aguas el amor&lt;br /&gt;bajo las piedras,&lt;br /&gt;visten de dorados reflejos&lt;br /&gt;la voz de tu presencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© 2008 Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-8480494068747393078?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/8480494068747393078/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=8480494068747393078' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8480494068747393078'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8480494068747393078'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/02/tu-voz-en-el-arroyo.html' title='Tu Voz en el Arroyo'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-4790653891423570035</id><published>2008-02-14T10:33:00.000Z</published><updated>2008-02-14T10:34:13.364Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Luna</title><content type='html'>Luna vertida de amores sentidos,&lt;br /&gt;luna vacía de reflejo cohibido;&lt;br /&gt;luna y estrellas se hieren de frío,&lt;br /&gt;el frío lamento en la noche perdido…&lt;br /&gt;el frío en el cielo sin luna dormido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© 2008 Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-4790653891423570035?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/4790653891423570035/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=4790653891423570035' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/4790653891423570035'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/4790653891423570035'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/02/luna.html' title='Luna'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-8617236504129993084</id><published>2008-02-14T10:27:00.003Z</published><updated>2008-02-14T10:48:56.725Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>La Sombra del Engaño</title><content type='html'>Se cierne la sombra,&lt;br /&gt;se priva el sentido,&lt;br /&gt;cuentan tus manos&lt;br /&gt;anillos de humo.&lt;br /&gt;Cuentan tus dedos&lt;br /&gt;lazos perdidos,&lt;br /&gt;es la palabra oculta&lt;br /&gt;el clamor del engaño,&lt;br /&gt;es la quebrada mentira&lt;br /&gt;que ya he comprendido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© 2008 Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-8617236504129993084?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/8617236504129993084/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=8617236504129993084' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8617236504129993084'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8617236504129993084'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/02/la-sombra-del-engao.html' title='La Sombra del Engaño'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-8447872387867928628</id><published>2008-02-13T12:55:00.000Z</published><updated>2008-02-13T12:56:00.194Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>El Sueño y la Brisa</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ella duerme el sueño manso, el rostro sereno, los ojos cerrados; hunde el semblante en mullido algodón, perfumado de rosas el suave olor que envuelve en las manos; tiene el cuerpo tendido, el cabello esparcido de sol reflejado; duerme arrebolada, el rostro sereno, los ojos cerrados…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Duerme serena y plácida, cuando la brisa llega, ligero el soplo con que se alienta; llega y la cubre a ella, de besos frescos, de caricias tiernas… Es la brisa de primavera, que arrastra el sol, revolotea… Se ha enamorado de ella, del rostro sereno, del cuerpo abrazado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ella duerme al sol temprano, los labios rojos, el rostro velado; la brisa se enreda en ella, quiere besarla, robarle el aliento… ser el perfume que la embelesa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ella duerme arrebolada, el rostro sereno los ojos cerrados; hunde el semblante en mullido algodón, perfumada de rosas la suave brisa que envuelve en las manos; tiene el cuerpo tendido, el cabello esparcido, de dulces caricias todo enredado; duerme arrebolada, el rostro sereno, los ojos cerrados…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;© 2008 Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-8447872387867928628?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/8447872387867928628/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=8447872387867928628' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8447872387867928628'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8447872387867928628'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/02/el-sueo-y-la-brisa.html' title='El Sueño y la Brisa'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-8747086396252411514</id><published>2008-02-12T12:14:00.000Z</published><updated>2008-02-12T12:15:17.149Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Campos Dormidos</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es el campo extendido en la mirada el rojo atardecer mecido por el viento; es la línea contra el cielo de dorado trigo vespertino, la ondulante y cambiante marea de ensueño que aturde los sentidos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se tiende en el reposo, murmura en el ocaso, la voz del agua se vierte de rocío volátil en el aire somnoliento.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es el campo eterno el cuadro caprichoso de los sentidos; es el fútil enredo de miradas y suspiros, cuando la mirada se pierde en la magia errante de caminos serpenteantes, cuando la voz del mundo revela el secreto anochecido del corazón exaltado, cuando el pálpito hechizado roba el sentido.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es el campo dormido, cuando la noche se recuesta plácida en su seno cálido de estrellas, cuando enmudece el rocío.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es el campo adormecido.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;© 2008. Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-8747086396252411514?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/8747086396252411514/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=8747086396252411514' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8747086396252411514'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8747086396252411514'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/02/campos-dormidos.html' title='Campos Dormidos'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-2056187826329394044</id><published>2008-02-12T11:56:00.000Z</published><updated>2008-02-12T11:57:09.100Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Rompe y Rasga</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Rompe y rasga el temprano castigo. De la hiriente burla se desprende el eco, aborrecido en el recuerdo; de la lengua falsa se vierte el veneno en el corazón, el dolor en la memoria, impronta tendida del pasado hacia el destino.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cae el celo traicionero del injusto, se vela su palabra, la mentira en la mirada, falsa la mano tendida del amigo añorado, el enemigo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Rompe y rasga…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Rompe y rasga, mudo el hablador, ambigua la palabra. Rompe y rasga, aún te espero, aún te justifico.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Rompe y rasga en el olvido.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;© 2008. Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-2056187826329394044?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/2056187826329394044/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=2056187826329394044' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/2056187826329394044'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/2056187826329394044'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/02/rompe-y-rasga.html' title='Rompe y Rasga'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-1286951435002931875</id><published>2008-02-12T11:46:00.000Z</published><updated>2008-02-12T11:47:51.070Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Reflexiones'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>La Palabra Herida</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No es la memoria en la perdida justificación, no es la respuesta en la medida de los sueños, es la impronta del destino en cada frase, el martillo justiciero del verbo mancillado, el rasgado trazo de la palabra herida.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es el péndulo amado del pensamiento hilado, la magia del hechizo elaborado, el deseo descrito de colinas bajo el cielo, de cuadros vívidos en el lienzo, es la promesa hilvanada del deseo hecho letra, cada línea amada, sentida, descrita…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No es la memoria justificada en la excusa del olvido, no es la pregunta en la impoluta inspiración, es el rasgo perfecto del alma en cada verso, la emulación del espíritu en el gesto atrevido, de cada palabra el embeleso.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;© 2008. Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-1286951435002931875?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/1286951435002931875/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=1286951435002931875' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/1286951435002931875'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/1286951435002931875'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/02/la-palabra-herida.html' title='La Palabra Herida'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-8611417280669979461</id><published>2008-02-05T19:43:00.001Z</published><updated>2008-02-05T19:43:52.366Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Dulce Veneno</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un murmullo me azota, amor, hiere brutal entre las olas que aturden, oprime el alma de tormento, me reclama.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es un grito ahora, amor, un lamento angustioso de lágrimas repleto, oprime el alma de tormento, me reclama.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es  suspiro, es desgarro, amor, siento el alma candente por dentro. Oprime el alma, el corazón, me arrebata, me reclama… Desfallezco, por ti, amor, eres el dulce veneno que me hace esclava… de lo que siento.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;© 2008. Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-8611417280669979461?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/8611417280669979461/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=8611417280669979461' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8611417280669979461'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8611417280669979461'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/02/dulce-veneno.html' title='Dulce Veneno'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-6226121671679249103</id><published>2008-02-05T19:34:00.000Z</published><updated>2008-02-05T19:35:25.430Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Amor Robado</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al amanecer recordó que ya era tarde. Se pasó las horas muertas contando el tiempo en su reloj, se tumbó en el antepecho de su amor robado, segura de haber hallado la flor embriagadora que tanto había soñado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al atardecer recordó que aún era pronto. Se pasó las horas lánguidas contando los suspiros, se sentó de espaldas al sueño del ayer, cuando aún retenía en sus brazos la flor embriagadora de esos besos que tanto había buscado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al anochecer supo que era el momento. Se pasó las horas nocturnas entre flores de embeleso, entregada al amor robado, segura de haber hallado lo que tanto había soñado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;© 2008. Maite R. Ochotorena. Todos los Derechos Reservados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-6226121671679249103?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/6226121671679249103/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=6226121671679249103' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/6226121671679249103'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/6226121671679249103'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/02/amor-robado.html' title='Amor Robado'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-6097591117590728500</id><published>2008-02-05T19:12:00.000Z</published><updated>2008-02-05T19:13:27.665Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Cuando Pienso en Ti</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Del sabor de tus besos guardo el anhelo en los labios, de tu ausencia en la palabra se desvanece la memoria, de cada pensamiento vuela el pálpito lánguido, cuando ya no queda más llanto, cuando siento que sin ti la vida suspira en mi pecho.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando pienso en ti, mi vida, desfallece el amor, pierdo el sentido, el casual pálpito que aún sostengo en mi corazón marchito.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando pienso en ti, mi vida, desfallece el amor, el amor que se me escapa, la oportunidad que nunca tuve, el deseo compartido de un sueño sin destino.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Del sabor de tus besos soñados, de tu presencia imaginada, de tu mirada deseada, de cada palabra tuya, de cada verso insinuado, guardo la promesa eternamente enajenada. Se desvanece la esperanza, cuando ya no queda más llanto, cuando siento que sin ti, amor mío, la vida suspira en mi pecho.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando pienso en ti, mi vida, desfallece el amor, es el amor negado, el que jamás tendré, el que soñé una vez. Un sueño sin destino…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;© 2008. Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-6097591117590728500?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/6097591117590728500/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=6097591117590728500' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/6097591117590728500'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/6097591117590728500'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/02/cuando-pienso-en-ti.html' title='Cuando Pienso en Ti'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-8626554421030497866</id><published>2008-02-04T14:49:00.000Z</published><updated>2008-02-04T14:50:34.279Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>La Noche</title><content type='html'>La noche abriga ensoñadora el subconsciente, se alía de sombras difusas que estorban la mente. La noche se desgarra de estrellas… vela el horizonte la luna llena, cuyo pálido resplandor refleja el agua quieta. La noche acude y se destapa, la noche escucha el secreto en el silencio, del firmamento eterno que tiende su manto, recoge la tarde en su regazo.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;© 2008. Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-8626554421030497866?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/8626554421030497866/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=8626554421030497866' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8626554421030497866'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8626554421030497866'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/02/la-noche.html' title='La Noche'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-1512353846887639217</id><published>2008-01-31T16:37:00.002Z</published><updated>2009-01-14T14:43:46.982Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Noticias'/><title type='text'>El Sueño del Trovador</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp3.blogger.com/_n41fj7afjic/R6Xg7C4kUYI/AAAAAAAAACo/-060Xxw41og/s1600-h/zoom_1970097.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_n41fj7afjic/R6Xg7C4kUYI/AAAAAAAAACo/-060Xxw41og/s320/zoom_1970097.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5162779852841177474" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hoy he publicado un nuevo relato, esta vez de amor. Es un canto romántico, muy poético y delicado. Espero sinceramente que os guste. Tiene una extensión de 22 páginas. Si queréis acceder a él, ésta es la dirección:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Descargar &lt;a href="http://www.lulu.com/content/1970097"&gt;El Sueño del Trovador&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-1512353846887639217?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/1512353846887639217/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=1512353846887639217' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/1512353846887639217'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/1512353846887639217'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/01/el-sueo-del-trovador.html' title='El Sueño del Trovador'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_n41fj7afjic/R6Xg7C4kUYI/AAAAAAAAACo/-060Xxw41og/s72-c/zoom_1970097.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-8672230614327629660</id><published>2008-01-31T09:50:00.000Z</published><updated>2008-01-31T09:51:27.540Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Es la Pena</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: arial;"&gt;Qué amarga es la pena que el corazón ahoga, qué ingrata cuando al brotar no arranca el lamento oculto en el pensamiento. Qué amargo sabor el del llanto atado que de la voz es heraldo en el pecho quebrado. Quisiera yo desgarrar el cielo de estrellas, dejarlo negro… como el negro sentir de mi tormento; quisiera yo alcanzar el sol para abatirlo, sesgar las nubes del firmamento, robar la luna, encadenar el viento. Si del mundo la luz fuese la llama encendida que amanece, sea yo el oscuro pesar que todas las sombras oscurece, sea mi llanto el clamor que abate, mi pena grande el martillo celoso de mis embates.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;© 2008. Maite R. Ochotorena. Todos los derecha reservados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-8672230614327629660?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/8672230614327629660/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=8672230614327629660' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8672230614327629660'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8672230614327629660'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/01/es-la-pena.html' title='Es la Pena'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-4526766288987951939</id><published>2008-01-30T16:31:00.001Z</published><updated>2009-01-14T15:02:34.504Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El Verdugo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>El Verdugo</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp3.blogger.com/_n41fj7afjic/R6RUlS4kUWI/AAAAAAAAACY/49VdroWPx0Y/s1600-h/zoom_1963878.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_n41fj7afjic/R6RUlS4kUWI/AAAAAAAAACY/49VdroWPx0Y/s320/zoom_1963878.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5162344072574423394" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La noche solía acompasar sus planes; era el tugurio de sus más abyectas reflexiones, el espacio desconocido donde deleitaba la mente con tan bajas pasiones. Gustaba de mirarse en el espejo, se entretenía clavando la mirada indiferente en esas pupilas negras, buscando algún sentido a esa marea de ensueño ciego que dominaba su destino. La respuesta era siempre el vacío.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tenía un nombre común y corriente, Pablo Martínez Suárez; era joven, era atractivo, rezumaba carisma y engañaba con su aspecto. La noche era el reino de la pesadilla que llevaba dentro. Repasó su cabello con la mano perfecta, observó su imagen, sonrió leve, distraído por el negro pensamiento. Notaba ya el sabor del futuro encuentro con alguna víctima de su embeleso enfermo, una vez más sería El Verdugo, ejecutor de un sueño muerto.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Compuso su ropa; solía vestir de negro. Aspiró el aire quieto del hogar sombrío, fuerte amurallado de su yo auténtico. Cogió un cuchillo afilado  de larga hoja, limpia, sedosa, brillante… Pasó los dedos largos por el filo cortante, lento borde acerado de tacto helado. De inmediato la ansiedad aceleró su corazón, la prisa por salir demudó su rostro, ahora congestionado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se guardó el instrumento cortante bajo la chaqueta de pana y buscó la puerta. La noche aguardaba.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La calle conducía a la plaza, ésta a la avenida, la avenida al túnel bajo, de charcos pulidos, goteras intermitentes y ecos temerosos. El túnel pasaba bajo la carretera y llevaba al puente sobre el río manso, y al cruzarlo se llegaba al parque. Era el Parque de Hormilla, el centro de sus maquinaciones. Pablo aceleró el paso. Llevaba el cabello largo peinado hacia atrás, para dejar al descubierto su frente amplia de pensador inteligente; caminaba seguro, la piel pálida de fantástico fulgor, como si fuese un verdugo de la muerte llegado del averno. Atravesó un sendero de gravilla crujiente y enderezó hacia el rincón donde rumoreaba la gran fuente de los amantes. Era allí donde robaba vidas, era el perfecto rincón para cumplir sus sueños.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se detuvo algo agitado. Se apoyó en la fuente de pétreo acabado y vio su reflejo en las aguas calmas que los amantes esculpidos no enturbiaban desde muy atrás en el tiempo. Se dedicó una sonrisa, se sentó a esperar y calmó el dolor en el pecho. Necesitaba saciar la sed que le ahogaba el alma. Pronto.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un rumor rasgó el silencio, conmovido apenas por la brisa nocturna y el pálpito en su pecho inquieto. La luna resplandecía en lo alto, sobre los altos fresnos, asomada tras las nubes con timidez fantasmal.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una muchacha se aproximaba.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La vio llegar y al instante supo que era ella a quien aguardaba. Contempló extasiado su flexible manera de andar, de largas piernas bien contorneadas, la cintura esbelta, el talle fino, pecho tembloroso bajo la camisa blanca y el sostén transparentado; sus largos cabellos castaños flotaban tras ella en un leve vaivén rítmico que acompasaba a cada paso. ¿Cómo resistir semejante descaro? ¿No le señalaba ella con el devaneo hermoso de todo el cuerpo cuál era su destino?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El Verdugo, se adelantó para cortarle el paso, nada brusco, muy al contrario. Prodigó a la joven una de sus mejores sonrisas, asomó en su rostro sereno el confiado toque de un caballero, la mirada de sosiego, aunque seductora… y dio a su voz ese ambiguo tono cautivador del que embauca sin esfuerzo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Buenas noches –comenzó muy quedo. Ella se detuvo, sorprendida, pero enseguida cedió terreno, seducida por aquel porte estudiado–. No te asustes, estaba esperando que ocurriera algo, y entonces has aparecido tú. No podía dejarte ir.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– No me asustas –repuso ella esbozando un amago de sonrisa tímida–. Pero creo que no soy yo lo que esperabas. Mejor será que me vaya.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– No, te lo ruego.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Me lo ruegas? Tienes una rara forma de expresarte, pareces un caballero de los de antes…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Quédate sólo un momento, es todo lo que necesito.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Para qué?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Para esto…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pablo se volvió ejecutor. Capturó su rostro con una mano poderosa, y con la otra tapó su grito sorprendido. Atrapó el cuerpo joven entre sus brazos, la volvió de espaldas y aspiró el dulce perfume de sus cabellos. Ella pugnaba por gritar, pero en aquel abrazo desfallecía impotente, helado el corazón por el frío pecho del extraño. El Verdugo dejó vagar las imágenes por su mente, evocó lo que iba a hacer, esbozó ante sus ojos contundentes pinceladas, y de su imaginación quiso hacer real el sueño…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Acunó la presa en rítmica danza, deseoso de vencer su resistencia, poderoso el encanto en cada gesto. Y en efecto, ella pronto cedió, relajado todo su cuerpo, pues era enorme el hechizo con que él la dominaba. La brisa agitó las ramas frondosas sobre ellos, los amantes de la fuente custodiaban impertérritos a aquella pareja extraña en su danza macabra; eran mudos testigos del baile del Verdugo, que ya sacaba su cuchillo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Qué vas a hacer? –susurró ella inmóvil en aquel ensueño.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Cautivarte…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Levantó el cortante instrumento hasta el cuello palpitante de vida, rozó la piel cálida, hacia la mejilla ruborizada; regresó hasta el lóbulo de la oreja, y mientras sonreía extasiado por sentir aquel cuerpo vivo contra el suyo, por retener la vida entre sus brazos, no quiso contener más tiempo el deseo clamoroso que era su verdadero sentimiento. Regresó hasta la dulce garganta y susurrando en su oído palabras de agradecimiento segó con un limpio gesto la carne entre sus dedos. Fue lento el movimiento, premeditado y saboreado en su recorrido sangriento. La cálida vida brotó palpitante y se derramó sobre aquel pecho agitado, empapó la blanca camisa y se llevó en el silencio la vida de la hermosa joven. El filo carmesí de aquel cuchillo se reflejó en los ojos muy abiertos de la víctima inocente.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Él vio su expresión, impávido, grabando en el recuerdo cada instante de aquel estertor de impotencia, el arrebato de la vida que se pierde. La sintió flaquear, el cuerpo tembloroso se deslizaba entre sus brazos a medida que la muerte se llevaba el alma a hurtadillas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una vez más había asesinado. Recostó el cuerpo sin vida de la joven contra la fuente, absorto en el efecto que le había causado aquel acto atroz… Y una vez más, como cada noche, se dio cuenta de que su objetivo se había esfumado. Contempló el cuerpo desmadejado, el rostro inclinado, los ojos cerrados, la sangre empapando el pecho y el suelo, su cuchillo ensangrentado… Ese algo que buscaba con cada muerte se había evaporado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se sentó junto a ella, decepcionado. Buscó su mano, entrelazó los dedos con los de ella, inertes, aún tibios; se la llevó al regazo, la besó con tierno gesto. Decidió al acompañarla en aquel íntimo viaje a la muerte que aún debía seguir buscando una respuesta, quizá otra noche, otra víctima… quizás había errado con aquella joven, pero no conocía el arrepentimiento, sino sólo el embriagador deleite de la muerte. Era Pablo Martínez Suárez, el Verdugo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;© Maite R. Ochotorena&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-4526766288987951939?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/4526766288987951939/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=4526766288987951939' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/4526766288987951939'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/4526766288987951939'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/01/el-verdugo.html' title='El Verdugo'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_n41fj7afjic/R6RUlS4kUWI/AAAAAAAAACY/49VdroWPx0Y/s72-c/zoom_1963878.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-2157214850964030916</id><published>2008-01-30T14:30:00.001Z</published><updated>2008-01-30T14:31:11.459Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>El Tiempo</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style=" ;font-family:arial;"&gt;Quiere la voz del tiempo consumir todo el velamen, el velamen de cordura que aún conserva; quiere con ese tono emular su canción cuando la cante, degustar el placer de verter todo el coraje que en el vívido infinito mantiene preso por ser cobarde.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Quiere el tiempo cruzar una lábil línea entre la razón y el ensueño, arrebatar lo arrebatable, depurar lo perdurable, combatir el impasible transcurrir del mundo en sus embates; quiere el devaneo con la arena del reloj pasivo ser la letra de su canción, el luto del muro abierto que jamás podrá abatir su paso, tan lento.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;©2008. Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-2157214850964030916?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/2157214850964030916/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=2157214850964030916' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/2157214850964030916'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/2157214850964030916'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/01/el-tiempo.html' title='El Tiempo'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-4390521555430853478</id><published>2008-01-30T14:14:00.000Z</published><updated>2008-01-30T14:15:16.639Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Tengo el Recuerdo</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: arial; "&gt;Tengo en este tacto perfecto el recuerdo maravillado de tus anhelos distanciados; tengo en el quieto silencio el aura perfecta del susurro murmurado; veo en la oscura noche el espléndido manto de tu costado, el cómplice de mi amor arrodillado en tu regazo. Es la penumbra el regalo esperado de tu corazón anhelado, el pálpito cálido que de tus manos he robado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: arial;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tengo en este tacto perfecto la línea del tiempo grabada a fuego lento, el albor de nuestro encuentro con rúbricas antiguas tallado en el sentido desbordado. Es éste el viaje a la memoria, de tus huellas el postrado lamento, de tu íntimo abrazo el rencor abandonado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;© 2008 Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-4390521555430853478?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/4390521555430853478/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=4390521555430853478' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/4390521555430853478'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/4390521555430853478'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/01/tengo-el-recuerdo.html' title='Tengo el Recuerdo'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-4083661522903923272</id><published>2008-01-30T13:43:00.000Z</published><updated>2008-01-30T13:45:43.976Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Cada Paso</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style=" ;font-family:arial;"&gt;Cada detalle cuenta. Por eso él se detiene, vacila, retrocede y vuelve a andar lo desandado. Cada gota de pensamiento le retiene, ésa inflexión en el tiempo complica su equipaje de dolor, de resentimiento, de amor y escaso coraje. Es el péndulo desarmado de su conciencia arrebatada, es la marea ciega de su innecesario devaneo en la penumbra, un paseo por  el embelesado coqueteo, el ardor del pensamiento. Muere una vez y otra, nada le retiene, muere porque ya nada consume su tiempo olvidado, de mesura y sosiego, de placeres remendados. Es hoy ese día en que sus andares desencaminados le hieren de imposturas, capturan su ciego retrato, es hoy ese día en que tortura el intelecto con el raciocinio muerto, el dardo en el pecho. Es la marea longeva en el regazo, el beso ardiente y contenido de mil clamores barnizado, es la ternura de un abrazo en esos ojos olvidado. Da un paso más, ya está más cerca, quizás sea hoy ese día en que al fin le parezca posible el encuentro fortuito, el sincero regateo, el clamor de un perfecto reducto del encuentro esperado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;© 2008 Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-4083661522903923272?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/4083661522903923272/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=4083661522903923272' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/4083661522903923272'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/4083661522903923272'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/01/cada-paso.html' title='Cada Paso'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-8700099346118142999</id><published>2008-01-30T12:16:00.000Z</published><updated>2008-01-30T12:18:01.834Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Reflexiones'/><title type='text'>Volver a ver el Cielo</title><content type='html'>Qué fácil es ignorar y ser ignorado, qué fácil reclamar atención, gritar más que otros, jugar a ser más y por ello caer siendo menos. Qué fácil repasar la conciencia ajena, hablar sin escuchar, esperar que el otro acabe para poder así volver a ser el primero en nuestro eterno parloteo mundano… Hemos olvidado cómo se mira, cómo se escucha, cómo se siente, ya no vemos el mundo que nos rodea, nos hemos olvidado de él, hemos olvidado las estrellas allá en el cielo, cegados por las luces artificiales del cemento. Echo de menos sentarme junto al amigo y leer en su gesto, entrever su pensamiento, sin que medie una palabra, sólo el entendimiento, volver a ver en sus ojos, en sus manos, entresacar de su silencio; echo de menos oír lo que dice su corazón a través de las palabras, la reflexión, la pausa, el interés sincero. Qué fácil es caminar sin mirar a otro lado, dejarse llevar, ahogar el verdadero pensamiento. Si de dejarse seducir por el vano impulso se desprende el lazo que une el verdadero acercamiento quiero yo retornar al principio, donde aún es posible ver el cielo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-8700099346118142999?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/8700099346118142999/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=8700099346118142999' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8700099346118142999'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8700099346118142999'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/01/volver-ver-el-cielo_30.html' title='Volver a ver el Cielo'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-1135802673334910748</id><published>2008-01-29T09:15:00.001Z</published><updated>2009-01-14T15:03:11.326Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El Príncipe en su Trono'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>El Príncipe en su Trono</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp1.blogger.com/_n41fj7afjic/R5-ENC4kUQI/AAAAAAAAABo/z4NLa_ZiM3U/s1600-h/zoom_1957571.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_n41fj7afjic/R5-ENC4kUQI/AAAAAAAAABo/z4NLa_ZiM3U/s320/zoom_1957571.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5160989057637175554" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Era un solitario entre el tumulto, incomprendido por todos, ignorado en cada rincón, invisible e insignificante. Era el más perdido de un mundo mágico pletórico de vida; mirara donde mirara sólo recibía indiferencia; de su sombra huidiza resultaba el reflejo imperfecto; de su voz, un eco pálido. Bastaba mirarle para ser olvidado, bastaba escucharle para distraerse… Tal era su destino. Parecía haber sido sellado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sin embargo no era dado a la melancolía. Dotado de un espíritu alegre solía reírse de su existencia gris, miraba el mundo a través de un cristal dorado, lo observaba todo, lo comprendía todo. Solía deleitarse contemplando las flores del lago abrirse cada mañana; suspiraba encantado cuando la brisa agitaba las frondosas ramas de los altos olmos y en su vuelo errático arrancaba las hojas marchitas para verterlas sobre la superficie cristalina en un remolino alocado; se emocionaba cada amanecer, cada atardecer, cada vez que asomaba la luna entre las nubes, con la danza de las luciérnagas prístinas, cuya existencia se perdía en el albor de los tiempos. Vivía, sí, como si el mundo supiera que estaba allí.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una tarde, necesitado de ver algo más allá del bosque, quiso encaramarse a lo alto de una gran roca picuda que emergía del agua, en el centro del lago. Trepó sin esfuerzo por la agreste superficie hasta encontrarse en la punta cubierta de verde musgo. La brisa pasó de largo, ni siquiera agitó su cabello. Nada ni nadie se asombró de verle allá arriba, pues nada ni nadie le prestaba atención.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¡Qué hermosa visión! –exclamó, henchida el alma de aquella belleza en la que había transcurrido su vida– ¡Qué buen lugar para verlo todo! ¿Cómo no lo habré descubierto antes?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se sentó entre el mullido musgo, maravillado. Alrededor el mundo parecía inconmensurable, distante en el horizonte, como la muda contemplación que de él hacía cada instante. El bosque se abría desde las herbosas orillas del lago hacia el infinito, donde las lejanas montañas brotaban apuntando al cielo con sus coronas de nieve.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Éste bien podría ser mi reino, y yo su príncipe –dedujo en voz alta–. Éste mi trono –señaló la singular roca en que se hallaba–, y vosotros mis súbditos…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cogió un trozo de musgo fresco y se coronó con él, los ojos cerrados. En aquel instante se sintió importante, un ser privilegiado, capaz de reinar sobre todas las criaturas del lago con sabiduría y justa comprensión. Cuando volvió a mirar se dio cuenta de que nada había cambiado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A su alrededor la brisa continuaba soplando, los grillos cantando, la hierba se ondulaba y las flores se abrían por encima de ella. Ninguna criatura se había percatado siquiera de su presencia en lo alto de la roca. Le ignoraban, como siempre habían hecho… Sólo que él acababa de darse cuenta. Era la primera vez que sentía la indiferencia del mundo hacia él.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¡Soy vuestro Príncipe! ¿No vendréis a saludarme? –chilló todo lo alto que pudo, para que le oyeran.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero nadie respondió. Nada se movió, nadie miró. Una inmensa tristeza comenzó a invadir su alma, triste marea de melancolía como jamás antes había sentido. Era tal la intensidad de su desamparo, la fuerza de la soledad en que se encontraba, que muy pronto su piel se tornó gris, su cabello blanco como las puntas nevadas de las lejanas montañas… y sus ojos, brillantes y alegres, se apagaron súbitamente, como si la luz en él se hubiese extinguido para siempre. Incluso su esquiva sombra huyó.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Quién soy yo? ¿Por qué existo si es como si no existiera? –sollozó dejándose caer sobre el suelo de la punta rocosa– Jamás debí subirme a esta roca… Desde aquí se ve toda mi soledad, es como si hubiera coronado la cima de mi triste vida para contemplarla en toda su plenitud… Soy el Príncipe de la Desolación, el Príncipe Desconsolado, el Príncipe Solitario…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Así continuó durante horas, enumerando una retahíla de apelativos tan melancólicos como él mismo se sentía. El sol bajó desde el cielo y se hundió en el horizonte, llegó la noche, y con ella las estrellas titilantes y la luna, cuyo resplandor llenaba el lago sin rozarle a él, pues la luna también le ignoraba.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– …soy el Príncipe de Ignorado, de la Lástima, el Príncipe Ínfimo… –continuaba sin parar, el rostro caído sobre el pecho hundido, las manos inertes en el regazo– … el Príncipe Mísero, Abandonado…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuanto más continuaba, más triste se sentía, más gris se volvía, su cabello encanecía…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Soy el Príncipe Perdido…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tanta era su angustia que poco a poco se dejó llevar, y coronado como estaba en lo alto de la roca, sin que nada ni nadie lo viera porque no le prestaban atención, se dejó llevar hacia la nada. Suspiró tanto de pena que al fin desapareció. La corona de musgo cayó en el sitio donde él estuviera, y este hecho tan grave nada alteró.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al amanecer la luz del sol eterno sorprendió aquella roca vacía. Alumbró el lago con su alegre despertar, visitó las altas hierbas, saludó a las criaturas dormidas acompañado de la brisa. Ninguno reparó en la ausencia del Príncipe. Y sin embargo, algo había cambiado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al poco tiempo el lago, que jamás había conocido otra cosa que el verano perenne, el calor estival, los largos días soleados, la lluvia mansa y la brisa agradable del sur, se agitó sorprendido ante la llegada de un nuevo visitante. Nadie supo de dónde había venido, pero apareció soplando del norte, su aliento era gélido y arrastraba tras de sí una marea de nubes blancas que pronto cubrieron el cielo, ocultaron el sol y enfriaron el aire. El recién llegado era viento fuerte, hermoso, poderoso. Amedrentó a la brisa estival, venció al sol y vertió sobre la hierba y la roca del lago una nieve pura y blanca que lo cubrió todo; sopló sobre el lago y durmió sus aguas bajo el hielo que de su aliento se formó; giró, brincó en remolinos alegres, vitales, hasta convertir aquel reino de verdor en un nuevo reino de níveo paisaje, cuya blancura se extendía hasta el horizonte, donde las montañas nevadas se anclaban con fuerza orgullosa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La voz de aquel viento del norte era la del invierno que aquel lugar jamás había conocido.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Soy el Príncipe Adorado, el Príncipe del Viento, del Hielo, del Invierno… –susurraba, siseaba. Éste es mi reino, y ése –rodeó la alta roca entre el hielo– …es mi trono.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ahora sí le escuchaban.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Era un vencedor entre el tumulto, se convirtió en un Príncipe comprendido por todos, respetado en cada rincón. Fue el más audaz, el más justo, plácido, hermoso de un mundo mágico pletórico de vida. Cubrió el reino de nieve y se quedó tres meses. Se encaramó a lo alto de la roca, donde reinó cada año, proclamó el invierno, y ahora, mirara donde mirara sólo recibía respeto. De su voz poderosa resultó ser el reflejo perfecto; de su voz gélida, un eco imperecedero. Bastaba sentirle para ser recordado, bastaba escucharle para venerarle… Tal era su destino. Parecía haber sido sellado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;© 2008 Maite R. Ochotorena.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-1135802673334910748?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/1135802673334910748/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=1135802673334910748' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/1135802673334910748'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/1135802673334910748'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/01/el-prncipe-en-su-trono.html' title='El Príncipe en su Trono'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_n41fj7afjic/R5-ENC4kUQI/AAAAAAAAABo/z4NLa_ZiM3U/s72-c/zoom_1957571.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-279956517234507175</id><published>2008-01-27T14:01:00.001Z</published><updated>2009-01-14T15:03:40.239Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La Caja'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>La Caja</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp2.blogger.com/_n41fj7afjic/R5-DBS4kUPI/AAAAAAAAABg/G6c6XVNlbTM/s1600-h/zoom_1957684.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_n41fj7afjic/R5-DBS4kUPI/AAAAAAAAABg/G6c6XVNlbTM/s320/zoom_1957684.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5160987756262084850" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ana no se sentía segura de lo que estaba a punto de hacer. Era la vista desde donde se hallaba un océano infinito de olas remotas, como sus recuerdos; era la altura sobre la que se apoyaba vertiginosa. Como su inseguridad, como el precipicio de sus indecisiones. La brisa soplaba a su espalda, sibilante, de fresco sabor a mar, al salitre húmedo de la costa abierta a base de frenéticas pinceladas… La brisa ondulaba sus ropas, enredaba su cabello. Ana no lograba centrarse en lo que deseaba hacer.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Adelante, no seas estúpida.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su voz fue la expresión de la duda en su pensamiento. Sin embargo había llegado hasta aquel acantilado, a pesar de esa duda perenne, apoyaba los pies desnudos sobre la negra roca, notaba sus afiladas aristas, recortadas contra el vacío que tanto la llamaba.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entre las manos trémulas, la caja. Ni demasiado grande, ni demasiado pequeña.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Si lo hago, ya no habrá vuelta atrás –reflexionó en voz alta–. Si lo hago, puede que no me libre de ella.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La brisa se tornó viento. Sacudió su cuerpo hacia delante, hacia el peligroso abismo abierto al mar. Pero Ana no se movió de donde estaba. Se apartó los cabellos de la cara y miró aquella caja de metal, una pieza perfecta de cúbica apariencia, sin cerrojo, sin tapa, sin rendijas. Su superficie pulida, lisa y brillante, encerraba el secreto enigma del lado sombrío del corazón. Debía arrojarla lejos, donde el océano la atrapara, donde las olas la engulleran y con su eterno vaivén la hundieran en el fondo olvidado y plácido de la durmiente arena.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ana cerró los ojos un instante efímero; un suspiro en el tiempo acumulado de miedo al vacío, a perder la identidad, e incluso el alma. La caja encerraba el secreto de su vida, el negro pozo de la melancolía, el amargo sabor de las desilusiones, la pérdida y el temor a la pérdida, la perfidia de sus escondidos pensamientos, el rencor anclado en el corazón, la desidia del pasado y el error aún no cometido… La caja encerraba lo peor de sí misma, y la duda nacía de la desconfianza. Ana temía no librarse de aquel contenido mezquino, por muy lejos que pudiera arrojarlo. En cierto modo no deseaba desprenderse de esa parte de sí misma.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El cubo metálico destelleó a la luz del sol tardío.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Tírala ya. Líbrate de las sombras, sólo así podrás volver a empezar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El instante pasó. Ana levantó la caja sobre su cabeza, la agarró con fuerza, tomó impulso y la lanzó describiendo un amplio y poderoso arco de arrojo no premeditado. El cubo de metal giró y giró sobre sí mismo en un certero vuelo hacia el horizonte. Ana lo vio ascender, destacarse contra el cielo vespertino, relumbrar al sol en la cúspide de su ascenso, y finalmente caer veloz como un meteoro… hasta zambullirse en el océano y desaparecer en la distante marea.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su mirada permaneció clavada en el punto donde la caja acababa de hundirse. En esa mirada fría se reflejaba el desconcierto. Ana esperaba haber sentido algo al deshacerse de ella, un desgarro del alma, arrepentimiento, el brote de un nuevo secreto en el corazón que reemplazara al que acababa de arrojar. La imaginó hundiéndose lentamente entre reflejos, burbujas… en su viaje a la oscuridad del fondo marino, donde se posaría levantando algo de arena plácida. En la quietud oceánica permanecería para siempre oculta.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– He lazando lejos mi secreto, pero esté donde esté sigue existiendo –susurró vertiendo algunas lágrimas–. Si ha de formar parte de mi alma mientras yo exista, entonces habré de aceptar que soy esto –se señaló a sí misma– … y también lo que guardé en su interior con tanto celo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ana estaba segura ahora de lo que había hecho. Era la vista desde donde estaba un océano infinito de olas remotas, como su memoria; era la altura sobre la que se apoyaba vertiginosa. Como su seguridad, como el precipicio de sus decisiones. La brisa soplaba alrededor, impregnada de fresco sabor a mar, al salitre húmedo de la costa abierta a base de frenéticas pinceladas… La brisa onduló sus ropas, enredó su cabello. Ana sabía ahora lo que deseaba ser.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;© 2008 Maite R. Ochotorena.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 238); text-decoration: underline;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-279956517234507175?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/279956517234507175/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=279956517234507175' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/279956517234507175'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/279956517234507175'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/01/la-caja.html' title='La Caja'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_n41fj7afjic/R5-DBS4kUPI/AAAAAAAAABg/G6c6XVNlbTM/s72-c/zoom_1957684.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-8753043823452672877</id><published>2008-01-25T22:43:00.000Z</published><updated>2008-01-29T09:22:55.948Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Es la Lluvia</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Agua se derrama desde el cielo turbulento, agua que se escapa, como un bálsamo… o un lamento. Siento la lluvia en mi cuerpo, alzo el rostro, saboreo. Siento la lluvia por dentro, es su abrazo el embeleso. Dulce fragancia de húmedas gotas, dulce sinfonía, el velo de ensueño que fascina. Dulce fragancia nocturna, es la lluvia, es ternura, es la pátina de mis sentidos… que se alejan, que maduran.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Agua se derrama desde el cielo entre las nubes, agua que se escapa, de lo alto… tenue racimo de espejos. Siento su tacto en mi pelo, suave caricia al pensamiento. Dulce paseo de húmedos senderos, dulce el rumor que me prodiga, dulce fragancia dormida, la canción sentida… cuando me alejo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;© 2008 Maite R. Ochotorena. Todos los Derechos Reservados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-8753043823452672877?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/8753043823452672877/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=8753043823452672877' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8753043823452672877'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8753043823452672877'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/01/es-la-lluvia.html' title='Es la Lluvia'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-3998923684768703750</id><published>2008-01-25T12:15:00.002Z</published><updated>2009-01-14T14:52:55.127Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Noticias'/><title type='text'>El Sauce Llorón</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_n41fj7afjic/SDMeywi0XBI/AAAAAAAAAFk/4JRjObfB8eM/s1600-h/El-Sauce-Llor%C3%B3n.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_n41fj7afjic/SDMeywi0XBI/AAAAAAAAAFk/4JRjObfB8eM/s320/El-Sauce-Llor%C3%B3n.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5202535851916286994" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ya podéis disfrutar de un nuevo relato, "&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;El Sauce Llorón&lt;/span&gt;", en mi tienda de Lulu, donde como sabéis, publico mis relatos y mi primera novela, "&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;&lt;a href="http://www.lulu.com/content/1718419"&gt;Los Inocentes&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;". Lo encontraréis en formato impreso y en formato digital. Si os apetece, podéis pasaros a través de este vínculo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.lulu.com/content/1932836"&gt;http://www.lulu.com/content/1932836&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;Resumen de "El Sauce Llorón"&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cada invierno el hermoso sauce perdía todas sus hojas, quedaba desnudo, vulnerable y avergonzado. Era el más hermoso árbol del bosque, pero no soportaba la desnudez del crudo invierno. El viento de verano le susurró un buen día que en el sur siempre hace sol, que en esa tierra maravillosa los árboles nunca pierden su verdor, jamás hace frío. El duro invierno, la nieve, el frío del norte... no pueden entrar. ¿No merece la pena arriesgarse a viajar, abandonar la protección del hogar conocido, dejarlo todo... para poder lucir bello todo el año? ¿Qué podría pasar?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-3998923684768703750?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/3998923684768703750/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=3998923684768703750' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/3998923684768703750'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/3998923684768703750'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/01/el-sauce-llorn.html' title='El Sauce Llorón'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_n41fj7afjic/SDMeywi0XBI/AAAAAAAAAFk/4JRjObfB8eM/s72-c/El-Sauce-Llor%C3%B3n.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-7576743595537116506</id><published>2008-01-23T16:02:00.000Z</published><updated>2008-01-23T16:03:12.321Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Las Olas del Destino</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Las olas baten contra su destino, arremeten con blanca cadencia, impaciente y eterna; de esas olas brumosas surge el miedo nocturno, cuando la soledad acompaña en el silencio contenido, cuando el rumor de la muerte sobrevuela el grupo apiñado, se asoma a sus ojos, brillantes a la luz de la luna, abiertos por la duda, insomnes por el desamparo, insignificantes en el vasto océano cuya marea les aleja del pasado, hacia la incertidumbre…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Las olas golpean incansables. Elevan su frágil billete de ida hacia ninguna parte, agitan sueños, oraciones, revuelven el ánimo, alejan la seguridad del hogar, apartan la familia, el recuerdo de una vida sin futuro. Sus ojos miran sin ver hacia el horizonte, se clavan con empeño imaginado, en la prometida costa de un nuevo mundo. El océano ruge bajo sus pies, el frío hiere, el hambre muerde, la duda abre brecha en el corazón.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Las olas levantan, hunden, golpean… Ruge el mar embravecido, ahoga con su clamor el silencio sepulcral que les une a ellos en un mismo temor… El sueño de una misma esperanza se desvanece en la plegaria; el llanto de un bebé rasga la noche, la muerte sobrevuela el grupo apiñado, se prolonga en sus labios mudos, enreda el pensamiento, nubla el sentido…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Más allá de las olas está el sueño de un futuro.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-7576743595537116506?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/7576743595537116506/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=7576743595537116506' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/7576743595537116506'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/7576743595537116506'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/01/las-olas-del-destino.html' title='Las Olas del Destino'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-4070866838535124496</id><published>2008-01-23T11:32:00.001Z</published><updated>2008-01-23T11:32:56.903Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Siempre Adelante</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta mañana no tiene prisa. Camina despacio, pisa seguro sobre el asfalto gris del ayer, hacia el horizonte entre la niebla, una línea difusa entre la bruma, la barrera entre los recuerdos y los sueños. No distingue si el tiempo discurre a su favor, no puede, pero en el aire rociado de esperanza se aprecia el sabor de la promesa. Para él es suficiente.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Camina despacio, saboreando cada huella en el asfalto. Marca las pisadas de forma premeditada, sin volver la vista atrás. Porque a su espalda sólo queda el ayer, las sombras de un pasado que jamás volverá. Ante él se abre un camino sin rumbo, abierto de libertades, el viento sopla y arrastra sus pensamientos hacia delante, siempre adelante.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-4070866838535124496?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/4070866838535124496/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=4070866838535124496' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/4070866838535124496'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/4070866838535124496'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/01/siempre-adelante.html' title='Siempre Adelante'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-9018713964765285975</id><published>2008-01-11T15:32:00.000Z</published><updated>2008-01-11T15:33:47.014Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Dejarte Ir</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tengo entre los dedos aún el tacto de los tuyos, tengo en mis labios el susurro perenne de tu nombre. Entre las cuerdas de esa guitarra el delirio de tus ojos, y en el aire aún flota tu perfume embriagado de nostalgia. Tengo en el alma grabado el recuerdo, en el corazón la impronta de tus besos, el tono de tu voz, tus abrazos, el eco de ti…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es esta la penumbra de mis anhelos, el sombrío resto del ayer, cuando aún dabas sombra en mi ventana. Quiere la luz dibujar tu silueta, de la mirada arrebatarme tu imagen, de mis suspiros arrancar las dulces promesas, llevarse de ti la esencia pura.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero yo no quiero aún dejarte ir.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Quiere el sol de la mañana robar en mi interior el sentir de tus manos, colarse a hurtadillas, sortear mis sueños y llevarse de un soplo los restos de ti en mi memoria.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero yo no puedo aún dejarte ir.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tengo entre los dedos hebras de tu compañía, el rasgo perfumado de la pasión contenida con que anoche nos amamos. Tengo en mi regazo el halo de belleza que supiste regalarme, y en este mi rincón secreto retengo tu recuerdo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No quiero dejarte ir, no puedo, cuento las horas en que tu regreso roce mis labios, embelese la noche, nuble en los sentidos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-9018713964765285975?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/9018713964765285975/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=9018713964765285975' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/9018713964765285975'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/9018713964765285975'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/01/dejarte-ir.html' title='Dejarte Ir'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-7969092670197899146</id><published>2008-01-11T14:44:00.000Z</published><updated>2008-01-11T15:40:47.017Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>No Tiene Nada en las Manos</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tiene en sus manos la premura y ansiedad, el frío de las noches solas, el temor de la soledad. Vierten sus ojos mareas de nostalgia, palabras y reproches, sombras que tiñen el alma, vierten la súplica que encadena, imploran mudos de esperanzas marchitas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tiene en sus manos las llagas del ayer, las dudas del mañana, la triste certeza de no saber qué escurridiza sombra insinúa su destino en esa esquina lóbrega del corazón. Marchito, abatido, ése no es el coraje de su espíritu. La vergüenza nubla la súplica al tender la mano, la necesidad apremia y tiende los dedos, tiembla cuando llora a solas, en su esquina ruega por no caminar tan solo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ese niño guarda en las manos el flaco favor de la compasión, en sus huesos marcados la macabra sonrisa de la pobreza, en su inmadura soledad la desacompasada página de una eterna calle lluviosa. Marchito, abatido, ése no es el orgullo mutilado que le sostiene. Levanta la mirada sin ver, la lluvia de sus noches frías empapa sus días de apatía, el barro se cuela entre las grietas de su ánimo abatido, la humedad cala en su memoria y pisotea sus sueños cuando duerme.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tiene en sus manos la premura y ansiedad, el frío de las noches solas, el temor de la soledad. Tiende la mano, tantea el mundo. Quiere rasgar ese velo inoportuno que nubló su vida cuando llegó a este mundo, para ver si al otro lado brillan luces de colores donde el hambre no atormente sus sueños.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-7969092670197899146?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/7969092670197899146/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=7969092670197899146' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/7969092670197899146'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/7969092670197899146'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/01/no-tiene-nada-en-las-manos.html' title='No Tiene Nada en las Manos'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-4858252576396389103</id><published>2008-01-02T17:42:00.000Z</published><updated>2008-01-02T17:44:50.345Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Taconea</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Polvo en el tablao, rezuma poderío en cada poro de su piel, aguarda el rumor de ése, su gentío. Polvo silente, revive bajo el taconeo febril, repiqueteo cargado del sentir más ardiente.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Taconea…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Revuelo de la falda que se enreda entre las piernas; enlaza la gitana en su mirada el fulgor de la pasión, gira su cuerpo, voltea el alma, cede al hechizo y el tablao se agita, baña de genio vivo el escenario.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Taconea… &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hiere el suelo con sus fieros zapatos, gira, salta, reclama el sentío, las palmas baten al son de su enloquecido baile.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Taconea…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Clava el alma, eleva el espíritu, llena el aire y voltea. Suspira, muerde con garra, el sudor resbala, la pasión quema el corazón, y bate palmas rugientes. No se detiene, revuelo de gasa carmesí, con cada giro se agita el cabello, ébano salvaje. Taconea la bailaora, gira sus muñecas,&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Taconea…&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-4858252576396389103?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/4858252576396389103/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=4858252576396389103' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/4858252576396389103'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/4858252576396389103'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2008/01/taconea.html' title='Taconea'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-1128690403567818114</id><published>2007-12-29T21:32:00.000Z</published><updated>2008-01-25T13:20:20.300Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>El Amanecer del Alma</title><content type='html'>Era tímida aquella su primera mirada, tendida en el horizonte, bañada de sueños ingenuos, arrebolada de incumplidas promesas que por su naturaleza tornábanse eternamente inalcanzables... Era leve y frágil su amanecer de ternuras y cándidas canciones; su voz era trémula y su mente dibujaba trazos inseguros; de su rostro luminoso, candente pendía una fugaz sonrisa. Las estrellas danzarinas que de su pecho se elevaban prístinas y audaces, se esparcieron velando el cielo con un resplandor estremecido. Sus primeros pasos encadenaron huellas de jazmines tintadas, sus primeras palabras conjugaron versos de dulces torrentes preñados, era tímida su primera mirada, tendida en el horizonte, bañada de sueños, de incumplidas promesas de cuya naturaleza ella bebería ansiedades y placeres de una vida aún por descubrir.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-1128690403567818114?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/1128690403567818114/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=1128690403567818114' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/1128690403567818114'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/1128690403567818114'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2007/12/el-amanecer-del-alma.html' title='El Amanecer del Alma'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-1149340497397853016</id><published>2007-12-22T19:32:00.000Z</published><updated>2007-12-22T19:36:50.062Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Una Mañana Fresca</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una mañana fresca… El rocío me cubre los pies, la brisa enreda mis cabellos y vela estos ojos somnolientos, perezosos… Saboreo el dulce aire matinal, disfrutando del momento, escucho los pájaros, el corazón bate suave y cálido dentro de mi pecho.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sonrío porque soy feliz, camino despacio, me entretengo, no tengo prisa… Y muy cerca, entre las flores, está lo que más quiero, un ángel de ojos grandes, sus manezuelas se agitan, me mira, sonríe…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su reflejo en mis ojos, ahora despiertos, debe ser hermoso, porque una lágrima dichosa&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;se derrama, y en la comisura de una amplia sonrisa se retiene un segundo, antes de caer.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una mañana fresca, el rocío me cubre los pies, la brisa enreda mis cabellos y vela estos ojos, brillantes, dichosos por tenerle a él, mi bebé, fruto de mi amor, mi amanecer de cada día…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mi vida.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-1149340497397853016?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/1149340497397853016/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=1149340497397853016' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/1149340497397853016'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/1149340497397853016'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2007/12/una-maana-fresca.html' title='Una Mañana Fresca'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-5122040552693104963</id><published>2007-12-22T19:30:00.001Z</published><updated>2007-12-22T19:31:50.468Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Alma Nueva</title><content type='html'>El alma tendida se eleva frágil, apenas tallada de memoria, apenas dibujada. Dulce mirada, ingenua caricia de su voz aterciopelada, gira y gira entre las estrellas, busca una nube, la más alta, quiere alcanzar esa promesa, brillante en el horizonte, sobre el mar, reflejo susurrante de todos sus anhelos. El alma cándida inclina su mejilla, roza breve la esperanza, y se acurruca buscando refugio en el viento.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-5122040552693104963?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/5122040552693104963/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=5122040552693104963' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/5122040552693104963'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/5122040552693104963'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2007/12/alma-nueva.html' title='Alma Nueva'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-7266097335865288560</id><published>2007-12-21T10:15:00.000Z</published><updated>2008-02-08T14:41:57.767Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Noticias'/><title type='text'>Los Inocentes</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp1.blogger.com/_n41fj7afjic/R6xqEy4kUeI/AAAAAAAAADY/MpEJc_zRrEQ/s1600-h/portada.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_n41fj7afjic/R6xqEy4kUeI/AAAAAAAAADY/MpEJc_zRrEQ/s320/portada.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5164619503298171362" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A los que sois tan amables de pasar por aquí, de leer mis relatos... tengo una noticia muy especial para mí. Acabo de publicar mi primera novela, Los Inocentes, y ya se puede comprar en esta dirección, en tapa blanda o dura:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Comprar &lt;a href="http://www.lulu.com/content/1718419"&gt;Los Inocentes&lt;/a&gt; (tapa blanda)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Comprar &lt;a href="http://www.lulu.com/content/1957356"&gt;Los Inocentes&lt;/a&gt; (tapa dura)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es una novela de época, muy entretenida, de intensa trama. Aquí os dejo el primer capítulo, aunque en Lulu también os los podéis descargar gratis antes de comprar. Deseadme suerte!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Resumen de la novela&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Francia, año 1793. Una misteriosa serie de secuestros traen de cabeza al Inspector Vasek Rabechault y al enigmático investigador recién llegado de París, Lázaro Maltés. A la ya difícil resolución del caso se une el descubrimiento de varios macabros asesinatos en serie de acaudalados caballeros. Todas las pistas apuntan a una relación entre ambos crímenes. Pero, ¿cuál es la clave? Su enemistada investigación les conducirá hasta los hermanos Salazar y a su esquivo padre, Grégoire Dubois. Una maravillosa trama cargada de intriga nos va enredando en una tensión ascendente cuyo desenlace resulta maravilloso.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Capítulo 1&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;Nantes,  Francia. 1793&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;En medio de la muchedumbre tres hombres se movían al unísono, oculto el rostro bajo sus sombreros de ala ancha. No llamaban la atención, deambulaban sin aparente destino, cada uno por un lado de la angosta calle, acompasados sin embargo sus firmes pasos en un premeditado recorrido a través de los variopintos puestos que inundaban las calles con motivo de la feria artesanal de Nantes. Cruzaban entre ellos cómplices miradas que nadie en aquella festiva tarde hubiera sabido interpretar, y amparados en el ambiente distendido, la algarabía, la marea de visitantes que empachaba la ruidosa villa, en silencio y por separado, fueron avanzando hasta desembocar en una amplia plaza tan abarrotada entre puestos y viandantes que parecía imposible que cupiese un alma más. Al fin, frente a uno de tantos puestos, rodeados de cerámicas o ungüentos, hierbas o bálsamos, apretados en aquel caótico desorden, localizaron su preciado objetivo: la pequeña Mireille Jacquenet, un ángel de luz, una belleza infantil, delicada e inocente. Mireille era una perfecta infante aristocrática, con su almidonado vestido de raso azul y sus enguantadas manecitas, su sombrero y sus bucles dorados, sonriente y entusiasmada por aquella vivificante y auténtica experiencia en la feria. Destacaba del resto como un zafiro entre las piedras de un río.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;Tal y como estaba previsto por los tres desconocidos, había llegado a la feria acompañada únicamente de sus confiados progenitores, Jean François y Louise Marie Jacquenet. Ni escolta, ni doncellas...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;En aquel preciso instante una vendedora ambulante, desgreñada y maloliente, se desgañitaba frente al iracundo Jean-François. Se ponía de puntillas y gesticulaba de forma exagerada, todo para hacerse oír por encima del griterío y convencerle con socarronería de que sus lociones eran las mejores, un auténtico milagro para la salud. Encorvada y desdentada se mantenía obstinadamente junto a él a base de empellones, mientras agitaba en su congestionada cara una de aquellas falsas pócimas. Por su parte el ilustre caballero trataba de mantenerla apartada de sí mismo y de su familia con enérgico desprecio.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;La situación era perfecta. Los tres hombres se situaron alrededor, con discreción. En medio de la multitud no llamaban la atención, eran como sombras, bien adiestrados. Observaron la escena, midieron sus posibilidades en aquel preciso momento, sopesaron con extremo cuidado la cantidad de gente que rodeaba a la pequeña Mireille, la escasa atención que sus padres le prestaban, entretenidos por la mujerona y sus embustes… No había soldados cerca. Uno de ellos, de baja estatura, sacó una bolsita de ante por debajo de su capa. Con experto disimulo extrajo de ella un oscuro frasco de cristal y vertió en un pañuelo una parte de su extraño contenido; su dulce perfume se mezcló con la variedad de olores que saturaba el vespertino aire de la plaza. La música alegre de un violín se elevó a lo lejos y una bandada de palomas blancas cruzó por encima de la muchedumbre hacia la torre de una iglesia cercana. Una leve señal y los otros dos cómplices se acercaron subrepticiamente a los Jacquenet. Estaban a menos de un metro sin que ellos se hubiesen percatado, listos para actuar.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;La vieja vendedora, ajena a los planes de los tres desconocidos e involuntaria partícipe  en su estratagema, insistía entre tanto en acosar a Jean-François Jaquenet, esgrimiendo arriba y abajo una mano huesuda y temblona. De pronto recibió un empujón malencarado del cada vez más molesto caballero, que no toleraba su cercanía, y sólo entonces, un tanto intimidada por su porte altivo y desdeñoso y su mal carácter, decidió alejarse, perdiéndose entre la gente. La tímida y nerviosa Louise Jacquenet observaba la escena muy alterada. Sujetaba de la mano a la pequeña Mireille.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;– No os separéis, querida, no me gusta esta gente –gruñó Jean-François tomando del brazo a su escandalizada esposa; no apartaba los ojos del lugar por donde se había marchado la vendedora, temeroso de que volviera–. No sé por qué he accedido a venir otro año más a esta vulgar feria, desde luego no es sitio adecuado para un caballero y su familia.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;Mireille discrepaba en grado sumo de la opinión de su padre. Por su parte estaba encantada de encontrarse allí, lejos de su monótona existencia y de la asfixiante superioridad de sus tres hermanas. Miró alrededor, menos aturdida que sus padres ante la variedad de gentes que la rodeaba. Le gustaba ir a la feria cada año, aspirar los intensos olores, a especias, frutas, barnices… deleitarse con aquel apabullante colorido… había más vida en aquella concurrida plaza de la que ella jamás podría experimentar en la fría rigidez de su opulento hogar. La mano de su madre oprimía con fuerza la suya, menuda y frágil.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;– Mamá, ¡mira qué telas tan bonitas! –exclamó entusiasmada.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;Mireille se soltó involuntariamente de la férrea mano de su madre. Unos preciosos pañuelos de vistosos colores colgaban en un pequeño puesto de tela al peso, y ella ansiaba tocarlos, verlos de cerca. Sin darse cuenta se vio zarandeada por la multitud, que no paraba en su incesante ir y venir entre los puestos; en medio de aquel tropel de curiosos que circulaba alrededor pronto se vio separada y sola. Uno de los tres conspiradores que la vigilaban aprovechó para colocarse  a su lado. Mireille alzó los ojos hacia él, pero sólo vio un fulgor siniestro en su mirada.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;Louise Jacquenet se volvió al darse cuenta de que su hija se había soltado y empezó a llamarla. Al principio aún adivinaba entre la gente, muy cerca, el coqueto sombrero azul con que Mireille cubría sus rubias caracolas, pero de pronto la perdió de vista y asustada se volvió hacia su molesto marido; había demasiada confusión alrededor.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;– ¡Mireille! –chilló poniéndose de puntillas para atisbar por encima del gentío– Jean-François, no encuentro a Mireille… ¿tú la ves?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-7266097335865288560?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/7266097335865288560/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=7266097335865288560' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/7266097335865288560'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/7266097335865288560'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2007/12/los-inocentes.html' title='Los Inocentes'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_n41fj7afjic/R6xqEy4kUeI/AAAAAAAAADY/MpEJc_zRrEQ/s72-c/portada.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-6698955629657728217</id><published>2007-12-18T20:49:00.001Z</published><updated>2009-01-14T15:05:46.515Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La Mirada en el Espejo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>La Mirada en el Espejo</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp2.blogger.com/_n41fj7afjic/R5-FgS4kURI/AAAAAAAAABw/IEKczCKaKiA/s1600-h/zoom_1793162.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_n41fj7afjic/R5-FgS4kURI/AAAAAAAAABw/IEKczCKaKiA/s320/zoom_1793162.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5160990487861285138" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sara clavó sus ojos tristes en la pulida superficie del espejo, en el vestíbulo. Estaba a punto de salir para ir a trabajar, pero algo la había retenido al pasar hacia la puerta de la calle, algo indefinido, gélido y arrebatador: un impulso. Vio en su reflejo aquella imagen de sí misma a la que estaba tan acostumbrada, distante y extraña, la de cada día. Entrecerró los ojos tratando de atisbar a través de la figura escuálida que veía algo de humanidad, de sentimiento, pero su reflejo evidenciaba que estaba vacía, hastiada y cansada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Giró hacia la puerta con gran desgana, la abrió y salió en silencio.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De camino a su estudio, aferrada al volante del viejo Renault que conducía desde hacía cuatro años, no dejaba de preguntarse qué clase de maldición se había apoderado de su alma. No lograba sentir nada, vivía sin pena ni gloria, sin emociones, se  limitaba a pasar por la vida como si nada pudiera afectarla, como un fantasma. Separada, sin hijos, sin amigos, lejos de su familia, vivía en Barcelona, inmersa en la marea de actividad que agitaba la ciudad, anónima e impasible. Miró por el retrovisor, hacia la larga cola que llenaba la carretera; el rumor de los coches, los pitidos, el bullicio… Sara suspiró lentamente, concentrada por si en aquel gesto tan aparentemente normal escapaba algún indicio de cordura, pena o exasperación, pero sólo era aire que ella forzadamente exhalaba sin motivo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Alguien pitó por detrás y Sara aceleró. Estaba resignada a pasar un largo día en su estudio, pintando cuadros desprovistos de todo significado, contando las horas para regresar a casa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por la tarde, al llegar la ansiada hora de salir, decidió entrar en un café cercano por el que solía pasar cada día: El Cafelito. Al cruzar la puerta de cristal del local sintió algo parecido a la ansiedad, pero no logró identificar su origen. Cruzó entre las mesas sin prestar atención a las parejas que charlaban, las amigas que se juntaban, el caballero solitario leyendo un periódico… Se conducía como una autómata, sin objetivo, excepto que había decidido entrar allí por hacer algo distinto. Se acercó a la barra y pidió un café descafeinado de máquina. Su voz sonó fría y monótona y el camarero la miró con indiferencia.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Uno diez, por favor…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sara pagó, se tomó el café sin pena ni gloria y preguntó por el baño.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Al fondo a la izquierda –fue la lacónica respuesta.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entonces, sorprendentemente, por primera vez en mucho tiempo, Sara sintió algo al dirigirse hacia los aseos. Lo que sintió fue una vaga inquietud, que venía a sumarse a la ansiedad de antes. Abrió la puerta del aseo para mujeres y entró en un baño amplio y moderno, excepcionalmente limpio. Sin quererlo se miró de reojo en el espejo: estaba pálida. ¿Por qué? ¿Por qué después de tanto tiempo sin sentir nada lo primero que la embargaba era un temor injustificado?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Ten cuidado, niña. Vigila dónde miras.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sara dio un respingo al oír aquella voz ronca muy cerca. Se volvió sobresaltada para descubrir a una vieja gitana toda vestida de negro que la miraba fijamente.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Déjeme en paz, señora.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Óyeme niña, no te lo vuelvo a repetir. Ten cuidado dónde miras. Un peligro te acecha.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los profundos ojos azabache de la mujer la traspasaban como si de dos ascuas hirientes se tratase. Se acercó un poco a ella y bajó aquella voz gutural que parecía emerger del averno.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Lo que ves, no siempre es de este mundo, y los espejos suelen encerrar terribles visiones. Aléjate de los espejos niña y guarda esto… –le cogió la mano derecha por sorpresa, la sujetó con férrea determinación, y colocó en su palma una ramita de romero– Llévala contigo y no busques más.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Qué dice señora… –Sara retiró la mano espantada, pero no se deshizo del romero– ¡Déjeme en paz!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De pronto el corazón empezó a batir en su pecho como si ahogara un tropel de tambores resonando a la vez; le faltó el aire y no quiso permanecer allí más tiempo. Salió apresuradamente, sin volver la vista atrás. Cruzó el local blanca como un muerto y llegó a la calle. En su mente martilleaban las enigmáticas palabras de la vieja gitana, palabras sin sentido, siniestras.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Miró a ambos lados de la calle. Todo parecía tan normal… La gente caminaba a su alrededor, cada uno con su vida a cuestas, perdida la mirada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sara decidió regresar a casa cuanto antes, tratar de olvidar lo ocurrido y procurar recobrar la compostura. Casi echaba de menos su anterior apatía, no sentir miedo, no sentir nada. ¿Qué había querido decir la gitana?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aquella noche la soledad se abatió sobre ella de forma despiadada. Sentada en la quietud de su salón apretaba en la mano la delicada ramita de romero, y lo hacía sin saber por qué, asombrada de prestarle atención a aquel absurdo trozo de superstición. Una agradable penumbra difuminaba los objetos a su alrededor; había puesto un disco de Keith Urban para que llenara el vacío ambiente que tanto la oprimía y también había encendido la tele, que resplandecía emitiendo cambiantes destellos de colores, sin sonido. Acababa de cenar, y tras una larga ducha bien caliente reflexionaba a solas, acurrucada en su sofá color café. Aspiró el suave olor del romero y al instante acudió a su memoria la imagen de la gitana… y sus palabras.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Mierda…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se levantó y fue hacia la cocina, a por un vaso de leche caliente.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fue muy consciente de que acababa de pasar por delante del espejo del recibidor. Retrocedió. ¿Por qué se detenía junto a él? ¿por qué se miraba en él mientras apretaba la ramita entre sus dedos con frenesí? Allí estaba ella, rubia, delgada, ojerosa, de finos labios rojos y una graciosa barbilla… Se miró a los ojos, se inclinó un poco hacia el reflejo y miró más de cerca.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Oh Sara, estás horrible… –murmuró con cierto desdén por su abandonado aspecto– ¿…y por qué no iba a mirarme en el espejo? Menuda chorrada…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sara se apartó con brusquedad, fue a la cocina y arrojó la ramita de romero a la basura.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tras ella, en el reflejo oscuro del espejo en el que acababa de mirarse, una sombra se agitó desde el fondo, enturbiando la pulida superficie, que se empañó como si alguien hubiese echado el aliento sobre ella. La música en el salón se detuvo y el silencio pareció retomar su lugar con irrefrenable dominio, tan opresor que Sara dejó el vaso de leche que acababa de calentar y se volvió algo cohibida. Era muy consciente de que el disco de Keith Urban ya no sonaba, porque precisamente había estado tarareando una de sus canciones favoritas mientras bebía la leche. Se asomó por la puerta y miró hacia el sombrío salón, donde la tele continuaba destelleando intermitentemente. El aire estaba enrarecido, como si el mundo entero hubiese contenido el aliento. Sara se negó a que ideas demasiado imaginativas linundasen su mente, así que salió con decisión, fue hasta la mesita de centro en el salón, cogió el mando de la tele y subió el volumen. Necesitaba oír algo, lo que fuese. Al instante la voz del hombre del tiempo se alzó con claridad, y al poco la música de los anuncios publicitarios llenó el ambiente. Sara permaneció con el mando en la mano unos segundos, contemplando absorta las imágenes de la pantalla plana de cuarenta pulgadas. ¿Por qué estaba temblando? ¿Tenía algo que ver con el hecho de haberse mirado en el espejo?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Qué tontería…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero no se atrevía a volver a hacerlo. Ni siquiera era capaz de acercarse al recibidor. Recordó con espanto supersticioso que había tirado a la basura la ramita de romero protectora que la gitana le había dado. ¿Y si realmente servía de algo?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Joder, pero si yo no creo en estas chorradas…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Estaba enfadada consigo misma, por dejarse llevar, por amilanarse y escuchar sus miedos absurdos…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Decidida a sobreponerse y demostrarse a sí misma que todo eran imaginaciones suyas, dio un paso y luego otro, forzándose a caminar hacia el recibidor. La entrada de la casa se le antojó ahora mucho más sombría de lo normal, y por alguna razón la luz de la cocina no lograba alumbrar nada. Sara frunció el ceño y apretó los dientes. Se colocó de frente al espejo, y se obligó a mirarse en él. Sólo para demostrarse que no ocurría nada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por alguna razón, al volver a mirar su reflejo pensó en su triste vida, en la soledad que pincelaba cada largo día, en la forma anodina que tenía de dejar pasar el tiempo. Estaba tejiendo una amarga sinfonía en torno a sí misma, y empezaba a ser incapaz de apartarse, de tomar otro camino, víctima de su encierro. ¿Cómo había llegado a estar tan aislada? ¿Qué había sido de sus amistades, de su risa, sus ilusiones, su buen humor, su gusto por las tertulias, por la compañía… ¿Quién era esa desconocida que le devolvía la mirada desde el otro lado? Aquella no era ella, aquel era el reflejo de una mujer solitaria, apática y depresiva.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Maldita seas, estúpida… –gruñó furiosa. De repente volvió a sentir, y con tanta intensidad que todo su cuerpo se agitó, como si una sacudida eléctrica lo hubiese recorrido de los pies a la cabeza. Una oleada de sensaciones embargó su mente y su corazón, rabia, ansiedad, frustración, desesperación… todo aquel cúmulo de emociones negativas que con tanto esmero había ido acumulando bajo una aparente indiferencia, emergió con violencia, aturdiéndola– Joder...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fijó unos ojos llorosos en los de su reflejo, y vio tristeza. No podía seguir así… Mientras pensaba en su desdicha algo le llamó sobrecogedoramente la atención. Acababa de ser consciente de que el sonido de la tele había cesado. ¿Desde cuándo? Al volverse a mirar se percató de que el aparato estaba apagado, y el salón a oscuras.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Qué…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El silencio se le antojó espantoso, atronador. Un movimiento fugaz en la superficie del espejo captó de nuevo su atención. Sara dio un respingo. ¿Qué había sido eso?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– No puede ser…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se acercó de nuevo y entonces descubrió, aterrada, que no se veía en él. En vez de su reflejo, la brillante superficie mostraba un fondo oscuro y difuso… y entre aquellas negras sombras algo se movía. La sangre se paralizó en sus venas, un grito ahogado agarrotó su garganta. No pudo gritar. Poco a poco, del mismísimo fondo de su espejo, una figura fue emergiendo, contorneándose sus formas… Unos ojos encendidos se clavaron en ella, hirientes. La casa quedó a oscuras, un silencio mortal se adueñó de ella, Sara no lograba moverse. La figura pareció adquirir volumen, de su informe cuerpo surgieron brazos y piernas, sin dejar de ser una sombra ominosa que atravesó el cristal y se vertió hacia la joven como una marea envolvente cuya gélida esencia pronto se apoderó de su cuerpo, la rodeó, la cubrió y se fundió con ella.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mientras engullía a la frágil Sara en un abrazo raptor y la arrastraba consigo de nuevo hacia el espejo, ella sólo podía recordar las palabras de la gitana: “…ten cuidado dónde miras, un peligro te acecha…”. En unos segundos la sombra aterradora que serpenteando había surgido del espejo se la llevó. La luz regresó, el televisor de plasma volvió a encenderse, pero la casa quedó vacía.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El espejo del recibidor quedó opaco, como una negra boca sin fondo. Y Sara había desaparecido.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;© Maite Rodríguez Ochotorena.&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 238); text-decoration: underline;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-6698955629657728217?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/6698955629657728217/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=6698955629657728217' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/6698955629657728217'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/6698955629657728217'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2007/12/la-mirada-en-el-espejo.html' title='La Mirada en el Espejo'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_n41fj7afjic/R5-FgS4kURI/AAAAAAAAABw/IEKczCKaKiA/s72-c/zoom_1793162.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-8777783658402675224</id><published>2007-12-18T09:53:00.000Z</published><updated>2007-12-18T09:54:40.221Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>La Condena</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Amanecía al aspirar el frío aire de mi encierro; la oscuridad era mi compañera, el silencio un regalo, la soledad mi carcelera. Mi alma prisionera hubiera querido volar lejos, mi voz rasgar ese silencio, mis ojos ver en las tinieblas... mi corazón encontrar ese consuelo, mi alma el perdón para una culpa inventada, compasión, un rayo de luz para mi tormento.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mas fuera sólo esperaba la muerte; mil voces airadas vociferaban castigando cada paso hacia el inevitable destino. Mis pies hollaron por fin el barro marcando huellas desesperadas, trazando el sendero más triste que jamás hubieran soñado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El alma encogida, la voluntad humillada, la voz de la verdad silenciada, mi cuerpo avanzaba, la mente se negaba, pero los pies me arrastraban.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Las lágrimas derramaban la injusticia, y la injusticia humedecía mis mejillas heladas pidiendo clemencia, y la clemencia no llegaba... porque goteaba sobre mis ropas y se desperdiciaba entre sus hilos. Pobrecilla, nadie podía verla.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y así llegué hasta el lugar de injusto castigo, donde mi vida dejó de tener sentido, donde exhalé mi último suspiro, el más breve, el más angustioso, el que precede al filo cuando presiente su frío acero antes de que caiga cumpliendo el veredicto... El que dictó este destino incierto, injusto... el mío.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-8777783658402675224?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/8777783658402675224/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=8777783658402675224' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8777783658402675224'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/8777783658402675224'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2007/12/la-condena.html' title='La Condena'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-1467079510827338450</id><published>2007-12-17T18:16:00.001Z</published><updated>2009-01-14T15:06:51.692Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El Conde Torquemada'/><title type='text'>El Conde de Torquemada</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sonaron las doce del mediodía… Hora extraña para salir, pero el Conde de Torquemosa Y Pardiez de Revilla Estirada no acataba las normas. Por eso era como era, por eso se arrastraba por la vida como un miserable despojo, sombra de lo que había sido… bebedor, drogadicto, adicto al sexo, pendenciero y sobre todo, patoso. Daba grima.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nada más abandonar su ataúd, surgiendo como una sombra viscosa de la montaña de hielos con que había recubierto el interior para no pudrirse durante el sueño, tropezó y cayó de bruces, arañando el suelo con sus enormes alas translúcidas de chapulín. Gruñó hediendo a alcohol y recordó que hacía sólo dos horas estaba chupándole la sangre a un borracho en la esquina de una calle cualquiera, junto a algún bar olvidado… El Conde de Torquemosa se medio irguió, orgulloso de su tambaleante figura, y frotó sus gastados colmillos con un dedo sucio. Fuera, la estridente música de una banda de Carnaval retumbó con fuerza, recordándole que de nuevo podía salir a la calle sin llamar la atención. Se miró en un espejo, alto, esmirriado y harapiento, una especie de Conde Drácula alado procedente del trópico, parecía un triste disfraz de sí mismo. Pero el carnaval, acontecimiento ecuménico, le daba alas para volar a cualquier lugar del mundo, para deambular por las atestadas calles y robarle el alma a sus víctimas dejándose llevar por sus instintos imponderables… Así que había llegado el momento. Se asomó a su ventana y salió al alféizar. Desde allí olió la sangre... y una sonrisa desdentada asomó en su chupado rostro de vampiro mientras se lanzaba al vacío aleteando sin ton ni son. Allá iba, el Conde de Torquemosa y Pardiez de Revilla Estirada, el último vampiro tropical vivo en el mundo!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;© Maite Rodríguez Ochotorena.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-1467079510827338450?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/1467079510827338450/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=1467079510827338450' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/1467079510827338450'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/1467079510827338450'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2007/12/el-conde-de-torquemada.html' title='El Conde de Torquemada'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-1350255279709778664</id><published>2007-12-17T18:11:00.000Z</published><updated>2007-12-17T18:15:37.041Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Tus Manos</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una dulce caricia promesa de otras tantas, cálida piel en mi regazo, prolongado beso de tus dedos en torno a mi cintura, modelando mi sonrisa, besando mis labios... Un rubor apasionado enternece cada gesto cuando rizas mis cabellos; tu pulso penetrante se entrelaza entre mis dedos al susurrar los tuyos tanta ternura cuando coges mi mano. Ansío ese roce inesperado, ese leve gesto al tomar mi cara con amor y atrapar esa mirada, promesa de pasión, regalo de una unión eterna de tu alma con la mía, corazón con corazón.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;© Maite Rodríguez Ochotorena. Todos los derechos reservados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-1350255279709778664?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/1350255279709778664/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=1350255279709778664' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/1350255279709778664'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/1350255279709778664'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2007/12/tus-manos.html' title='Tus Manos'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-7848663581544657779</id><published>2007-12-17T17:50:00.000Z</published><updated>2007-12-17T17:58:58.675Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Algo Bulle en tu Mirada</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Algo bulle en tu mirada, algo sereno, plácido… No ajeno ni distante a mí… pero eterno y aunque sincero, también símbolo de mi desesperación. Respiro lentamente, con miedo de viciar el aire que tú exhalas con cada promesa que me haces; no trato de moverme, por si el más leve gesto pudiese romper el hechizo de tu presencia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Quiero creer en el anhelo de tus besos, el roce de tus manos, cada leve suspense entre nosotros, ese frágil suspiro que brota del momento pasajero en que nos unimos…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Algo bulle en tu mirada, destello ambiguo que evito… No deseo comprenderlo, no podría soportar interpretarlo. Retengo tus dedos entre los míos, sólo un segundo, un placentero roce del que no me desprendo. Tus ojos brillan en los míos, tus labios sellan mi deseo y describen el fuego que desciende entre mis senos y se pierde en mis caderas…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero algo bulle en tus caricias, algo latente, vestido de mentira, lo veo aunque no quiera&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;en cada abrazo, mientras duermes a mi lado. Quiéreme amor, guárdame en tu pensamiento, retenme aún unos momentos...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Algo bulle en mí, no quiero ver pero sé, no deseo saber pero comprendo, no tengo que comprender para adivinar que te he perdido... Y ahora bulle en mi interior un terrible lamento.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;© Maite Rodríguez Ochotorena. Todos los derechos reservados.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-7848663581544657779?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/7848663581544657779/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=7848663581544657779' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/7848663581544657779'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/7848663581544657779'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2007/12/algo-bulle-en-tu-mirada.html' title='Algo Bulle en tu Mirada'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-743936520436107350</id><published>2007-12-16T11:59:00.002Z</published><updated>2009-01-14T15:07:27.900Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Terror en la Sombra'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Terror en la Sombra</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;A la sombra uno se recuesta plácido y ajeno al bochorno de la tarde más calurosa; en la sombra imaginamos formas que de la magia de nuestra fantasía parecen surgir con vida propia; sombras pesan a veces en nuestro ánimo, nublando el pensamiento, y en las sombras podemos querer escondernos de nuestras faltas más graves, huir de nuestros pecados, evitar juicios y eludir la culpa...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Desde donde se encontraba, Merlín oía con toda claridad el ir y venir de su dueño y señor; sus pasos cansinos; su respiración; el modo en que retiraba los restos del frugal desayuno de la mesa; esa tosecilla que emitía de vez en cuando sólo para oírse a sí mismo... Adivinaba cada movimiento igual que sabía a ciencia cierta que unos minutos después se iría a la sala y se sentaría en su butaca a echar una cabezadita. No lo había presenciado nunca directamente, pero tras un año allí encerrado carecía de importancia: cada día se repetía exactamente igual al anterior, el mismo ritual, y había llegado a descifrar las claves de todos los acontecimientos que se desarrollaban a su alrededor, en cualquier parte de aquel oscuro y lóbrego lugar, no necesitaba ver para saber.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Fuera, al otro lado, en la calle, el sol lucía con todo su esplendor, pues era un precioso día de mayo, cálido, vestido con un glorioso cielo azul intenso. Un fuerte viento del norte soplaba agitando las ramas de los árboles; hacía bailar sus hojas y arrancaba notas musicales de su danza alocada, elevándolas y mezclándolas con su voz profunda y melódica; susurraba una canción alegre y la extendía por las calles, rozando todas las cosas, jugando con los cabellos de esa chica, enredándose en la falda de aquella mujer, agitando las banderolas que adornaban la entrada de ese bar, revoloteando junto a las palomas en su vuelo zigzagueante hasta encaramarse a las ventanas y balcones de los edificios para curiosear en las casas de esas personas que vivían en ellas... Y se colaba a raudales en todas ellas, penetrando alegre y desafiante en habitaciones, salas y buhardillas, removiendo cortinas, agitando las flores de los alféizares y llevándose sus pétalos de hermosos colores en remolinos vivos que giraban y giraban en un alocado ritmo de genialidad caprichosa.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Hasta que su frenesí fue a toparse con la única ventana que en un día como aquel permanecía cerrada. El viento se derramó contra sus cristales y no pudo entrar en la oscura habitación oculta al otro lado; empujó con ímpetu una y otra vez, arrojando pétalos de colores contra aquel muro de cristal translúcido, viento curioso que gastaba su empeño en mirar el secreto escondido tras la ventana, que no era otra que la de Merlín, el canario más triste y solitario del mundo...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;El pajarillo salió de su letargo y miró aquella ventana agitada por una mano invisible; escuchó el ulular del viento, que rugía al otro lado cada vez más empeñado en entrar, y tuvo miedo. Merlín no había visto nunca el exterior, no había oído jamás un sonido como aquél, y se le antojó que aquel mundo ajeno a su existencia podía querer devorarle. Grabadas con fuego permanecían en su memoria las palabras de suviejo carcelero, de odio hacia todo lo que había al otro lado de la ventana, de repulsión, de rechazo desmedido... ¿No habría algo de verdad en ellas cuando aquella voz que ululaba estrellándose contra los cristales sólo parecía querer reventarlos? Merlín tembló atemorizado por la fuerza destructora empecinada en entrar.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Y de repente, la vieja ventana ya no pudo contener por más tiempo el ímpetu de aquel viento joven y orgulloso y tuvo que ceder a su curiosidad innata, que alegremente logró colarse en la habitación de Merlín, y con él trajo un millar de pétalos llenos de fragancias dulces, revoloteando envueltos en rayos de sol luminosos que aquel desventurado pajarillo contempló hechizado. Las pesadas cortinas se vieron levantadas bruscamente, sacudiéndose de encima el polvo acumulado en su vieja tela; se revolvieron inútilmente, tratando de eludir a aquel viento primaveral, que enérgico y decidido a cambiarlo todo de sitio penetró hasta el último rincón de la triste habitación, y al ver a Merlín voló hacia él y con dedos fuertes pero delicadosremovió sus frágiles plumas, haciéndole cosquillas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;¿Qué era aquello? El canario notó el aire limpio de la primavera penetrar en sus pulmones y aspiró con fuerza, disfrutando de tantos olores nuevos, del agradable roce del viento, que amigable agitó la jaula de hierro y se deslizó por toda la habitación, mostrando a Merlín la belleza de la vida. Los pétalos de las flores revolotearon a su alrededor en un remolino sibilante que mil veces cambió de forma y de color, jugando sobre el suelo en un enredo sin fin... Fue tal la alegría que embargó a Merlín que la voz brotó involuntariamente de su prodigiosa garganta, un año enmudecida por estar allí encerrado, solo, abandonado a su suerte, en manos de un necio. Las notas musicales se elevaron graciosas y cambiantes, uniendo su ritmo enloquecido con la voz del viento, y ambos cantaron juntos componiendo una melodía armoniosa y vibrante. Merlín cantó y cantó cada vez más alto, y aún lo hizo con más entusiasmo cuando sus ojitos negros vieron por primera vez el mundo al otro lado de la ventana, el cielo azul, las casas, losárboles, todo tan pletórico y bello que creyó que su corazón estallaría de gozo y deseo de salir de allí...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Pero estaba cantando demasiado alto, llevado sin remedio de su entusiasmo...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Pronto la amarga voz de su carcelero resonó por encima de la del pájaro y la del viento, rugiente, encolerizada. Merlín enmudeció de repente y toda su alegría se esfumó, igual que había llegado, cuando le vio cerrar la ventana de un golpe y correr las cortinas triunfantes sobre ella. Don Elías ocultó bruscamente aquel hermoso cuadro del mundo exterior de su vista; el viento se retiró al momento, expulsado de la habitación, y los dulces pétalos de flor tan esmeradamente recogidos por su mano caprichosa cayeron de golpe al suelo, y en la sombra que de nuevo se adueñó de aquel lugar, parecieron morir, apagados sus brillantes colores, incapaces de bailar.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;- “¡Esta endemoniada ventana! ¡La tapiaré si es necesario!” – El viejo estaba fuera de sí, ajeno a la inmensa congoja del pajarillo. Desapareció un momento y regresó con una escoba para barrer sin piedad aquel brevemente animado montón de pétalos, mezclándolo con el polvo derramado por las cortinas, que mudas observaban la escena desde su posición privilegiada, contentas por poder volver a estar en su sitio, bien colgadas, cumpliendo su función, que no era otra que vigilar aquella peligrosa ventana.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Merlín ya no prestaba atención al viejo mientras éste volvía a dejarlo todo como estaba, es decir, sumido en aquella penumbra melancólica y rancia que él ya de ningún modo podría soportar. No ahora que había probado la frescura de la vida... ¿Cómo volver a su rutinaria existencia, a su encierro solitario? ¿Para qué quería sus alitas en aquella odiosa jaula? Jamás las había estrenado, nunca podría volar con ellas bajo ese hermoso cielo azul... Fuera, al otro lado de la triste ventana, el viento rugía encolerizado, empujando con fuerza pero sin éxito. Su voz sonaba apagada tras los cristales, donde lucía un sol espléndido y cálido. Al otro lado... donde estaba la libertad.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Don Elías parecía encontrar sosiego en la sombría habitación de aquella oscura casa, su baluarte, su escondrijo, donde nadie podía imponerle su presencia, su charla; donde ningún mortal tendría la menor oportunidad de colarse y perturbar su existencia solitaria de tantos inviernos... largos y premeditados, hasta aquella noche de su cumpleaños.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Con calculado esfuerzo se inclinó sobre la única vela de un triste pastel y sopló hasta agotar la escuálida y palpitante llamita, consciente del opresivo silencio que reinaba en torno a él. La lucecilla se extinguió finalmente y en los entrecerrados ojos de Don Elías brilló por última vez su reflejo, como una ilusión de calidez en aquella mirada vacua y desprovista de alegría.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Fue mecánica su precisión cuando retiró la infeliz velita del pastel y la depositó en el cajón de la mesita; el ligero temblor de sus huesudas manos apenas si se dejó sentir al coger el pastelillo y llevárselo a la amplia y cavernosa cocina para guardarlo en la alacena sin haberlo probado, en una estantería triste y oscura. Olía a moho, a tiempo consumido, a rancio... Sin embargo, a Don Elías le gustaba pensar en el dulce sabor de todos aquellos postres de cumpleaños que había ido dejando cada año allí, eternamente olvidados, no saboreados, desvirtuados y perdidos en el tiempo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;No muy lejos, en su habitación, el triste canto del infeliz Merlín, su único e involuntario acompañante, se elevó indiferente y monótono, rompiendo a pesar de su tono melancólico el agrio silencio de la vieja casa, filtrándose en las grietas de las paredes húmedas y tristemente empapeladas, en los carcomidos suelos y en los viejos y altos techos sin lámparas, excepto la de la sala, en cuyos siete brazos se enredaba evocando ecos tintineantes; aventuraba su voz de canario osado en las sombras más antiguas de cada rincón, con la intención de robarle al tiempo estancado de aquel lugar triste y solitario un pequeño lapso, una fisura de belleza, un paréntesis que para Don Elías no significaba sino que había llegado la hora de acostarse. Su fiesta de cumpleaños había finalizado.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Sus pasos se arrastraron en la penumbra tirando de él cansinamente, despertando rumores extraños en el lánguido pasillo. Pasaron bajo el cansado aparato de aire acondicionado, que rumiaba por lo bajo vomitando algo de aire desde sus entrañas en aquel angosto espacio desnudo, sin recuerdos, ni personales ni superfluos, y le llevaron hasta la cama, amplia y alta, con su maciza cabecera de roble tallada en curiosas espirales floreadas, hermosos grabados, alegres en otro tiempo, carcomidos ahora en el olvido de Don Elías. Enjaulado junto a esa misma cabecera, como presidiendo los sueños de su carcelero todas las noches, Merlín aleteaba desesperado, batiendo unas alas inútiles en una jaula de hierro demasiado pequeña, y sus ojillos negros y desesperanzados brillaban a la luz de la lámpara de la mesita de noche, fijos en la figura encorvada de aquel viejo renegado de la vida y amargado, su única compañía, mientras se metía entre las pesadas mantas sin prestarle la menor atención. ¿Dónde estaba el viento, el sol, la libertad que aquella misma mañana había podido saborear siquiera brevemente?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Don Elías, siempre ajeno a la desesperación de su prisionero, contó los segundos siguiendo atentamente el TIC-TAC del reloj de pared de la sala, que llegaba claramente a sus oídos a través del pasillo, ¡TIC-TAC, TIC-TAC, TIC-TAC! Dejó vagar esa mirada desinteresada que le caracterizaba por las paredes deslucidas, tan carentes de alma propia como él, y se detuvo un instante en el enorme armario empotrado en la pared, con sus dos pesadas puertas entreabiertas, como queriendo dejar salir la oscuridad de su interior en un grito de agonía, para librarse así de su solitaria existencia carente de perchas, de ropa colgada, de corbatas, de pantalones, de cajas con recuerdos o secretos ocultos, objetos que sin duda le darían sentido a lo que era. Una bata anticuada se aferraba con sus brazos de tela de cuadros, en otro tiempo rojos y verdes, al cojo galán arrinconado cerca del pobre armario; parecía reírse de su vacío al permanecer eternamente fuera: jamás había estado colgada en él.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Las cortinas marrones pendían inertes, con su pesada tela envejecida ribeteada por largos y raídos flecos, impertérritas, ocultando deliberadamente la estrecha y tímida ventana tras ellas y su peligrosa conexión con el mundo exterior, con las voces de la gente, el sol, la lluvia y las estaciones, la vida... Estaban satisfechas, porque el viento ya no soplaba al otro lado y la noche había devuelto la calma a las calles.  Eran las mudas guardianas del encierro voluntario de aquel viejo malencarado, quien por su parte se vanagloriaba por haberlas vuelto a dejar bien cerradas, cercenando los insistentes rayos de luz que hubieran podido colarse por algún resquicio para violar su celosa intimidad. Esto le producía una satisfacción cercana a la alegría, sentimiento éste que él sin embargo malinterpretaba por completo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Los arrugados ojillos de Don Elías se entornaron al fin ocultando aquella fea mirada altanera, egocéntrica, obstinada y severa, y pronto su respiración se suavizó, escapándose de sus finos labios un lento y agrio suspiro, seguido de un primer ronquido de fea sintonía: se había dormido. Ningún ángel velaba por su sueño, ni blanco ni negro, pues estaba completamente solo en su baluarte.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Y suele suceder que durante el sueño surgen nuestros miedos; los fantasmas emergen de nuestros malos actos para atormentarnos, y una gran inquietud juguetea en nuestra mente prisionera de la noche, disfrazándose de mil pesadillas, cada cual más espantosa... Aquella noche de cumpleaños Don Elías pronto comenzó a sudar, a revolverse apesadumbrado, presa de sí mismo, incapaz de despertar y escapar de un sueño horripilante. Pálido hasta casi resplandecer en las mórbidas tinieblas de su habitación, se debatió entre las asfixiantes mantas cada vez más violentamente, enseñando sus dientecillos afilados entre unos labios resecos a causa del grito ahogado en la garganta... Así continuó, presa de un atroz sufrimiento, durante mucho rato, hasta que despertó al fin con un aullido histérico cuyo eco fantasmal se prolongó en la noche. Estaba sin resuello y agotado, empapado en un sudor frío.  Un nudo agarrotaba su garganta enmudecida de espanto.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Se vio ciego en las sombras de la noche, y por una vez deseó que aquellas condenadas cortinas que cubrían la ventana de su habitación estuviesen corridas, para que al menos la tenue luz de la farola en la calle penetrase en su bastión para romper aquella tortura de oscuridad que ahora, y por primera vez, no deseaba. Tanteó torpemente tratando de dar con el cable de la lamparita de su mesilla y encenderla. Al accionar el botón y desparramarse la pobre luz de una bombilla triste y gris a su alrededor, se percató de que Merlín batía sus alas frenético, revoloteando en su jaula, chocando contra los barrotes que le hacían prisionero y produciendo al hacerlo un extraño silbido de plumas rotas que caían al suelo formando en él un caprichoso salpicón, sombra de sí mismo. Don Elías pasó asombrado su atención del enloquecido canario a su tétrica versión de plumones sobre el suelo, tapándose con las manos los oídos, incapaz de soportar aquel ruido demoníaco.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;El canario se lanzaba desesperado, una y otra vez, contra los barrotes de su jaula. Buscaba enconadamente la libertad, llamando al viento amigo, clamando por volver a ver el sol, los árboles, por respirar una vez más el aire límpido del mundo, por sentirse vivo. Ya no podía soportar más aquel encierro, la soledad... y batía sus alitas tan rápido que sesgaba el viciado aire de la habitación con un lamentable zumbido que acabó por hacer perder los nervios a su viejo carcelero, quien muy equivocadamente creyó que aquel maldito bicho había sido presa, al igual que él, de alguna pesadilla.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Don Elías, agobiado por aquella actitud desafiante, se levantó y salió de la protección de las mantas, pisando al hacerlo el suave montoncito de plumones que tan curiosamente se había formado a los pies de su cama, y al hacerlo desperdigó aquella mágica reunión en una nubecilla lenta y suave alrededor. Don Elías gruñó despectivo y esparció aún más lo que quedaba bajo su pie, para a continuación abrir la puerta de la jaula e introducir su mano huesuda en ella, buscando al histérico animalillo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Durante unos treinta segundos mano y pájaro fueron arriba y abajo en un baile arrítmico y tétrico, hasta que la mano fría atrapó el cálido cuerpecillo del canario, cerrándose la garra en torno a él para que dejara de batir aquellas alas inútiles en vano. Don Elías lo extrajo de su encierro y se lo llevó hasta su lecho, sosteniéndolo en tanto lo observaba atentamente temblar de pavor, con sus ojillos negros abriéndose y cerrándose rápidamente y el corazón latiendo desbocado en su pechito. Vio entonces su reflejo en aquellos ojos brillantes y, como si la burlona evidencia de la miseria de su alma le hubiese devuelto la mirada desde ellos, cogió la delicada cabecita de Merlín y la apretó con fuerza, privándole del aire vital, ahogándole deliberadamente, hasta que el desgraciado canario dejó de agitarse y de luchar. En la palma abierta de aquella mano asesina quedó inmóvil. Mostraba aún una gran belleza en su cuerpecito inanimado, pero no despertó lástima ni arrepentimiento alguno en aquel viejo cruel, quien al contrario, muy satisfecho de sí mismo, lo volvió a depositar en la estrechez de la jaula. Pensaba que el pájaro al fin había dejado de incordiar y frotaba sus doloridos oídos aliviado al haber regresado el silencio a su dormitorio.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Al acostarse y apagar la lámpara, tampoco dedicó un fugaz pensamiento al que le había acompañado durante aquel año con su dulce voz, el único toque de color, de vida, de esperanza, de su monótona y ruin vida... Merlín pasó al olvido rápidamente.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Don Elías lanzó un profundo suspiro convencido de que el sueño llegaría esta vez plácido y libre de pesadillas, y apoyó sus canas ralas en la almohada, dispuesto a dormir de un tirón hasta el amanecer...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Empero en ocasiones la casualidad, el azar, o el destino suelen surgir repentinamente, y traen de la mano sucesos que pueden ser buenos o malos, previstos o imprevistos, y alguna vez temibles. Y a veces las sombras despiertansecretos dormidos, o abren la puerta a eventos misteriosos que alteran nuestro ritmo de vida para siempre.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Y aquella noche la soledad no parecía dispuesta a acompañar a Don Elías, sino que más bien le había abandonado en sus tinieblas, aliándose con ellas, y de ellas mismas había extraído algo funesto que se coló en la casa. Quizás el espíritu de Merlín había dejado abierta una fisura entre el Más Allá y este mundo al abandonarlo de forma tan trágica y brutal, una grieta lo bastante ancha para que algo mórbido se deslizara por ella. Como quiera que fuese, en el mismo instante en que los párpados del viejo desalmado se cerraban, el insólito revoloteo de unas alas sonó alto y claro en la casa, rompiendo el silencio de la madrugada.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Don Elías dejó de respirar en ese mismo instante, los ojos desmesuradamente abiertos en la oscuridad, el oído atento, la mente alerta...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Extendió despacio una mano temerosa y encendió una vez más la lamparita, y un aleteo suave se oyó en dirección a la cocina, dondecesó repentinamente. La evidencia de su vida solitaria  llenó al viejo de amargura y temor. ¿A qué podía obedecer aquel fenómeno? ¿Había sido su imaginación, alterada por tan horribles pesadillas? No... Había oído claramente aquel batir de alas... Algo imposible, porque Merlín estaba muerto y en su jaula, de eso estaba bien seguro...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;¿O no?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Don Elías buscó la evidencia del cuerpo de Merlín, sólo para convencerse a sí mismo de que seguramente aún era presa de un mal sueño.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;¿Y por qué entonces... no lo vio allí, donde lo había dejado?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Frotó sus ojillos con incredulidad, convencido de que el velo nocturno con su irrealidad le estaba jugando una mala pasada. Pero... al volver a mirar ¡seguía sin estar allí!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Agitó la jaula, lleno de impotencia y soberbia ante aquel hecho extraordinario que escapaba a su comprensión, pues estaba seguro de haber ahogado al canario, y recordaba que su corazónhabía dejado de latir. Trató de contar hasta diez buscando una calma imposible: 1, 2, 3, 4... pero antes de alcanzar el 5 de nuevo se repitió aquel aleteo suave, fantasmal, perdido en algún rincón de la vasta cocina.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Don Elías tomó una decisión en aquel mismo instante. Haría frente a tan enloquecedora situación. Alguien trataba de asustarle y no estaba dispuesto a ceder. Pensó en los críos del edificio, siempre buscando la forma de molestarle... Descubriría dónde estaba la trampa, y después se vengaría. Ya sabría qué hacer...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Se armó de todo su valor y embutiendo los frágiles pies en unas desgastadas pantuflas se apoderó de la bata del galán, cuya tela ondeó somnolienta y deshilachada tras él mientras abandonaba la habitación y cruzaba la puerta en dirección a la cocina. Tenía frío. De su boca brotaba un vaho incomprensible, pues la primavera estaba ya avanzada y el calor preludio del verano había invadido la ciudad. Antes de acostarse había oído en la radio que la temperatura rondaba los 27 grados... ¿Quésentido acompañaba entonces a aquella gélida atmósfera dentro de su casa? No pudo evitar tiritar y menos aún el castañeteo de sus dientecillos gastados.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Los dibujos floreados del papel del pasillo se alargaban en difusas líneas verticales de arriba a abajo, continuándose hacia la sala sin interrupción y de allí a la cocina, libres de adorno alguno, y por vez primera se le antojaron mórbidos y le pareció que prolongaban aquel condenado pasillo en una distancia eterna hasta la cocina. A su izquierda la sala se abría abandonada, con su triste butacón aposentado junto a una chimenea largo tiempo en desuso y un montón de libros polvorientos apilados sin orden aparente a sus pies. Allí las cortinas también se hallaban corridas, dejando entrar apenas un hilo de luz artificial bajo ellas. Una pesada librería, desvencijada y sin brillo, se levantaba contra la pared mostrando sus estanterías repletas de libros no leídos, carcomidos y muertas sus páginas, sin lector que se interesara por ellas. Era un resto del anterior inquilino de la casa, de otro tiempo, unasombra de lo que fue un hogar en el pasado... No había alfombras que cubrieran el gastado suelo, ni cuadros, ni figuras, ni planta alguna daba vida a aquel cuadro dantesco de desoladas pinceladas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Pero Don Elías no se fijaba en todos estos detalles, pasaba su mirada por encima de ellos, interesado tan sólo en el origen de aquel aleteo que ahora parecía provenir de allí mismo. Se había detenido en el umbral de la sala esperando oír nuevamente aquel sonido en algún rincón, entre las sombras espesas que desdibujaban los contornos con sus dedos tenebrosos. Medio apoyado en el quicio de la puerta esperó atento, impaciente, aterido de frío, tratando de ignorar el agarrotamiento que comenzaba a entumecer su cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;No tuvo que aguardar mucho. Ahora procedía de la vieja estantería, tan real que abandonó la idea de estar soñando despierto. Sin duda el espectro de Merlín le buscaba dispuesto a cobrarse su venganza... ¿de qué otra cosa podía tratarse? No... Quizás él no se había equivocado en su primera impresión, al pensar en los endemoniados chiquillos, tenía que ser cosa de ellos... La mente de Don Elías divagaba confusa, pasando de la certeza de la ominosa presencia vengativa de Merlín, que trataba sin duda de arrancarle la vida, al convencimiento de que los diablillos infantiles que siempre trataban de atormentarle, se mofaban de él una vez más... ¡Estaba enloqueciendo!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Determinado a acabar con aquella situación accionó el interruptor de la pared y avanzó muy decidido hacia la alta e imponente estantería, pero las siete bombillas de la única  lámpara que colgaba del techo estallaron en mil pedazos antes de que hubiese dado dos pasos, y un montón de diminutos cristalitos cayeron sobre él en una cascada cortante que laceró su rostro con mil finos cortes. Don Elías aulló de dolor y de rabia, retrocediendo asustado entre chasquidos de cristales rotos bajo sus pantuflas. ¿Era la forma de Merlín la que se había formado allí, a base de trocitos de cristal?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Don Elías gimió de temor y su lamento tomó forma en el aire congelado para esfumarse un segundo después. Se limpió nervioso  con la manga de su bata las diminutas heridas sin dejar de mirar hacia la estantería, pues el aleteo persistía, aunque no lograba ver nada en aquella oscuridad, sólo formas vagas que ahora se escudaban en la excusa de las bombillas rotas... Un temor sordo le atravesó intensamente mareándole y sintió que sus rodillas fallaban. Había algo allí, rodeándole, cercándole en su encierro voluntario, algo malévolo que enfriaba el aire que respiraba y buscaba hacerle perder la razón.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Don Elías temblaba de pavor por primera vez en su vida, y de pronto se sabía extraño entre aquellas paredes por él ignoradas. Quizás él era como un tumor que la casa entera trataba de extirpar, quizás Merlín buscaba venganza desde el Más Allá, o quizás simplemente había perdido la cabeza definitivamente. Balbució algunas palabras incoherentes, tratando de pronunciar el nombre de su canario.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Y entonces el silencio regresó.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;El viejo llegó dificultosamente hasta la estantería y la revisó, no sin miedo, buscando algún rastro de su difunto pájaro. Nada halló entre los libros, excepto polvo. Algunos de aquellos volúmenes se deshicieron al tocarlos, deslizándose su contenido entre los dedos frígidos de aquel hombre sin corazón, al igual que la vida escapa de nuestros cuerpos con cada segundo que pasa acercándonos irremediablemente a la muerte, pero sin dejar en cambio huella alguna en él, pues ni una sola de las palabras impresas en las marchitas páginas se había visto reflejada en sus ojos durante lectura alguna. Destripó desconcertado todas las baldas, vaciándolas, hasta que una montaña de libros quedó a sus pies entre una nube de polvo viejo, el único que los había rozado en tanto tiempo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Nada.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Obcecado, el viejo arremetió contra los volúmenes que quedaban y los volcó violentamente de sus estantes, emprendiéndola a patadas con ellos hasta reventarlos, deslomarlos y dejarlos en un montón informe de páginas revueltas y rasgadas. Cuando hubo acabado con ellos, encendido aún por la locura, se condujo renqueante hacia la cocina, tironeando con inusitada energía de sí mismo y dispuesto a darle la vuelta a las paredes, si era necesario, para acabar con aquel tormento. Su ira desatada arrancó el papel de la pared del pasillo al cruzarlo, y arrasó a continuación la encimera de la cocina al entrar en ella, arrojando cazuelas de hierro al suelo sucio de loza y causando un gran estruendo que no cesó en aquel desenfrenado ataque destructor. Platos, tazas, cubiertos, cajones, trapos, la cafetera, la tostadora, el reloj de pared, el calendario (que había encontrado allí colgado al comprar la casa y que jamás se había molestado en cambiar, como si así pudiese burlar el paso del tiempo), las dos únicas sillas, la mesa plegable... Todo voló de un lado a otro en confusa revolución rompiéndose y quebrándose inútilmente contra el suelo, contra las paredes, contra los armarios...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Al cabo de un rato Don Elías quedó inmóvil, jadeante, en medio de los restos de lo que había sido la cocina, y su figura parecía haber encogido con el esfuerzo destructor... En aquellos momentos era consciente de que a pesar de todo, aquel horrible aleteo persistía, ahora en otro rincón distinto al anterior, desplazándose a su antojo, esquivándole burlonamente.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;- “¡¡¡Merlíííííííín!!!”&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Vencido por la evidencia de sus inútiles esfuerzos, retrocedió hacia la relativa seguridad de su dormitorio, seguro ya de que el pájaro no estaba allí, sino que una fuerza oscura se había adueñado de la casa...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;No obstante, uno no le da la espalda a las sombras, sino que ellas suelen teñirlo todo con trazos precisos de misterio y temor, y pellizcan nuestra inquietud mientras caminamos huyendo de ellas, nos rodean y no podemos evitarlas aunque cerremos los ojos, porque siguen estando allí, bajo nuestros párpados, permanecen ancladas en nuestra mente y noshacen esclavos de su presencia por toda la eternidad, ya que ellas prevalecen a lo largo del tiempo y son reinas de nuestras pesadillas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Y es así que en el mismo instante en que Don Elías se adentraba en la aparente seguridad de su cuarto, un estruendo a sus espaldas sobrecogió su tambaleante calma y anuló todo rastro de cordura en él. Algo grande y pesado se movía tras él, no sabía si se arrastraba por el suelo o si reptaba pegado a las paredes, o quizás flotaba en el mismo aire que respiraba... pero al volverse a mirar por encima del hombro no vio nada, aparte de una espesa sombra, tan oscura que tras ella no lograba distinguir el pasillo, ni la sala, ni la puerta de la cocina o la del baño. Un terror sin nombre le cercó, aislándole, empequeñeciendo su persona, rozando su piel y su cabello deliberadamente, y como si las sombras tuviesen dedos vio moverse la tela de su bata, agitada por una mano invisible, y de improviso aquella vieja bata se abrió y le abandonó cayendo al suelo como si fuese de plomo. Su pijama comenzó a arrugarsesobre sí mismo, replegándose caprichoso, y Don Elías ya no pudo soportarlo más.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Se lanzó despavorido hacia la cama, cerrando la pesada puerta de roble tras él. Aullaba histérico cuando se cubrió con las mantas de pies a cabeza, pues percibía una marea de espeso horror colándose bajo la puerta, notaba cómo le robaba el aire, impidiéndole respirar. La ominosa negrura abordó el dormitorio y Don Elías enmudeció repentinamente, sin aire, a pesar de que abría su boca en una mueca carnavalesca, boqueando en busca del grito, como en una pesadilla. Con los ojos desmesuradamente abiertos agitaba brazos y piernas mientras dedos oscuros trataban de sacarle de la cama, tirando de su pecho. Una fuerza intensa, invisible y sin embargo tangible, le empujaba y atravesaba desde todos los ángulos, levantándole sobre el colchón, agitando su cuerpo, zarandeándole, y hasta la cama comenzó una macabra danza, traqueteando pasos de baile sin sentido sobre el suelo, con un eco intermitente y hueco y un alocado movimiento zigzagueante que la hizo girar sobre sí misma en una espiral demoníaca. El cuerpo de Don Elías agonizaba engullido por la marea de sombras...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;En medio de la locura algo aferró las mantas arrojándolas lejos, y Don Elías quedó al descubierto, vulnerable y oprimido. Toda la habitación pareció cernirse sobre él. El tiempo se detuvo. Sus ojos no lograban ver nada, pues toda la oscuridad del mundo se concentraba en aquel lugar y pesaba sobre su frágil cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Por la mañana el sol se miró en los cristales de la ventana. No podía atravesarlos, así que los besó seductor, arrancando un brusco destello de su superficie helada. El viento primaveral regresó con el frescor matinal, canturreando suavemente, alegre y dispuesto a soplar todo el día, pues debía anunciar la llegada del verano y esparcir por doquier promesas de calor estival... Y al llegar junto a la ventana cerrada de la siniestra habitación recordó al desventurado canario que tan dulcemente había cantado con él el día anterior. Y como era viento terco y jamás cedía en su empeño, quiso de nuevo llegar al otro lado, y decidido empezó a soplar con fuerza, hasta que la ventana al fin se abrió, porque era vieja y estaba cansada, apartando definitivamente las cortinas y dejándole entrar. El sol también quiso entrar, y lo hizo a  raudales, descubriendo horrorizado una figura inmóvil sobre una cama desmembrada en medio de aquel lugar de muerte. El sol, curioso, se desparramó con cautela por el suelo, arrastrando las sombras y obligándolas a retroceder, hasta iluminar la ominosa escena de la que Don Elías era el único protagonista. El viento silbó envalentonado y agitó las mudas cortinas sólo para hacerlas rabiar, y cuando se cansó de ellas voló raudo hacia la vacía jaula de Merlín... El canario amigo ya no estaba allí, así que atravesó los fríos barrotes, encontró los plumones en el suelo y se los llevó de un soplido, desperdigándolos por toda la habitación, haciéndolos flotar a su ritmo en homenaje al cándido pajarillo prisionero de aquella casa horrible y del necio viejo que lo había mantenido preso.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Luego se acercó al carcelero y le observó, inerte, medio desnudo, como un muñeco desmadejado ya sin vida... el cuello torcido y roto en una extraña postura imposible. Rodeó la cama, que se había desplazado de su sitio en una macabra danza provocada por el frenético forcejeo de Don Elías, y vio las mantas en el suelo, arrojadas sin duda por la locura del anciano en el momento mismo en que quedaron atrapadas bajo las patas de la agitada cama; pasó bajo ellas escupiendo su olor marchito a polvo, y serpenteó hasta toparse con la deshilachada y vieja bata, que había caído al suelo por culpa de las largas hebras que se habían soltado tirando de ella al engancharse en el astillado marco de la puerta del dormitorio. Recorrió el largo pasillo renovando el viciado aire que alimentaba las sombras, y descubrió el descalabro provocado por lahisteria del viejo, el papel de las paredes desgarrado, los libros tristemente despanzurrados... Agitó levemente sus páginas, revueltas sin sentido, desordenadas, y se elevó por encima de la estantería, que se había desplomado debilitada por la carcoma y vencida por los empellones enfurecidos de Don Elías, momentos antes de que éste se encerrase en su dormitorio, lleno de pavor.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Al fin, cansado de aquel escenario burlesco del que la locura se había erigido vencedora indiscutible, el viento abandonó la sala y dejando atrás la torturada cocina regresó por el pasillo, pasando junto al siempre ignorado y viejo aparato de aire acondicionado que antes no había visto y que a su juicio estaba estropeado, pues liberaba grandes bocanadas de aire gélido y maloliente, envenenando el ambiente. Lo dejó atrás y se encaminó al dormitorio, donde Don Elías yacía víctima de sí mismo, de sus miedos, de su sombría alma.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Sus ojos vacuos permanecían fijos en la ventana abierta, y en ellos se reflejó entonces la menuda figurilla de un canario: Merlín... El viento del norte le vio resplandeciente, libre al fin, sacudiendo su plumaje, gorgojeando alegremente. Se había posado en el alféizar de aquella ventana tanto tiempo cerrada, y el sol desprendía amablemente suaves reflejos de su espléndido plumaje mientras cantaba pletórico, ajeno por primera vez al cuadro de horrores que se había representado en aquella habitación muerta. Había escapado a la muerte, y estaba agradecido. Su voz alegre llenó el aire de melodías, que se unieron a la voz del viento cuando éste corrió a su encuentro lanzando ráfagas eufóricas de puro gozo. Al rato, mirándose en los ojos abiertos pero tan desprovistos de vida como antes de Don Elías, Merlín extendió sus alas libres y echó a volar ágilmente, escapando para siempre de aquella mirada petrificada, que quedó vacía una vez más... con las pupilas dilatadas y una negra oscuridad con todas las sombras del averno atrapadas en ella para siempre...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;© Maite R. Ochotorena&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-743936520436107350?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/743936520436107350/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=743936520436107350' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/743936520436107350'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/743936520436107350'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2007/12/terror-en-la-sombra.html' title='Terror en la Sombra'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-9134628600832585868</id><published>2007-08-28T11:15:00.001+01:00</published><updated>2008-04-22T10:27:22.391+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ilustraciones'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Biomechanical Toy'/><title type='text'>Biomechanichal Toy</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_n41fj7afjic/RtP2YM8S2XI/AAAAAAAAAAk/bvYTZNw0nWY/s1600-h/253_2.png"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_n41fj7afjic/RtP2YM8S2XI/AAAAAAAAAAk/bvYTZNw0nWY/s320/253_2.png" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5103693698392316274" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una pantalla hecha para éste juego recreativo durante mi etapa en Zeus C.B.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-9134628600832585868?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/9134628600832585868/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=9134628600832585868' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/9134628600832585868'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/9134628600832585868'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2007/08/biomechanichal-toy.html' title='Biomechanichal Toy'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_n41fj7afjic/RtP2YM8S2XI/AAAAAAAAAAk/bvYTZNw0nWY/s72-c/253_2.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-6062977177023417975</id><published>2007-08-28T10:30:00.000+01:00</published><updated>2007-08-28T10:34:49.354+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ilustraciones'/><title type='text'>Retrato</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_n41fj7afjic/RtPrfs8S2WI/AAAAAAAAAAc/RWfEt2SqSoA/s1600-h/viejo.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_n41fj7afjic/RtPrfs8S2WI/AAAAAAAAAAc/RWfEt2SqSoA/s320/viejo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5103681732613429602" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Éste es un ejemplo de mi pequeño bagaje de dibujos, a lápiz y sobre un folio, sin más.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-6062977177023417975?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/6062977177023417975/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=6062977177023417975' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/6062977177023417975'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/6062977177023417975'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2007/08/retrato.html' title='Retrato'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_n41fj7afjic/RtPrfs8S2WI/AAAAAAAAAAc/RWfEt2SqSoA/s72-c/viejo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-7022685533666733779</id><published>2007-08-28T10:25:00.000+01:00</published><updated>2007-08-28T10:27:50.930+01:00</updated><title type='text'>Ilustracion</title><content type='html'>Aquí dejo la dirección de la página de un amigo reciente cuyo trabajo me ha parecido fantástico: www.manueldombidau.com&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-7022685533666733779?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/7022685533666733779/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=7022685533666733779' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/7022685533666733779'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/7022685533666733779'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2007/08/ilustracion.html' title='Ilustracion'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-677603416789073225</id><published>2007-04-12T18:22:00.000+01:00</published><updated>2007-04-12T09:52:21.893+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ilustraciones'/><title type='text'>Otra ilustracion...</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_n41fj7afjic/Rh3sOxJ9NwI/AAAAAAAAAAU/FJT7cmctk4s/s1600-h/Chica.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_n41fj7afjic/Rh3sOxJ9NwI/AAAAAAAAAAU/FJT7cmctk4s/s320/Chica.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5052454095436986114" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-677603416789073225?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/677603416789073225/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=677603416789073225' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/677603416789073225'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/677603416789073225'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2007/04/otra-ilustracion.html' title='Otra ilustracion...'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_n41fj7afjic/Rh3sOxJ9NwI/AAAAAAAAAAU/FJT7cmctk4s/s72-c/Chica.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-3725409606427687519</id><published>2007-04-12T18:11:00.000+01:00</published><updated>2007-04-12T09:51:34.237+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ilustraciones'/><title type='text'>Una ilustracion: Gatita</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_n41fj7afjic/Rh3pOBJ9NvI/AAAAAAAAAAM/1hLmvHJc4Vg/s1600-h/Gatita.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_n41fj7afjic/Rh3pOBJ9NvI/AAAAAAAAAAM/1hLmvHJc4Vg/s320/Gatita.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5052450784017200882" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-3725409606427687519?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/3725409606427687519/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=3725409606427687519' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/3725409606427687519'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/3725409606427687519'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2007/04/gatita.html' title='Una ilustracion: Gatita'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_n41fj7afjic/Rh3pOBJ9NvI/AAAAAAAAAAM/1hLmvHJc4Vg/s72-c/Gatita.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-1584428923481376413</id><published>2007-04-12T09:45:00.000+01:00</published><updated>2007-12-17T18:08:32.793Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Mi Último Cuadro</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una noche espesa, una voz susurrante, apenas un murmullo... Nadie cerca, ni pájaros, ni el viento entre las hojas de los altos árboles, nadie es testigo. Voy a pintar mi último cuadro, y las pinceladas serán trazadas en este mismo aire que aún respiro.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me arrodillo, el suelo está húmedo; enlazo mi cabello en torno a la coronilla, entrelazo los dedos en su sedosa y prolongada belleza castaña; mis ojos recorren la penumbra que me envuelve y no dejan de sorprenderse ante tanta belleza... Los cierro, no quiero que sientan nostalgia, mi aliento se aquieta y calma mi pecho agitado de tantas emociones contrarias.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Suspiro.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No tengo miedo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una suave brisa se levanta y me embriaga, se enrosca en mi cuerpo, roza apenas mi piel tibia, besa mis labios, rodea mi cintura y sisea en mis oídos: “no lo hagas...”. Entre mis dedos la muerte refleja un destello afilado, una imagen desdibujada, de contornos precisos pero caprichosos... Es mi indiferencia.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una noche espesa me espera. Aguarda paciente mi último suspiro, el más débil, el más valiente, el único que pedirá ayuda por mí, el que quizás anunciará el arrepentimiento antes&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;de perderse entre mis labios exangües.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Dejo la mente en blanco suspense, no quiero que se rebele. Cuento los latidos de mi corazón,&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;desbocados, llenos de vida, no quieren apagarse. Cuento hacia atrás y la muerte corta el aire&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;y muerde mi carne, saboreando el pulso acelerado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No duele, no quiero que duela.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mi vida discurre cálida, rojo espléndido, se vierte rápidamente y se une a la brisa en un baile de caricias, lamiendo mi piel a medida que se escapa, ahora a borbotones. Abro los ojos, la noche es espesa. Guardo en mi memoria este cuadro mágico, el que estoy pintando,&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;mi último cuadro.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El silencio, la brisa, los árboles y sus largos brazos adornados de hojas doradas en suspense,&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;parecen sobrecogidos ante la escena que voy dibujando ante ellos. La hierba fresca y húmeda,&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;recibiendo mi vida, que se derrama sobre ella... La belleza que ya no podré volver a contemplar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No tengo prisa, me recuesto, mi mejilla pálida roza la tierra mojada, mis párpados no pueden más. Un duermevela enturbia mi mente, me arrulla, me mece, suave, plácido... Mi corazón apenas es un tamborileo lejano en mi pecho, lento, entrecortado, agotado, suplicante...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No quiere apagarse.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No le hago caso,&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;no le escucho.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una noche espesa, espesa... Mi última noche, la más oscura, y no me arrepiento com pensaba...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ésta es mi última pincelada...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;© Maite Rodríguez Ochotorena. Todos los derechos reservados.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-1584428923481376413?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/1584428923481376413/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=1584428923481376413' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/1584428923481376413'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/1584428923481376413'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2007/04/mi-ltimo-cuadro.html' title='Mi Último Cuadro'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-9027077999016508114</id><published>2007-04-11T16:55:00.002+01:00</published><updated>2009-01-14T15:07:59.612Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La Despedida'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>La Despedida</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp1.blogger.com/_n41fj7afjic/R6YELS4kUZI/AAAAAAAAACw/Rj5ZPKpDzYw/s1600-h/zoom_463116.jpg"&gt;&lt;img style="text-align: justify;display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; cursor: pointer; " src="http://bp1.blogger.com/_n41fj7afjic/R6YELS4kUZI/AAAAAAAAACw/Rj5ZPKpDzYw/s320/zoom_463116.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5162818614921023890" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Capítulo 1&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Laura corrió hasta la puerta entreabierta y estiró su manezuela para tocar el timbre. Ansiosa y radiante llamaba a voces a su abuela María, encantada ante la idea de volver a encontrarse con ella. ¡Aquellos quince días iban a ser sin duda los mejores de todo el verano!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¡¡Soy yo abuelita!!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¡¡ Abuela!! –gritó su hermano a su lado– ¡¡¡Ya hemos llegado!!!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Manuel apartó de un empellón a su hermana y acaparó el pequeño hueco de la entrada de la vieja casa de tres plantas, tan entusiasmado como ella. Impaciente por entrar cogió a la pequeña Laura de la mano, la arrastró puerta adentro, y llegó como un huracán hasta la sala, donde una mujer de blancos cabellos dulcemente anudados en la coronilla les aguardaba sonriente, los brazos abiertos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El encuentro fue alegre. Se dieron un gran abrazo entre los tres, risas y lágrimas de felicidad estallaron en la estancia, los pequeños rostros de Laura y Manuel se hundieron en el pecho confortable y cálido de la mujer, cuyos ojos anegados en lágrimas brillaban de entusiasmo. María apretó contra sí los cuerpecitos de sus dos nietos. Notaba sus corazoncitos latir desbocados y llena de gozo los estrechó aún más: qué dulce sensación volver a tenerlos con ella… Qué maravilloso no estar tan sola…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Hola madre…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Sara, cariño… –Laura y Manuel no se movieron al oír llegar a su madre. Se aferraron a la falda floreada de María medio ocultos tras ella, como si temiesen ser apartados de su lado. Sara había aparecido en la puerta. Dejó dos pequeñas maletas en el suelo, acalorada por la temperatura de la calle. No parecía muy contenta de volver a ver a la abuela.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Pasa hija, estás muy sofocada. Bebe algo y descansa, ¡estos días hace un calor del demonio! ¡Nadie en el pueblo puede pegar ojo desde mediados de julio!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– No madre, no te molestes… No voy a quedarme. Ya son más de las seis y media y Javier me espera en el coche –Laura  apretó las manitas al escucharla. Se soltó de su abuela y se coló en el interior de la casa a la carrera. Estaba enojada–. Te llamaré para ver cómo va todo, ya tienes mi teléfono, por si surgiera algo…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Pero hija…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Aún tenemos seis horas de viaje, y a Javier no le gusta conducir de noche, ya lo sabes.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Sí, cariño, pero ¿ni siquiera va a venir a saludarme? Podríais quedaros a cenar esta noche y mañana salir temprano. Hace cuatro años que no...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– No, madre –Sara, tajante en su seca respuesta, no esperó más. Dio media vuelta y se marchó sin despedirse, incómoda, la mirada esquiva. Su voz se fue perdiendo al salir presurosa del portal, hasta que acabó por convertirse en un murmullo ininteligible mientras se alejaba–. Te llamaré, y recuerda que Laura tiene que tomar su jarabe…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Manuel había observado toda la escena, y al ver que su madre se iba tiró de la falda de la abuela. Intentaba llamar su atención, preocupado por la expresión de angustia que acababa de dibujarse en su rostro amado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Abuela… Vamos dentro, tengo hambre…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La abuelita aún permaneció unos segundos con la vista fija en el punto por donde su hija había desaparecido. Escuchó el motor del coche al arrancar y aún se quedó un rato atenta, hasta que dejó de oírse en la distancia. Un vacío doloroso laceraba su corazón y su alma…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Abuelita, ¿aún tienes a Saltarín? –Manuel trató de distraerla como fuese, consciente a pesar de su corta edad de la amargura que debía atormentarla. Además, el pequeño cocker debía haber crecido mucho desde la última vez y tenía muchas ganas de volver a verlo.– Quiero verlo…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La abuela era ya muy vieja para tanto sufrimiento. Se sentía sola, abandonada... Primero por su marido: él ya no volvería jamás, la muerte se lo había arrebatado cruelmente... y ahora su hija, el fruto de un amor tan grande que no le cabía en el pecho. La tristeza serpenteó en su alma, le bloqueó el pensamiento y se llevó todo rastro de esperanza...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Abuela...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La voz preocupada de Manuel la trajo de vuelta del reino de las sombras, derramando un rayo de luz sobre ella. Su nieto amado, Manuel... y Laurita, por fin junto a ella: tenían quince hermosos días por delante.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Capítulo 2&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Qué quieres mi vida, ¿Cola Cao o leche sola? –Manuel se lo pensó unos segundos, los ojos somnolientos, pegados de tanto dormir, el pelo oscuro muy revuelto. Eran las once de la mañana y hacía un día espléndido. En cuanto acabara de desayunar, él y Laurita irían a la piscina a bañarse–. Cola Cao...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Cola Cao para Manuel... ¿y Laurita? ¿Qué vas a tomar tú? –la abuela se volvió a medias, solícita, para ver qué decía su pequeño angelito. Laura estaba aún más adormilada que su hermano; el sedoso cabello castaño caía enredado en torno a su carita dulce, marcada aún con las rayas de las mantas de la cama. Ninguno de los dos pequeños parecía haber acusado el calor. Habían dormido a pierna suelta.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Yo quiero leche sola... –Laura exhaló un bostezo largo y disfrutado. Se frotó los ojitos tratando de sacudirse el sueño– Y galletas, abuela...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Claro, tenéis lo que queráis, galletas, tostadas, magdalenas... – María salió de la cocina y desapareció en la despensa un instante, sólo para volver cargada con todo un repertorio de dulces para el desayuno– Escoged lo que más os guste, ¡lo he comprado para vosotros!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ambos hermanos rieron encantados ante el festín desplegado sobre la mesa. En casa nunca tenían tanto donde elegir, galletas Cuétara a lo sumo...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Y tú abuela... ¿No vas a desayunar?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Oh, no, no... Yo ya he desayunado hace horas. Llevo mucho levantada. Con este calor...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Manuel observó a su abuela con amor, la boca embadurnada de Cola Cao, mientras degustaba una sabrosa magdalena bien untada y chorreante. ¿Por qué estaba tan triste? Sus ojos se perdían en el vacío, ausentes; muy atento, vio que sus ancianas manos se retorcían inquietas, entrelazaba los dedos en el regazo; una apatía oscura la envolvía como un aura de infelicidad, soledad, amargura... Únicamente parecía animarse cuando estaba con ellos, y aun así...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De pronto algo sorprendente llamó la atención de Manuel. Lo que quedaba de la magdalena que había estado mordisqueando quedó suspendido en el aire, paralizada su manita, hasta deshacerse y caer en el vaso humeante con un salpicón. No podía apartar la vista del cabello de su abuela, el cual, blanco y bien peinado en un moño perfecto, se deshacía en su presencia, como desenredado por manos invisibles. Alargado en mechones y liberado de las horquillas que lo sujetaban, cayó sobre sus hombros, hermoso y ondulado... Las horquillas cayeron al suelo una tras otra.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Manuel perdió el aliento. Miró a su hermanita, que ajena a cuanto sucedía se entretenía con una galleta, tratando de que no se le rompiera mientras se la llevaba a la boca: no había visto nada. Miró de nuevo a la abuelita, que ni siquiera parecía ser consciente de lo que sucedía. No hacía el menor gesto, no estaba asustada...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Abuela... –logró decir al fin. Ella salió pesadamente de su ensimismamiento, y al ver el sobresalto de Manuel se llevó la mano al pelo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Vaya... Ya se me ha vuelto a soltar... ¡Estas horquillas no sirven para nada!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;María se agachó, recogió las horquillas, y como si nada hubiese ocurrido recompuso su cabello en un apretado moño. Manuel la observó perplejo. No creía en modo alguno que el moño se hubiese deshecho por culpa de las horquillas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Puedo sacar a Saltarín? –Laurita había terminado el desayuno y se levantó, tirando de la falda de su abuela, la cual se puso a  recoger la mesa con total tranquilidad– ¿Puedo llevarlo yo solita a la calle? –insistió la pequeña palmoteando entre risitas de alegre expectación.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Has tomado el jarabe?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– No... Lo tomaré luego.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Ay, no cariño. Tienes que tomarlo ahora. Tu madre me dijo cada seis horas. Venga, siéntate y te lo tomas. Luego podrás ir con Saltarín.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Nooo... –Laura se sentó otra vez en su silla y apoyó la carita entre las manos, haciendo pucheros.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Así me gusta. –mientras tanto, Manuel se limpió la boca con la manga del pijama, ensimismado con lo que acaba de presenciar. Espió de reojo a la abuela mientras ésta abría la puerta del armario y sacaba el jarabe de Laura. Esperaba que sucediese algo extraordinario de nuevo. El dulzón olor del jarabe se esparció por la vieja cocina– Una cucharadita ahora, y otra con la merienda.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¡Voy por Saltarín! –Laurita se tragó el líquido ámbar que le dio María en una cucharita de plástico y salió de la cocina a la carrera, relamiéndose mientras tanto lo que quedaba en la comisura de sus labios.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La abuelita guardó el frasco de la medicina de nuevo en el armario y se acercó a la ventana. El sol se derramó sobre ella abrazando su figura frágil. Arrancaba destellos de amargura de sus ojos llorosos. Un suspiro brotó de sus labios nostálgicos; del bolsillo de la chaqueta de hilo extrajo una foto de su difunto marido, el abuelo José, y la apretó contra el pecho dulcemente. Manuel descubrió una lágrima furtiva deslizándose por su mejilla.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Abuelita? –susurró despacio, temiendo molestarla. Ella no le oyó.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Manuel no sabía qué hacer. Se levantó, y a punto estuvo de abrazarla para darle consuelo, pero entonces vio algo en la encimera que le dejó sobrecogido: el frasco del jarabe... ¡volvía a estar fuera del armario!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¡Abuela! –Manuel estaba seguro ahora de que algo extraño y sobrenatural estaba sucediendo ante sus ojos. María se volvió hacia él, y al ver el miedo en su carita se sobresaltó.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Manuel, cariño, ¿qué te ocurre? –le abrazó y acarició el pelo, pero Manuel seguía temblando. Señaló con sus deditos la encimera y el jarabe.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– El jarabe de Laurita... Está fuera del armario... Tú lo habías guardado, ¡yo lo he visto!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿El jarabe?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;María vio el frasco sobre la encimera. No lograba comprender cómo había llegado ahí si ella lo acababa de guardar hacía sólo un momento... Sacudió la cabeza, restándole importancia; automáticamente buscó en su mente una explicación razonable. Pero no convenció a Manuel.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Lo habré vuelto a dejar fuera, estoy muy mayor y ni yo misma sé lo que hago, Manuel. No hagas caso, son cosas de tu abuela.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¡No! Yo lo he visto. ¡Tú lo has guardado en el armario, antes no estaba en la encimera! ¡Y además está lo de tu pelo!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Mi pelo? –María está desorientada– ¿Qué le ocurre a mi pelo?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Te lo han soltado –explicó el chico con resolución–, yo lo he visto...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La abuela se llevó una mano trémula al moño recién compuesto sobre su coronilla. Una sombra velaba sus bellos ojos castaños.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– No, Manuel –negó–. Se han caído las horquillas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Pero abuela...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Anda, déjate de fantasías Manuel. Ve con tu hermana Laurita, que Saltarín tiene mucha fuerza y podría tirarla al suelo. Id a la piscina a jugar hasta la una y media. A esa hora os quiero aquí con la comida en la mesa. Anda, sé bueno...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Manuel desvió la mirada, seguro de lo que ha visto. Pero no quería disgustarla, así que se acercó y le dio un beso conciliador en la mejilla.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Capítulo 3&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Manuel se despertó al oír a Laura revolverse en su camita, la respiración forzada y sibilante pugnando por normalizarse en su pechito agitado. Todo estaba oscuro en la habitación abuhardillada, pero a través de la pequeña ventana la luna iluminaba tenuemente las cosas a su alrededor, derramando una luz suave e irreal sobre la cómoda adornada con alegres florecillas pintadas a mano, las hadas dibujadas en las puertas del viejo armario, las dos camitas arrimadas a la pared recién empapelada, la una pegada a la otra, la mesilla con su lamparita, y sobre esta última, el Ventolín de Laurita.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Manuel sabía muy bien qué hacer. Cogió la medicina y despertó a Laurita con tierna suavidad. La niña abrió los ojos y miró a su hermano llorosa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– No puedo respirar... –lloriqueó balbuciente, con las manitas sobre el pecho. Manuel la ayudó a incorporarse, obligándola a sentarse en la cama. Le frotó la espalda con mucho amor, porque sabía que eso siempre la tranquilizaba.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Tienes que relajarte, Laurita... –susurró en su oído. Lo hizo en voz baja, aunque sabía que la abuela no podía oírles desde su habitación, en el piso de abajo. Además, estaba tan sorda, que aun cuando gritara seguiría sin despertarse; pero era de noche, y por alguna razón que no alcanzaba a comprender bien parecía que de noche uno siempre debía hablar en voz muy bajita...– Sujeta tú el Ventolín, así... Póntelo en la boca, ya lo has hecho muchas veces, ¿recuerdas? Te hará respirar mejor, ya verás…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La pequeña colocó obedientemente el tubo en su boquita y apretó el dosificador de un extremo a la vez que aspiraba con fuerza por el otro la medicina. Aún tardaría un rato en recuperarse, por eso Manuel se acomodó junto a ella y la rodeó con su brazo. Sentada estaba mejor que tumbada, el aire llegaba mejor a sus pulmones si estaba incorporada, pero estaba tan cansada que se caía de sueño, y sin embargo no podía dormirse porque a su vez, no lograba respirar... Era la historia de casi todas las noches, una lucha denodada contra el asma.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los dos hermanos, sentados muy juntos en la cama de Laura, pasaron el rato como pudieron. Manuel cogió el cuento de ”El gato con botas”, uno de los preferidos de la niña, y pasó las páginas despacio, mirando los dibujos y leyendo lo mejor que podía para distraerla. Poco a poco el pecho de Laura se relajó y comenzó a respirar mejor, cada vez con menos esfuerzo; se fue relajando, se le cerraron los ojitos... Hasta que se durmió sobre su hombro. Manuel cerró el libro de cuentos y la acostó con cuidado, arropándola bien. Le aliviaba ver que ya no se asfixiaba y, conmovido, le dio un tierno beso en la frente aún enfebrecida.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando por fin volvió a acostarse sintió una repentina sed y unas tremendas ganas de orinar. Hacía mucho calor y ya no tenía sueño, pero la cocina estaba abajo, y la idea de bajar solo por las escaleras, de noche... no le hacía ninguna gracia... Cerró los ojos y trata de conciliar el sueño, sin embargo tenía la garganta seca, y la vejiga le apretaba acuciante: ¡si no iba al baño enseguida se le escaparía el pipí en la cama! Volvió a abrir los ojos y miró alrededor: todo estaba en calma. Fuera los grillos animaban la noche y la luna todavía iluminaba claramente la habitación. Mejor, así no tendría que ir a tientas, porque había decidido arriesgarse.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al final se levantó. De puntillas se acercó a la puerta, procurando no despertar a Laurita, la cual ahora dormía plácidamente, el largo cabello revuelto sobre la almohada en torno a su carita redonda. Abrió con cuidado, procurando evitar al máximo el quejumbroso chirrido de la puerta al girar sobre sus goznes oxidados. Miró hacia el pasillo. Al fondo la puerta de la habitación de invitados estaba entreabierta, y la del baño, a la izquierda, también. Una ventana alta y estrecha al final del largo pasillo dejaba entrar la luz de la luna a raudales. Esta circunstancia le produjo un gran alivio y le infundió el ánimo necesario para salir. El suelo de baldosa estaba muy frío y le hacía cosquillas en la planta de los pies descalzos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En un santiamén llegó al cuarto de baño, pequeño y aseado, y aliviado se plantó junto a la taza del inodoro. Mientras hacía pis se quedó mirando las cortinas de hilo que colgaban cubriendo el ventanuco ovalado que había sobre su cabeza. Se agitaban levemente, animadas por una suave y cálida brisa nocturna; fuera el cielo se abría plagado de estrellas titilantes: a él le encantaban las estrellas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando terminó salió sin cerrar la puerta y se dirigió a la cocina con el mismo sigilo que antes, aunque no lograba evitar que las escaleras de madera crujiesen bajo sus pies. Para colmo, allí no había tanta luz. Las contraventanas del piso bajo debían estar cerradas... Manuel se sintió realmente incómodo y, aun cuando no lo deseaba en modo alguno, irrumpió en su mente el recuerdo de los extraños acontecimientos acaecidos durante el desayuno de esa misma mañana: el jarabe... el moño de su abuela... Su imaginación se disparó y antes de que se diese cuenta estaba temblando de temor. La idea de que un fantasma pudiese aparecer ante él en plena noche desbocó los latidos de su corazón. Se pegó más a la pared.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando al cabo de lo que le pareció una eternidad alcanzó el piso bajo todo estaba oscuro y apenas distinguía las formas de los muebles. Sin embargo logró llegar a la cocina sin tropezar con nada. Desde donde se encontraba podía oír a su abuela roncar... Manuel siguió adelante repitiéndose a sí  mismo que si ella dormía tan tranquila, entonces, ¿por qué había de tener miedo? Armándose de valor llegó hasta el fregadero y alargó el brazo para alcanzar un vaso del armario que había sobre él. De puntillas se estiró cuanto pudo, rozó con sus deditos el cristal y tras un prolongado esfuerzo logró aferrar uno alto y estrecho. A tientas abrió el grifo y dejó correr el agua, humedeciéndose con la lengua los labios resecos... Se moría de sed...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un tirón en su pijama le heló la sangre. Se quedó donde estaba, el vaso rebosante bajo el grifo, desbordando el agua del chorro a borbotones. No se atrevía a mirar. La chaqueta del pijama se estiró otra vez a su espalda, como si alguien tirara de ella con insistencia. Pensó en Laurita, que podía haberse levantado y a lo mejor también quería agua. Tratando de calmarse echó un vistazo por encima de su hombro.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su hermanita no estaba allí. Miró con ojos desorbitados su chaqueta, tensa, como enganchada a algo invisible; un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Las rodillas le temblaban, flojeaba irremisiblemente; estaba a punto de derrumbarse, incapaz de gritar. Trató de soltarse, pero algo le tenía bien agarrado, notaba claramente como esa fuerza invisible tironeaba cada vez más fuerte de él, haciéndole incluso trastabillar...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El vaso acabó por caer de su mano insegura. Se estrelló en el suelo, haciéndose añicos. Mudo de pavor, Manuel abrió la boca. Pugnó por gritar, quería llamar a su abuela, pero se había quedado sin voz. Su garganta se negó a emitir sonido alguno, el pánico le dominaba.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Algo rozó sus cabellos, unos dedos invisibles se enredaron en su coronilla. Manuel trató de volverse, pero algo o alguien se lo impedía agarrándole del brazo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Manuel...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La histeria estalló en su mente infantil y de un empellón desesperado se liberó. Demudado por el terror corrió fuera de la cocina y subió las escaleras todo lo rápido que pudo, hacia la seguridad de su habitación, en la buhardilla. En su cabeza aún resonaba la voz de ultratumba que había susurrado claramente su nombre.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A su espalda el grifo del agua chorreaba abierto, pero algo... o alguien, tuvo que cerrarlo, porque cuando Manuel se metió de un salto bajo las sábanas de su cama ya no se oía nada... Sólo se escuchaba a sí mismo respirando entrecortadamente y a Laurita a su lado, muy cerca, profundamente dormida. No recordaba si había cerrado la puerta al entrar y eso le llenó de temor. No se atrevió a mirar...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una lágrima rodó por su cara contraída de miedo. Se encogió hecho un ovillo para no ver, horrorizado al imaginar que una mano fantasmal arrancaba las sábanas que le protegían buscándole... Gimió, lloriqueando de espanto.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Capítulo 4&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Manuel estaba solo, encaramado a una gruesa rama de la vieja encina que crecía junto a la piscina. Laurita jugaba con sus amiguitas bañándose; desde donde estaba podía verla muy bien, al igual que la casa de su abuela. Desde allí se le antojaba más vieja, con su tejado rojo, la alta chimenea humeante, las ventanas del primer y segundo piso abiertas de par en par, incluso podía distinguir la ventana de su habitación, en la buhardilla. Contempló pensativo el vetusto edificio, tratando de encontrar una respuesta a lo sucedido la otra noche, pero sobre todo a la reacción de la abuelita cuando se lo había contado al día siguiente. ¡Ella no le creyó! Dijo que todo habían sido imaginaciones suyas, que seguramente estaba tan dormido que creyó ver fantasmas, y que no le iba a dejar leer más los viejos cuentos del abuelo, porque estaba segura de que habían sido los causantes de esas pesadillas tan espantosas... Manuel lanzó una ramita hacia la casa, lleno de impotencia y de rabia. ¡Él no lo había soñado! ¿Y lo del pelo? ¿Y lo del jarabe? ¿Eran todo invenciones suyas? Fijó su atención en Laurita, que reía profiriendo agudos chillidos de diversión, ajena a todo; ella nada sabía de fantasmas, ni él quería que se enterara... Pero se sentía solo, y tenía miedo... Lo que era seguro era que no volvería a ir de noche al baño o a la cocina.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pasaron los días, y aunque los extraños sucesos continuaron repitiéndose a partir de entonces, la abuelita permanecía sumida en su apatía. Un aura de tristeza la acompañaba como una sombra lóbrega de añoranza... La presencia de sus nietos no lograba mitigar su pena, amarga y profunda; pasaba los días rebuscando en sus recuerdos cuando creía que nadie la veía, contemplando durante horas las fotos de su difunto marido José, los ojos anegados en lágrimas. Manuel lo sabía porque la espiaba cuando pensaba que se había quedado sola. Ahora había descubierto que tenía un arcón repleto de fotografías deslucidas de cuando el abuelo José vivía, y estaba el hecho de que aún no se hubiese deshecho de su ropa. Guardaba todas sus pertenencias donde habían estado siempre, incluso el bastón tallado que usaba para salir a pasear permanecía colgado en la entrada; la hermosa pipa que fumaba cada noche continuaba en la repisa de la chimenea, con su tabaco en la cubeta; las gafas con las que leía estaban plegadas en el brazo de su butaca preferida, junto al último libro que había estado leyendo antes de morir de un ataque al corazón, como si un día fuese a regresar de un largo viaje...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aquella noche era muy tarde, más de las doce, y tenía sueño, pero no quería acostarse. Aguardaba oculto en la escalera, seguro de que algo iba a suceder. Somnoliento observaba a la abuelita sentada en la sala, en la butaca del abuelo José. Laurita estaba arriba, en la habitación, durmiendo tras un fuerte ataque de alergia que le había durado todo el día. Manuel ya le advirtió que no husmeara entre los libros del desván, pero ella no le había hecho caso, y al cabo de media hora ya estaba estornudando y moqueando, los ojos llorosos e hinchados a causa del polvo acumulado entre las páginas de aquellos volúmenes gastados por el tiempo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La abuelita revisaba como todas las noches, una tras otra, las incontables fotografías del abuelo en vida. La lamparita de la mesa camilla iluminaba la escena suavemente. Sobre la repisa de la chimenea había un retrato más reciente del abuelo en el camino que subía a la sierra, con su bastón, sonriente; Manuel apenas se acordaba de él, pero sabía que era una buena persona, alegre y cariñosa... Le hubiese gustado conocerle mejor. La abuela cogíó el retrato y lo sostuvo unos momentos entres sus manos temblorosas; en ese íntimo instante parecía tan frágil que Manuel sintió lástima por ella. Observó cómo las ya habituales lágrimas acudieron en tropel a su mirada triste. Aún continuaba llorando cuando volvió a depositar con sumo cuidado la fotografía en su sitio.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un golpe sobresaltó tanto a la abuela como a Manuel. Éste observó desconcertado que el retrato había caído al suelo, a los pies de su abuelita. Quizás la razón de tal suceso estribaba en que había sido apoyado precariamente en la repisa, lo cual había ocasionado la caída, pero cuando María lo devolvió a la repisa, cayó de nuevo, como si le hubiesen propinado un manotazo. Ella lo recogió y volvió a colocarlo en el mismo sitio dos, tres, cuatro veces, y tantas como ella lo dejaba allí, volvía a caer al suelo... Manuel tuvo miedo, pero no pensaba dejar sola a la abuela. Ésta finalmente optó por ceder. Dejó el retrato donde había quedado, a sus pies. Para mayor exasperación de su nieto, continuó con su cotidiano repaso del álbum familiar, como si nada estuviese sucediendo. ¿Realmente no se daba cuenta de que había fantasmas?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Para colmo de males el apretado moño de la abuelita, tan perfectamente peinado como siempre, comenzó a deshacerse paulatinamente, un fenómeno que se había convertido ya en algo habitual para Manuel; lo había visto más de diez veces desde que ocurriera la primera vez. Como de costumbre, las horquillas cayeron al suelo... La abuelita permaneció ajena por completo, indiferente a todo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El teléfono sonó de repente, rompiendo la magia del momento. Manuel se asomó para ver mejor qué hacía la abuela María. Ella dejó a un lado el álbum abierto por la mitad, se levantó con dificultad, y caminó despacio hasta la cómoda que había junto a la puerta de la entrada principal.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Diga?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Soy yo, Sara...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¡Ah! Hola hija, ¿qué tal las vacaciones?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Bien... Pero hace demasiado calor. ¿Están bien los niños?, ¿Laura?, ¿le das el jarabe y la medicación para la alergia?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Sí, sí, están muy bien...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su anciana voz sonó distante, complaciente. Manuel sabía que la abuela añoraba a mamá: desde que se casara con Javier, su padrastro, habían transcurrido cuatro años sin estar juntas. La conversación aún se prolongó unos minutos, el tiempo suficiente para que mamá supiese que ellos estaban bien y que no había ninguna novedad. Una despedida corta y torpe desencadenó el “clic” del teléfono al colgarlo la abuela muy despacio. Se quedó pensativa un momento. Luego, sacudiendo la cabeza apesadumbrada, regresó a su butaca y recogió el álbum del suelo con un prolongado suspiro. Al hacerlo descubrió a Manuel. Percibió sus ojos muy abiertos clavados en ella, su mirada de reproche, inquisitiva, triste, dulce a la vez... tantas cosas expresaban aquellos infantiles y hermosos ojos...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Abuela –Manuel ya no podía permanecer escondido en la escalera, así que se decidió a salir. Se acercó para arrodillarse junto a la abuelita– ¿Qué está pasando?, ¿qué quieren los fantasmas?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Qué haces levantado a estas horas, mi niño? ¿No puedes dormir? –otra vez se hacía la despistada... ¿O realmente no se daba cuenta de nada?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¡Abuela! ¿Es que no ves que hay fantasmas?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Fantasmas? –un gesto de sorpresa se dibujó en la expresión de su abuelita– Cariño, aquí no hay fantasmas, ¿por qué no dejas ya esas fantasías? –le acarició con dulzura, y Manuel se dio cuenta de que realmente ella creía en lo que le estaba diciendo– ¿De dónde has sacado esas ideas? ¡No estarás leyendo a escondidas los cuentos de tu abuelo! Ay... Señor, ¡debí quemarlos! –¿hay dudas en ella o ha sido sólo una impresión suya?– En fin, mañana los tiraremos a la basura, y no se hable más. Anda Manuelito, que ya es muy tarde... ¿Por qué no te acuestas? Tienes que descansar si quieres ir mañana a la sierra con tus amiguitos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– No quiero acostarme, abuela. Quiero quedarme contigo y cuidar de ti. Yo sé que hay fantasmas, y tú también... ¿por qué dices que no?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Pero cariño... –se notaba que no sabia qué decir; ahora estaba nerviosa y se mostraba impaciente, su respiración se había agitado y su pecho subía y bajaba muy rápido– Mira, no dejaré que vuelvas a leer esos condenados libros de tu abuelo... Son demasiado fantasiosos y mira lo que ocurre ahora. ¡Tienes la cabeza llena de fantasías! Mañana los tiraremos, no quiero que vuelvas a leerlos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¡Pero si no es por culpa de los libros! ¡Y tú lo sabes! ¡Abuela... tienes que hacer algo! –Manuel se levantó y cogió con sus manos el rostro preocupado de la abuela María, obligándola a mirarle de frente. Se vio reflejado en sus hermosos ojos y decidió que haría lo que fuese para que los fantasmas les dejasen en paz– ¡A mí también me persiguen! ¡Anoche mismo me tiraron al suelo mientras jugaba en el patio! ¿Es que no lo ves? Abuela, por favor... Yo te ayudaré, te lo prometo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se la veía tan vieja de repente, como si todo el peso de su soledad se hubiese desplomado sobre sus hombros, encorvando su espalda, pronunciando las arrugas de su frente, encaneciendo más sus blancos cabellos... acrecentando el aura de tristeza que siempre la acompañaba. Manuel la abrazó impulsivamente...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La bombilla de la lámpara que había sobre la mesa camilla, muy cerca de ambos, abuela y nieto, estalló mientras estaban abrazados, como celosa de su intimidad. Al mismo tiempo un grito procedente de la buhardilla les sobrecogió. La sala  quedó completamente a  oscuras; se quedaron paralizados, mudos, muy juntos y temblorosos... Era la primera vez que la abuela María demostraba tener miedo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Laurita...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un segundo grito les encogió el alma, pues ahora estaba muy claro que era Laura quien gritaba.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¡Laurita!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La abuela cogió a Manuel de la mano y se abalanzó a ciegas hacia la escalera, con una energía inusitada en ella. No dejaba de murmurar plegarias en voz baja.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¡Laura! ¡Laura! ¡Ya vamos! –Manuel se soltó de un tirón de la férrea mano de su abuela y corrió como un rayo hacia la habitación de su hermana. Ya no le importaba si había fantasmas o no, sólo quería sacar a Laurita de allí. Tropezó varias veces antes de alcanzar el rellano del tercer piso, pero al fin se encontró frente a la puerta del dormitorio donde habían estado durmiendo desde que llegaran: estaba cerrada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¡Laura!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¡Manuel!, ¡espérame! –la abuela María terminó de subir; estaba sin resuello, y tenía que buscar apoyo para poder recuperar el aliento y las fuerzas; era ya muy mayor para correr de esa manera.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¡Abuela, la puerta está cerrada! –protestó Manuel. Empujó con todas sus fuerzas, pero estaba cerrada con llave por dentro– ¡Lauraaaaaa!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La pequeña volvió a gritar. Se oyó un estruendo. La abuela María palideció, consciente por vez primera de la realidad de cuanto estaba sucediendo en la casa...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¡Ay Dios mío... ¡Laurita! –llegó hasta donde estaba Manuel, y apartándolo de la puerta trató de abrirla. Sin éxito– Manuel, trae las llaves que hay en el bolsillo de mi bata, en el armario de mi habitación... ¡Corre!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El niño no se hizo de rogar y salió disparado hacia el piso de abajo. Se tapaba los oídos para no escuchar los gritos histéricos de su hermana. Apenas tardó tres minutos en llegar hasta la alcoba de su abuela. Entró como un vendaval con una sola idea en la cabeza: conseguir las llaves de la buhardilla...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero el espectáculo que se estaba desarrollando en el amplio dormitorio le hizo detenerse bruscamente, sobrecogido, mudo de asombro: la ventana estaba abierta de par en par, el armario ropero estaba siendo vaciado por manos invisibles, y había mucha ropa flotando en círculos vertiginosos sobre su cabeza, remolino irreal que luego iba cayendo a su alrededor hasta formar un montón desordenado a sus pies.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¡Manuel!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Las cortinas de la ventana se agitaron violentamente, ondeando fantasmagóricas a la luz de la luna. Hacía mucho calor, casi no se podía respirar. Manuel observó el temblor de la lámpara del techo: las bombillas estallaron un tras otra, los cajones de las mesillas, de la cómoda, todo en torno a él fue revuelto en una sucesión imparable de caótico desorden...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¡Manuel!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El pequeño trató de superar su miedo y en un arranque de valentía corrió hasta el armario y buscó la bata de la abuela entre la ropa que aún quedaba colgada en las perchas. Cuando la encontró recuperó las llaves del bolsillo y salió corriendo, tropezando con los objetos que giraban y giraban por toda la habitación a un ritmo frenético y enloquecedor. Atravesó el pasillo alocadamente; lívido. Corrió todo lo que pudo, pero cuando se disponia a subir hasta la buhardilla, algo le sujetó por detrás, frenándole bruscamente; él sabía que si miraba no vería a nadie, así que tiró y tiró con todas sus fuerzas, tratando de soltarse. Pataleó frenético, llorando de angustia, y por un momento creyó notar un gélido aliento junto a su cara. Era tal el pánico que le dominaba que de un violento y desesperado revolcón se vio al fin liberado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Dame la grande y dorada… –Manuel llegó junto a su abuela sin aire, tembloroso, su carita llena de lágrimas. Respiraba entrecortadamente cuando le entregara la más grande de todas las llaves que sujetaba en su mano abierta a su abuela. No le contó lo que había visto en la habitación ni lo que le había pasado en la escalera porque lo único que le importaba ahora era recuperar a Laurita, cuyo llanto llegaba hasta ellos sordo y apagado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Abre abuela... Abre, rápido... –Manuel miró a su espalda, temeroso de las manos invisibles que antes le habían retenido.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La abuela, muy nerviosa, logró introducir la vieja llave en la cerradura y abrió la puerta. Manuel se coló raudo en la habitación, tan revuelta como la otra, y corrió hacia la cama de Laurita. La pequeña se había ocultado bajo las mantas y lloraba espantada mientras sobre ella giraban alocadamente todos los libros del abuelo, abiertos, desmadejados, desprendidas sus viejas páginas, que flotaban empujadas por un aliento invisible pero perceptible.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¡Ay Laurita, vámonos mi vida! –la abuelita cogió a los dos pequeños y los sacó de la buhardilla, apretándolos fuertemente contra su pecho protector, uno a cada lado, mientras rezaba angustiada sin explicarse cuanto estaba sucediendo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A su espalda los libros del abuelo José, sus viejos volúmenes, los más leídos, los que más apreciaba... revoloteaban por el aire endemoniadamente. La abuelita no podía creer lo que acababa de presenciar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De repente dio media vuelta y aferrando a sus nietos de la mano se los llevó escaleras abajo, hacia la sala.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Abuela... En tu habitación... Toda la ropa estaba volando, como en la buhardilla. ¿Ahora me crees? ¿Ves cómo no eran fantasías?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ella se detuvo en mitad de la escalera como si de repente hubiese comprendido algo. Cogió a Manuel por los hombros.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Toda la ropa?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Sí... Todo daba vueltas por el aire, como los libros del abuelo. –Manuel no lograba comprender el nuevo comportamiento de la abuela.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Manuel, hijo... Claro que te creo, pero necesito que me digas si era toda la ropa o sólo la del abuelo...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Manuel reflexionó un momento.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– La del abuelo... –respondió finalmente. Ahora estaba seguro, en el armario sólo quedaban las cosas de la abuela... Y entonces una idea estalló en su cabeza: ¿era el abuelo quién estaba provocando todo aquello?, ¿el fantasma del abuelo José? Pero ¿por qué?, ¿y por qué le había sujetado y asustado así a él? No, el abuelo José no haría esas cosas... A no ser que... ¿Y si estaba tratando de decirles algo?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Ay Dios mío... –la abuela quizás había llegado a la misma conclusión, porque ahora se mostraba muy inquieta– ¿Qué he hecho? Mi José...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Abuela, ¿qué pasa?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ella no le escuchaba. Fue hacia su dormitorio muy despacio, apoyándose en la pared del pasillo para no perder el equilibrio. De pronto las fuerzas parecieron haberla abandonado. Estaba lívida, las mejillas cubiertas de lágrimas, los labios temblorosos balbucientes. Manuel la seguía bastante inseguro, sin comprender. Llevaba a la pobre Laura muy apretada contra él; la pequeña no dejaba de hipar, llorosa a causa del tremebundo susto que se había llevado al despertar en su habitación en medio del alocado baile de libros.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al llegar junto a la puerta de su cuarto la abuela se detuvo en el umbral, estupefacta. La expresión de su rostro pasó de la incredulidad al miedo, pintándose a continuación toda clase de emociones en él mientras repetía una y otra vez la misma frase.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Qué he hecho...? Mi José... Ay Dios mío...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Abuela?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Marchaos... No entréis aquí oigáis lo que oigáis. ¿Lo habéis comprendido? Hay algo que debo arreglar... Manuel, llévate a Laurita y quédate con ella en la sala. No os pasará nada, os lo prometo –no les miraba, sólo extendió la mano hacia ellos_. ¿Manuel?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Sí, abuela.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La vieron dudar y finalmente entrar en el dormitorio. Cerró la puerta tras ella.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Dónde ha ido la abuelita?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿No lo ves? Está en su cuarto, Laurita.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Y por qué no se queda con nosotros? ¿Y si la atacan los fantasmas? ¿Y si vienen a por nosotros?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– No, claro que no... –Manuel estaba seguro ahora de que se había sido el fantasma del abuelo José quien había estado todo el tiempo intentando comunicarse con ellos, sólo que la abuela no se había dado cuenta. Quizás ahora el abuelo estaba algo enfadado por eso... Este pensamiento le hizo sentirse mejor; ya no tenía miedo, ¿y por qué habría de temer al abuelito?– Laurita, acuérdate que tú misma me dijiste una vez que los fantasmas son siempre buenos, ¿ya no te acuerdas?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Sí, pero ahora ya no lo creo. Tengo miedo... Quiero ir con la abuelita...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Escucha, Laura... ¿Ya no confías en mí? Sabes que siempre te he cuidado bien, y te prometo que si te quedas conmigo y te portas bien, no nos pasará nada. –Manuel la abrazó muy fuerte, no podía explicarle que el abuelo José había estado montando todo aquel jaleo porque no lo iba a entender– Venga Laura...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Manuel procuró ignorar sus gimoteos y la cogió la mano con todo el cariño, para tranquilizarla. Escuchó atentamente a través de la puerta, tratando de percibir algo en la habitación de la abuela. Pero el más absoluto silencio reinaba ahora en toda la casa. No se oía nada. ¿Y qué podía hacer él? Por alguna razón sabía que no debía entrar. Se le ocurrió una idea para distraer y contentar a su pequeña hermanita.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Iremos a buscar a Saltarín y lo traeremos a la sala, ¿vale? Así nos cuidará hasta que la abuela salga...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Laurita no pareció demasiado convencida; no entendía por qué la abuelita se había encerrado en su cuarto y estaba enfadada con ella. Pero confíaba en Manuel, así que al fin asintió muy seria y le siguió sin rechistar hasta el piso de abajo, y de ahí a la calle, donde la temperatura era sofocante. Bajaron corriendo en dirección al cobertizo en el que la abuela guardaba a Saltarín. Sus pasos resonaban en la noche. Manuel ya no temía nada, porque el pueblo de la abuela era muy tranquilo, asentado en la falda de la alta sierra, junto a una garganta natural que derramaba todo el año un torrente abundante de aguas límpidas, río de vida que bajaba serpenteante hasta el ancho valle que se abría más abajo... Allí había buena gente, y nada malo podía sucederles. Manuel lo sabía.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al llegar junto al desvencijado portón de madera del angosto cobertizo oyeron a Saltarín ladrar de contento al otro lado. El viejo portón pesaba mucho para ellos. Sólo al cabo de un rato Manuel logró abrirlo, empujando con todo su peso. Laurita sonrió, más contenta ante la perspectiva de ver a Saltarín. Al momento le pusieron al fogoso perrito canela su collar, y lo sacaron para llevárselo a la casa. Los tres juntos regresaron muy despacio. Cuando llegaron se refugiaron en la sala, junto a la chimenea. Manuel pensó en su abuela, preguntándose qué estaría haciendo en la habitación...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Capítulo 5&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al llegar la mañana el sol entró a raudales a través de la ventana de la pequeña buhardilla;  una fresca brisa animaba las alegres cortinas, las cuales revolotearon dulcemente sobre Manuel y laurita. Su sueño era profundo y tranquilo; ambos dormían en la cama de Manuel, Laurita abrazada a él como si de novios se tratase, las largas pestañas cerradas sobre sus mejillas arreboladas. Manuel, la cabeza ladeada, respiraba muy despacio sobre la cabellera revuelta de su hermanita, sumido en un agradable sueño. A los pies de la cama Saltarín gimió impaciente, el morro entre las patas, los grandes ojos acaramelados fijos en la puerta de la habitación, las peludas orejas atentas a los sonidos de la casa, que poco a poco despertaba.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Laurita fue la primera en abrir los ojos somnolientos. Bostezó abriendo mucho la boca desdentada y sonríe al ver a Saltarín, que se había levantado muy contento meneando el rabito lleno de entusiasmo. La pequeña se sentó cruzando las piernas y llamó al nervioso cocker. Palmeó sobre la cama para que subiese con ella. Manuel también se despertó: imposible seguir durmiendo con el jaleo que armaban Laurita y Saltarín. La risa de su hermana resonó en la habitación y Manuel sonrió muy animado. Aspiró el aire fresco que entraba por la ventana y se alegró de que al fin se hubiese ido el agobiante calor.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sólo al cabo de un largo rato fue consciente de que el revuelo de libros de la noche anterior había desaparecido.  De hecho, no quedaba un solo volumen del abuelo en las estanterías, ni sobre la mesilla, ni en el suelo, ni sobre la cómoda... No había rastro... Sólo quedaban los cuentos infantiles que Laurita solía mirar antes de acostarse.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fuera se oían voces, niños que subían a la piscina, madres que iban a comprar antes de que se hiciese muy tarde, el señor Genaro que pasaba con su mula de vuelta del huerto... Todo volvía a la vida y por un momento Manuel creyó haber soñado cuanto había sucedido en días anteriores. Sin embargo todo había sido tan real...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Mira Manuel, los libros del abuelito ya no están... ¿A dónde se los han llevado los fantasmas?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero claro, nada había sido un sueño... La voz de Laurita le hizo pensar en su abuela, a la que dejaran en su dormitorio la noche anterior.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¡La abuela! Corre Laura, tenemos que ver si la abuela está bien. ¡Date prisa!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Los fantasmas se han llevado también a la abuela?”&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Manuel arrastró a la asustada Laurita fuera de la buhardilla. Bajaba las escaleras demasiado rápido para ella, con Saltarín ladrando por delante de ellos. Corrieron hasta la habitación de la anciana y Saltarín arañó la puerta para poder entrar. Estaba cerrada. Manuel se acercó algo asustado y llamó suavemente con los nudillos. No quería despertar a la abuelita si aún estaba durmiendo... Era muy temprano y la noche anterior había sido muy larga y extraña.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sin embargo, nadie respondió.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Por qué no entras?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Laurita tiró de la manga de su pijama.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Por qué no entras? –insistió encogiéndose de hombros.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Manuel dudó, inquieto. Sopesó si deseaba cruzar la puerta y ver qué había sucedido. Recordaba que entrada la madrugada, cuando Laurita por fin se quedó dormida, él había creído mejor dormir en su cuarto, en la buhardilla, porque estaba seguro de que ya no iba a volver a suceder nada extraño... Había pasado con Laura en brazos por delante del dormitorio de su abuela y tuvo ganas de entrar a  ver qué había pasado... Pero al final no se había atrevido. Se había acostado con su hermana en su cama y habían dormido de un tirón el resto de la noche...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Laura parecía haber perdido el miedo, o eso, o tenía muchas ganas de ver a su abuela, porque fue ella la que finalmente abrió la puerta muy decidida... Para su sorpresa, la abuela María no estaba allí. Saltarín dio muchas vueltas por todo el cuarto, olisqueándolo todo con gran nerviosismo. La cama estaba perfectamente hecha, la ventana abierta de par en par, y todo, los cajones, las puertas del armario, estaban así mismo abiertos... ¿Qué es lo que había cambiado? ¿Había dormido la abuela allí? ¿Dónde estaba si no? Manuel se percató de lo ordenado que estaba el cuarto y de la ausencia de las cosas del abuelo José. No quedaba nada, ni su ropa, ni sus zapatillas, ni sus recuerdos... ¡Nada!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¡Ven!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sin pensarlo dos veces bajó a la sala seguido de Saltarín. Laura iba más despacio, agarrada a la barandilla de madera para no caerse. La sala estaba también muy recogida y limpia, y al igual que en el segundo piso las ventanas se encontraban plenamente abiertas. El ambiente se respiraba fresco y agradable y un dulce olor a leche recién hervida llegó hasta ellos desde la cocina... ¿Era la voz de su abuela la que llegaba desde el patio trasero? ¿Estaba cantando? Manuel reparó al dirigirse a la puerta de la calle en que ni el bastón, ni las gafas, ni las fotos, ni el libro de su abuelo José estaban ya allí.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sonó el teléfono justo cuando pasaba a su lado (¿su madre?). Por un momento estuvo a punto de contestar, pero al final no lo cogió... El insistente “ring-ring-ring” se perdió en la distancia cuando salió a la calle como un rayo, intuyendo que algo había cambiado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un picante olor a fogata llegó hasta él, mezclado con el de la leche (su estómago le recordó que no había desayunado todavía y eran más de las doce), y sintió mucha hambre mientras corría hacia el patio de atrás seguido de Laura y Saltarín. La niña siguió al alegre perrito mientras batía palmas de entusiasmo: ella también percibía un cambio...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando pasaron bajo el alto y estrecho arco que daba al patio descubrieron a la abuela María allí sentada, removiendo las brasas ardientes de una espléndida fogata cuyas llamas se elevaban devorando todos los recuerdos del abuelo José... ¡¡La abuela estaba quemando todas las cosas del abuelito!! Su ropa, sus libros... Apenas quedaba nada... Ella parecía haberse librado de una pesada carga, porque canturreaba alegremente besando las pocas fotografías del álbum familiar que aún quedaban a sus pies antes de arrojarlas una tras otra a las llamas. Manuel se acercó. Adivinaba lo sucedido y estaba muy aliviado, porque la tristeza había abandonado a la abuelita. Ella le miró. En sus ojos sólo había amor, la nostalgia se había borrado por completo de su expresión.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Ven cariño... Y tú también Laurita... Venid a despediros del abuelo...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Ya se ha ido? –Manuel se abrazó a María, contento de verla feliz al fin– Estaba enfadado, ¿verdad?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¿Dónde está el abuelo? –Laura también abrazó a la abuela.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Estaba enfadado conmigo, Manuel, porque no le dejaba ir... ¡Y yo no me daba cuenta de nada! Incluso cuando tú me avisaste, no te creí, tan ciega estaba... ¿Me perdonarás, mi vida?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Abuela... ¿Qué ha pasado con los fantasmas? –Laurita contempló el fuego sin entender nada. Arrugó graciosamente su naricilla.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Ya no hay fantasmas, Laurita. La abuela los ha echado, ¿verdad abuela? –afirmó Manuel muy contento. Besó a su abuela en la mejilla. No había nada que perdonar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Así es cariño, así es...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una sonrisa iluminó su semblante amable al desprenderse de la última fotografía. La brisa sopló agitando las danzantes llamas en remolinos chispeantes que engulleron ávidos todo lo que había sido el abuelo, sus recuerdos... Todo excepto el amor de la abuela y de sus nietos, que contemplaron abrazados el fuego alegre crepitar y retorcerse hacia el cielo con dedos ardientes, sinuosos, mil lenguas candentes llevándose enredada en ellas la tristeza de aquella casa, liberando a la abuela María de su añoranza, de su soledad, de su nostalgia.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;© Maite R. Ochotorena&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3824445874535832237-9027077999016508114?l=maite-otxotorena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/feeds/9027077999016508114/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3824445874535832237&amp;postID=9027077999016508114' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/9027077999016508114'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3824445874535832237/posts/default/9027077999016508114'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://maite-otxotorena.blogspot.com/2007/04/la-despedida.html' title='La Despedida'/><author><name>M. Ochotorena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01160135291511536281</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://1.bp.blogspot.com/_n41fj7afjic/TSsO6uY102I/AAAAAAAAAOc/a-s8oO-aQC8/S220/Gatito.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_n41fj7afjic/R6YELS4kUZI/AAAAAAAAACw/Rj5ZPKpDzYw/s72-c/zoom_463116.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3824445874535832237.post-8031740784371322384</id><published>2007-04-11T16:49:00.002+01:00</published><updated>2009-01-14T15:08:34.833Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El Más Rápido'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>El Mas Rápido</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp3.blogger.com/_n41fj7afjic/R6YFPy4kUaI/AAAAAAAAAC4/pVclT7N-D64/s1600-h/zoom_463062.jpg"&gt;&lt;img style="text-align: justify;display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; cursor: pointer; " src="http://bp3.blogger.com/_n41fj7afjic/R6YFPy4kUaI/AAAAAAAAAC4/pVclT7N-D64/s320/zoom_463062.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5162819791742063010" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Todos los días a las nueve en punto estarás en tu sitio, preparado para salir en cuanto llegue el primer encargo, con tu bici a punto. Nada de, “es que me he dormido”, “es que el tráfico”, “es que...”. Nada de eso. O estás aquí a las nueve o te echo. –Juan Carlos removió su corpulenta personalidad en la estrecha silla sin apartar la mirada del par de folios que sostenía ante sí (el currículum de Reno). No lo estaba leyendo, ni lo iba a hacer, pero aparentaba darle mucha importancia.– Si no cumples las expectativas y te retrasas en las entregas, te echo. Si faltas, me da igual el motivo, te echo. Si no vas a estar dispuesto a salir los sábados, mejor te vas. ¿Queda claro?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Sí, muy claro... –Reno no dejaba de sorprenderse ante aquel peculiar personaje, una montaña de grasa, desaseado, práctico y poco amigable, que acababa de contratarle como repartidor en bici de correspondencia. Se suponía que le aceptaba por ser, según sus propias palabras, “el corredor sobre dos ruedas más veloz de toda la ciudad”, no por sus aptitudes personales, su encanto, su don de gentes, su expediente académico o su experiencia profesional, sino por ser un as con  su bici, y por supuesto, por conocer al dedillo todas las calles, atajos y entresijos de la ciudad. – ¿Y los encargos durante el reparto?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– De eso no te preocupes. Todos nuestros repartidores están en contacto con la central en todo momento a través del móvil. –Juan Carlos le entregó a Reno un Nokia con Bluetooth para que lo probara.– Una de nuestras chicas será siempre tu enlace,  te irá informando de cualquier imprevisto. Los clientes suelen cambiar de opinión en cuanto a las horas de entrega o recogida, y eso no debe afectarte en tu ruta. Tienes que ser ágil y modificarla de modo que no alteres el resto de las entregas, si recibo la menor queja... Te echo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Juan Carlos se reclinó sobre la asfixiada silla abombando aún más sus ya encorvadas patas, incapaces de soportar su tremendo peso, y estudió a Reno detenidamente. El sudor perlaba su frente a pesar de que la temperatura de su despacho era muy agradable, y sus ojillos brillaban inexpresivos tras las gruesas gafas de montura metálica. Era imposible adivinar qué pasaba por su mente durante aquel exhaustivo examen, pero el joven Reno pareció haberlo superado satisfactoriamente, porque de pronto se levantó y extendiendo la mano dijo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Empiezas mañana mismo. Tu enlace en la centralita será Montse. Cuando llegues, en tu casilla encontrarás el “planning” de entregas. No te retrases o...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– ¡No llegaré tarde... –se apresuró a responder. Reno estrechó aquella mano fláccida y húmeda con la suya, firme y seca, y no pudo evitar la repulsión que le produjo su breve contacto. Sin embargo se abstuvo de mostrar el menor desagrado. La entrevista parecía haber finalizado, así que lo mejor sin duda sería desaparecer rápidamente. Mientras recogía su mochila y su chaqueta de pana, aquel hombretón ya le había olvidado por completo y se hallaba sumergido en un cajón de su escritorio mascullando por lo bajo algo ininteligible.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;– Hasta mañana entonces...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Juan Carlos ni siquiera le escuchaba. Reno abrió la puerta del pequeño despacho y salió, aliviado de dejar atrás el peor paso de buscar un trabajo: la entrevista.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La había superado con éxito.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lo único que tenía que hacer ahora era demostrar que realmente era rápido, muy rápido, el mejor para un trabajo como aquel, y no sólo eso... Estaba realmente satisfecho de cómo se había resuelto todo, no había sido tan difícil como había supuesto. Trabajaría de lunes a sábado de nueve a tres haciendo lo que más le gustaba, correr en su “mountain bike”, y en seis meses ahorraría lo que le faltaba para poder hacer realidad su sueño: viajar a Egipto... Un escalofrío recorrió su espalda y apresuró el paso cada vez más emocionado con las nuevas perspectivas que acababan de abrirse ante él.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El espejo cargado de vaho le devolvió un semblante pálido y desmejorado, con las ojeras de la preocupación socavando una mirada ávida de brillo enfermizo, y un rictus de desencanto endureciendo sus labios en un gesto de renuncia. Al pasar su mano de largos dedos por los cabellos húmedos en el espejo se reprodujo la misma escena, pero remarcando lo fantasmal de su presencia en medio de un cuarto de baño neblinoso, cálido y húmedo... Semejaba un fantasma, una aparición... Seguramente un anticipo de sí mismo dentro de unos... meses, semanas... puede que días: estaba viendo el reflejo de su destino, la muerte anunciada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Acaso no era eso lo que había leído escrito en el informe? Aunque aún esperaba confirmación del Colegio de Médicos de Berlín, no cabía albergar esperanza alguna, y resultaba irónico pensar que probablemente la carta, con su sentencia de vida o muerte, llegase demasiado tarde, después de haberse consumado su fallecimiento, con la respuesta acertada o equivocada escrita en ella... Y una vez muerto ya no sabría si acertaba o no.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div s
